Bebés y niños que se mueven mucho al dormir: ¿por qué ocurre?

Que los bebés y niños se muevan al dormir es algo natural. Sin embargo, en ocasiones puede requerir atención médica. Te contamos más al respecto.
Bebés y niños que se mueven mucho al dormir: ¿por qué ocurre?
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín.

Última actualización: 22 enero, 2022

Algunos infantes despiertan en el mismo lugar y en la misma posición en la que se acostaron. Otros, en cambio, no paran en toda la noche. Los niños que se mueven mucho al dormir suelen preocupar a sus progenitores, ya que los encuentran por la mañana con los pies en la almohada o pueden sufrir las patadas y la agitación del pequeño cuando practican colecho. Sin embargo, esto no tiene porqué ser un indicio de algo negativo.

Cada niño es un mundo y al igual que el nivel de actividad diurna, el movimiento nocturno también difiere de un caso al otro. Esto puede estar relacionado a su corta edad y a su inmadurez cerebral. Sin embargo, en algunos casos es necesario consultarle al pediatra y te vamos a contar cuándo hacerlo.

¿Por qué los bebés y niños se mueven mucho al dormir?

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En primer lugar, has de saber que es totalmente normal que tu pequeño se mueva mucho durante la noche, que cambie de postura, se desplace por la cuna o cama o que parezca intranquilo. Esto se debe a que su sueño es diferente al de los adultos.

Cada noche, los humanos maduros realizamos varios ciclos de sueño de unos 100 minutos, los cuales atraviesan 4 fases de sueño no REM y una fase REM. Así, tendemos a dormir de forma profunda y por largos periodos de tiempo.

Por el contrario, los bebés pequeños presentan ciclos de sueño de unos 50 minutos de duración y compuestos solo por dos fases: una de sueño REM y otra de sueño lento. Así, sus periodos de descanso son más cortos y ligeros, pasan más tiempo en un sueño superficial y receptivo a los estímulos y son más propensos a los movimientos corporales.

Además, al finalizar cada ciclo de sueño, los adultos presentamos microdespertares de los que apenas nos percatamos. Simplemente, volvemos a dormirnos y al día siguiente no los recordamos. Pero los infantes son más conscientes de ellos y en esos momentos pueden desvelarse y buscar a su figura de apego para volver a conciliar el sueño.

Hacia los seis meses de vida, los bebés comienzan a adquirir las fases de sueño restantes, pero la adaptación a este nuevo esquema lleva su tiempo. Por ende, los microdespertares siguen existiendo y pueden agregárseles las pesadillas o los terrores nocturnos. Todo esto vuelve al sueño un estado aún más agitado, lo cual justifica que durante los primeros dos años de vida los niños se muevan mucho al dormir.

Síndrome de piernas inquietas

En una minoría de los casos es posible asociar la agitación nocturna a un trastorno neurológico conocido como síndrome de piernas inquietas (SPI) o enfermedad de Willis-Ekbom. Solo un 2 % de la población infantil se ve afectada por esta condición y en general, hay antecedentes familiares positivos.

Entre los síntomas principales del SPI se destaca una sensación de ardor, hormigueo o dolor en las extremidades al mantenerse en reposo durante un tiempo prolongado. Esta mejora al entrar en movimiento, por lo cual el niño suele moverse de forma continua por la cama o la cuna, se muestra inquieto y puede estirar y doblar las piernas como en ráfagas.

No es sencillo identificar este síndrome en los niños muy pequeños, ya que estos no pueden explicar lo que sienten al acostarse. Sin embargo, el pediatra puede arribar a este diagnóstico y recomendar una serie de pautas para mejorar la sintomatología.

¿Qué hacer con los bebés y niños que se mueven mucho al dormir?

El colecho, una práctica discutible.

Como ves, los bebés y los niños pueden moverse mucho al dormir debido a sus patrones de sueño inmaduros, a las pesadillas o al síndrome de piernas inquietas. En cualquier caso, hay algunas pautas que los progenitores pueden seguir para facilitarles un buen descanso:

  • Procurar que los niños no lleguen excesivamente cansados al momento de dormir. Para esto, si es bebé trata de acostarle ante los primeros signos de sueño. Si es un niño, evita el exceso de actividad durante el día u opta por siestas diurnas.
  • Establecer rutinas que ayuden a los pequeños a tener unos buenos hábitos de sueño. En este sentido, cuida que las condiciones ambientales del dormitorio sean las apropiadas.
  • Plantearse la conveniencia del colecho. Esta práctica puede evitar que el bebé se desvele durante los microdespertares, pues sentirá cerca a sus figuras de apego.
  • En el caso del SPI puede ser recomendable recurrir a la fisioterapia y a una suplementación de hierro para aliviar los síntomas. En todo caso, es el profesional médico quien debe tomar la decisión de indicar el tratamiento.

Para determinar si se requiere atención médica, debes observar si la agitación nocturna de tu hijo le impide descansar adecuadamente. Presta atención a su estado durante la jornada: si está activo o somnoliento, si se muestra irritable o no y si puede funcionar adecuadamente en sus actividades cotidianas. Si su descanso se está afectando, no dudes en realizar la consulta con un profesional para identificar la causa.

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