¿Es cierto que los niños dicen siempre la verdad?

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz Martín
· 22 abril, 2019
Parte del encanto de los niños viene de su ingenua y descarada sinceridad pero, ¿son los niños siempre sinceros?

Muchas veces hemos escuchado el dicho: «los niños dicen siempre la verdad». Todos hemos reído con los espontáneos comentarios de un niño en el momento menos adecuado. Y, en cierta forma, este refrán ha quedado grabado en nuestra mente como algo incuestionable. Pero ¿es realmente cierto?

Los niños dicen la verdad

La realidad es que los niños se caracterizan por su gran espontaneidad. Son seres aún ingenuos e inocentes, que se expresan sin tapujos. Cuando son todavía pequeños, los niños verbalizan sus pensamientos de forma clara, sencilla y directa. No se detienen a pensar en cómo afectarán sus palabras a la persona que lo escucha.

Esta naturalidad es algo que despierta ternura en los adultos y causa gracia la mayoría de las veces. Y es, probablemente, la base del refrán anteriormente mencionado. Los pequeños se expresan sin miedo y sin el filtro de la moralidad. 

Esto es así especialmente en sus primeros años de vida. Hasta, aproximadamente, los 4 años de edad, los niños no han desarrollado la empatía. Sin esta función, son incapaces de ponerse en el lugar de la otra persona y únicamente se guían por el logro de sus propios objetivos o por la antes mencionada espontaneidad.¿Es cierto que los niños dicen siempre la verdad?

Los niños también dicen mentiras, no siempre dicen la verdad

Pero, si nos paramos a pensar un momento, caeremos fácilmente en la cuenta de que los niños también mienten, y lo hacen desde una pronta edad.

A pesar de su inocencia, los pequeños mienten por diferentes motivos en función de su edad y el estadio de desarrollo en el que se encuentren.

Así, en la  etapa preescolar, los niños suelen mentir debido a su dificultad para distinguir la realidad de la fantasía. Es común que en sus narraciones se mezclen situaciones reales con elementos ficticios.

También pueden mentir porque desean obtener algo o porque desean evitarlo. Por ejemplo, un niño puede mentir para recibir un premio que anhela o para no decepcionar a sus padres.

Puede hacerlo para ocultar sus problemas o para llamar la atención. Sea como fuere, los niños no suelen provocar daño en otras personas a propósito. Esa no es su intención al mentir.

Por otro lado, son bastante capaces de detectar la mentira en sus progenitores a través de sus gestos o expresiones, y perciben esta mentira como una traición. Tengamos, entonces, el cuidado de transmitir la información a nuestros hijos de una forma acorde a su comprensión, pero sin necesidad de mentirles.

Cómo fomentar una sinceridad equilibrada

A pesar de que la ingenua sinceridad de los niños resulta encantadora, en ocasiones también puede llevarnos a alguna situación desagradable, e incluso puede herir los sentimientos de alguien.

Tener la empatía y la diplomacia necesarias para relacionarse con otras personas es un valor indudablemente importante y que hemos de transmitir a los pequeños de la mejor manera posible.¿Es cierto que los niños dicen siempre la verdad?

De forma natural, a medida que el niño va creciendo y se va desarrollando a nivel cognitivo y emocional, esa sinceridad cruda se va transformando. Comienzan a ser capaces de tener en cuenta los sentimientos de otra persona y de suavizar u omitir algunas de sus expresiones para no herir. En definitiva: encuentran el equilibrio entre la sinceridad y el tacto.

¿Qué podemos hacer como padres?

  • No regañar duramente al niño si le pillamos en alguna mentira. Pero sí explicarle que no se han de contar las cosas de casa, o que es necesario pensar antes de expresar algo.
  • Actuar como modelos de conducta. Como hemos dicho anteriormente, los niños son capaces de percibir la mentira en sus padres, y esto les genera confusión. Como bien sabemos, los niños hacen lo que ven y no lo que se les dice, por tanto, usemos la técnica del modelado para enseñarles a expresarse con valor, sinceridad y delicadeza.
  • Utilizar el reforzamiento positivo siempre que emitan conductas o expresiones deseables. Haciéndoles saber mediante elogios o refuerzo social que ese comportamiento es adecuado. De esta forma, esa conducta quedará sellada en su mente siendo más probable que vuelva a emitirla en un futuro.
  • Mostrarles las consecuencias naturales de sus actos, más que castigarlos de forma artificial. Tiene un impacto más beneficioso explicarle que con su comportamiento puede herir mucho a una persona a la que quiere, que castigarlo sin ver la televisión.