Mi hijo adolescente no quiere estudiar

29 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz Martín
En la adolescencia, muchos niños que siempre fueron responsables y aplicados comienzan a presentar un bajo rendimiento escolar. En este artículo te contamos los motivos.

Cuando un hijo adolescente no quiere estudiar, los padres pueden sentirse desbordados ante las firmes negativas del menor. No es tarea fácil conversar con un joven de esta edad y lograr que nos escuche. Por ello, en este artículo vamos a explorar el origen de esta situación y algunas pautas para manejarla.

Mi hijo adolescente no quiere estudiar: ¿cuáles son las causas?

Falta de motivación

Es frecuente que, con el paso a la adolescencia, muchos niños que acostumbraban a ser responsables y aplicados con sus tareas escolares cambien de conducta. Su necesidad de independencia, la gran importancia que cobra la vida social y la mayor impulsividad pueden llevar a algunos jóvenes a disminuir su rendimiento académico.

En este nuevo contexto, es probable que los estudios dejen de suponer una prioridad para el adolescente. Puede comenzar a cuestionarse la utilidad de lo que está estudiando y es fácil que pierda la motivación.

Además, al contrario de lo que ocurría en la infancia, los halagos y el reconocimiento del esfuerzo por parte de sus padres ya no es un refuerzo. La adolescencia se caracteriza por la autoafirmación y la búsqueda de una identidad propia que, normalmente, se logra oponiéndose a los padres.Adolescente tumbada en el sofá sin motivación porque no quiere estudiar.

Por otro lado, continuar estudiando supone seguir dependiendo de los padres a muchos niveles. El menor puede desear no tener que rendir cuentas de lo que hace con su tiempo y con su dinero y, en esta situación, incorporarse rápidamente al mundo laboral puede resultar tentador. 

Falta de capacidad

Por otro lado, es posible que la causa de este descenso en el rendimiento escolar sea muy distinta. Puede que el adolescente encuentre dificultades importantes, bien sean de tipo académico o social, y no cuente con los recursos para hacerles frente. En este caso, decide que dejar de estudiar es su única salida.

Son muchas las situaciones que pueden conducir a un adolescente a querer arrojar la toalla con los estudios:

  • Carece de unas técnicas y un hábito de estudio apropiados. Quizá en niveles escolares anteriores ha podido sacar el curso adelante pero, al aumentar la dificultad, estas carencias comienzan a hacer mella.
  • Le resulta difícil comprender los contenidos de algunas asignaturas y las explicaciones del profesor no son suficientes.
  • Tiene alguna dificultad de aprendizaje que aún no ha sido detectada ni atendida. Esto le genera una gran frustración e impotencia a la hora de ponerse a estudiar.
  • Puede que exista alguna situación de acoso escolar por parte de profesores o alumnos. Quizá el joven tiene problemas de adaptación y esto le provoca un rechazo al colegio.

¿Qué hacer si mi hijo adolescente no quiere estudiar?

En primer lugar, es primordial hablar y, sobre todo, escuchar los motivos de tu hijo para no querer seguir estudiando. Es la única forma de conocer cuál es la causa y poder aplicar las soluciones necesarias. El abordaje de la situación será muy distinto si proviene de una falta de motivación o una carencia de capacidad.Chico adolescente sentado en el bordillo a la salida de la escuela porque no quiere estudiar.

Por otra parte, es necesario que soltemos las expectativas. Como padres, todos proyectamos una imagen de cómo esperamos que sea nuestro hijo o a qué deseamos que se dedique en el futuro. Cuando sus metas no encajan con nuestros ideales, hemos de recordar que es su vida, y nuestro papel será apoyarlos y guiarlos para cumplir sus objetivos.

Buscar soluciones desde el respeto

Si nuestro hijo tiene dificultades académicas, quizá necesite clases particulares para reforzar alguna materia. Si tiene un problema de adaptación social, tal vez sea conveniente valorar cambiarle de centro. Pero si el origen de todo es la falta de motivación, hemos de encontrar junto a él cuáles son los objetivos que le mueven.

La educación formal es obligatoria hasta los 16 años, pero es posible encontrar una forma de compaginarla con esa afición que le motiva. Una vez finalizada la educación secundaria, hemos de explorar todas las opciones hasta encontrar la que más se ajuste a sus deseos y necesidades.

El bachillerato y la universidad no son el único itinerario de vida válido ni tampoco el mejor en todos los casos. Existe la formación profesional y los cursos de cualificación en diversas escuelas y organismos. Lo primordial es transmitir al joven que, elija lo que elija, ha de esforzarse por dar lo mejor de sí mismo.