Cómo eliminar los mocos de tu hijo de forma sencilla

Pedro · 2 octubre, 2017

Una de las preocupaciones de los padres cuando tienen un bebé es que no se resfríe. Un síntoma típico de ello es la congestión nasal. Pero, aunque sea habitual que el pequeño enferme, debemos tomárnoslo en serio, pues puede derivar en un problema algo más grave que un simple resfriado. Y es que el niño, al no saber sonarse, puede llegar a pasarlo realmente mal. Por eso te enseñamos cómo eliminar los mocos de tu hijo de manera sencilla.

Qué debes saber para eliminar los mocos de tu hijo

Lo primero de todo, es importante que sepas que es habitual y normal que los bebés tengan tanto mocos como flemas, incluso si no están resfriados. Hay que tener en cuenta que las mucosidades son un eficaz mecanismo de defensa para su organismo, puesto que se encargan de limpiar las vías aéreas de gérmenes, y evitan que proliferen.

Así pues, los síntomas derivados de un exceso de mucosidad o de flemas son los siguientes:

  • La acumulación de esta mucosidad en las vías respiratorias provoca tos, estornudos, sordera y dificultad para respirar.
  • En el caso de las flemas que llegan a la garganta, pueden hacer que el bebé sufra arcadas y vómitos.
  • Las diarreas también suelen ser comunes si tu bebé presenta una mucosidad excesiva. Esto es así porque el bebé tiende a tragarse los mocos y a expulsarlos a través de las heces.

En lo referente a la tos, es necesario decir que funciona como un mecanismo de defensa del cuerpo. Sirve para movilizar la mucosidad de las vías respiratorias inferiores y expulsarla. Por ello es bueno que el niño tosa y no se debe recurrir inmediatamente a medicamentos que neutralicen la tos.

Eliminar los mocos de tu hijo es bueno para que pueda respirar y no ahogarse.

En el caso de que la tos sea excesiva y no permita descansar al niño, sí es recomendable acudir al pediatra para que nos indique las medidas necesarias.

El problema de la mucosidad excesiva

No obstante, el problema surge cuando la mucosidad es excesiva, puesto que el niño se sentirá muy incómodo. Si esta afección se prolonga durante mucho tiempo, puede producirle otitis, así que lo más recomendable es intentar acabar con el asunto lo antes posible.

Tratamiento médico

Si tu hijo es muy pequeño, no recurras a un tratamiento médico tan rápido. Ten presente que los pediatras no son partidarios de recetar mucolíticos a los bebés. Aunque sí disuelven la mucosidad y favorecen su expulsión, incrementan la secreción de moco.

Esto, al final, lo que hace es que se establezca una especie de círculo vicioso del que no es fácil salir. Aunque no lo creas, medicar al bebé cada vez que tenga mocos o flemas puede ser más nocivo para él que el hecho de la mucosidad en sí.

Agua, un gran aliado para eliminar los mocos de tu hijo

El agua puede ser tu mejor aliado si tu bebé tiene mocos. Intenta que beba mucha, porque el líquido ayudará a disolver la mucosidad.

Debes tratar de que se encuentre en un ambiente húmedo y evitar las zonas cargadas de humo. Puedes apostar por un vaporizador, recipientes llenos de agua o un humidificador.

Ayúdale a sonarse

Ayúdale a despejar la nariz. Para ello, tendrás que limpiarle los mocos con un pañuelo muy suave y lavarle con suero fisiológico nasal. Para aplicárselo, lo mejor será que lo tumbes de lado, así evitarás que no se trague las mucosidades. En ese momento tendrás que poner el suero en una de las fosas nasales y presionar la otra ligeramente.

Las peras nasales también pueden ayudarte a despejar su nariz y eliminar los mocos de tu hijo. En el caso de que prefieras esta opción, no la uses más de dos veces al día, o acabarás irritándole la nariz.

Un resfriado genera normalmente fiebre en los niños pequeños.

Cuida su garganta

Y si importante que le limpies la nariz, no lo es menos que hagas lo mismo con su garganta. Así lograrás quitar las flemas. Ten en cuenta que al ser tan pequeños, ellos muchas veces no tienen la suficiente fuerza para toser, y las flemas se les quedan en la boca. Hay que evitar que se las vuelven a tragar.

Para ello, cuando el bebé tosa, debes ayudarle a expulsarlas. Hazlo enrollando una gasa estéril en el dedo índice y metiéndosela a la boca. Así la flema se pegará a la gasa y te será más fácil quitársela.

No lo fuerces a comer

Es importante que no le fuerces a comer. Tanto la congestión nasal como las flemas pueden causar inapetencia, náuseas y vómitos. Así que ten paciencia y que coma cuando le apetezca. Si le obligas a ingerir alimentos, acabará vomitando.

Si hace falta, es preferible que coma más veces al día, pero menos cantidad, porque así le costará menos esfuerzo acabarse sus raciones y no experimentará la sensación de ahogo ni sudará tanto al comer.

Aunque no vayas a poder evitar que tu hijo contraiga un resfriado al menos una vez al año, es bueno que pongas en práctica las medidas antes descritas para que las molestias le afecten lo menos posible.