¿Qué son las familias de acogida?

Viviana Schafer · 18 noviembre, 2018
Las familias de acogida son una medida temporal de protección de niños que no implica que las personas que acogen se conviertan legalmente en padres del niño. Esta es la principal diferencia con respecto a la adopción.

Las familias de acogida son aquellas que ejercen el cuidado temporal de un niño o de un adolescente. Estas personas se comprometen a protegerlo y sostenerlo física, emocional, psicológica y económicamente hasta que el menor pueda regresar con su familia biológica.

El acogimiento familiar es una medida de carácter temporal de protección de niños menores en situaciones de desamparo. Su finalidad es mantener a los infantes dentro del entorno familiar para que sus parientes más cercanos los acojan. En caso de que esto no sea posible, se busca una familia de acogida con la que no exista ningún tipo de parentesco.

Cuando los padres no pueden hacerse cargo de los niños, pasan a ser tutelados o protegidos por la administración. Para cubrir sus necesidades, se los envía a centros de menores; no obstante, con el tiempo se comprobó que, para el correcto desarrollo de un bebé o niño, es necesario que fueran parte de una familia. Así es como nacieron los primeros acogimientos.

La familia de acogida funciona como la figura del tutor, que se hace cargo del niño hasta que su situación familiar se resuelva. El acogimiento familiar no implica que las personas que acogen al niño se conviertan legalmente en padres; esta es la principal diferencia con la adopción.

Cómo funciona el acogimiento familiar

La familia de acogida se hace responsable de integrar al niño en su vida y de proporcionarle el desarrollo personal, material, espiritual y educativo hasta pueda regresar nuevamente con su familia biológica.

Esto sucede cuando los padres están capacitados para cuidar de sus hijos nuevamente y demuestran que ya han superado las situaciones conflictivas que los separaron de ellos.

El acogimiento permite que el niño mantenga el vínculo con su familia biológica. Esto significa que puede ver a sus padres y que las familias de acogida lo tutelan hasta que puedan estar con ellos nuevamente; esto no los convierte en padres del niño.

La convivencia está enmarcada por leyes que regulan los derechos y las obligaciones de todas las partes implicadas en el proceso. La legislación también garantiza el respeto al niño, a su familia de origen y a su identidad cultural.

Comer y cenar en familia fortalece los vínculos entre sus miembros.

El acogimiento familiar es diferente a la institucionalización y beneficia al niño con una atención personalizada a través del desarrollo en el interior de un espacio familiar. Esto supone una experiencia vital y enriquecedora para todos los involucrados.

Esta convivencia se mantendrá hasta que se restablezcan las condiciones que causaron la separación del niño de su familia de pertenencia. Otra alternativa para su resolución es que se proponga una nueva estrategia de egreso en función de su bienestar integral.

Requerimientos para las familias de acogida

Las condiciones que dan lugar a la participación de las familias de acogida son las más diversas, y van desde dificultades económicas o razones de salud hasta conflictos dentro de la pareja. Por lo tanto, las resoluciones pueden ser diferentes.

El niño puede ser acogido en casos los que los padres biológicos no puedan garantizar una presencia constante al lado de su hijo; por ejemplo, por razones de trabajo. Entonces, lo acoge una familia solo durante una parte del día o durante unos días a la semana.

“La convivencia está enmarcada por leyes que regulan los derechos y las obligaciones de todas las partes implicadas en el proceso”

También existe la tutela por período corto de tiempo y preestablecido, que responde a una necesidad transitoria o a una emergencia. Esto se da cuando los padres no pueden hacerse cargo del niño durante un período determinado, como durante un ingreso hospitalario.

Por último, la más común de las situaciones de acogida es la tutela larga. Esta aplica en los casos en que no es posible predecir cuándo el bebé o infante podrá volver a vivir con la familia de origen.

Acoger a un niño, una difícil elección

Las parejas casadas son las que están mejor posicionadas para acoger a un niño. Se opta preferentemente por las que tienen hijos menores de edad, para formar con el pequeño una familia lo más similar posible a la suya. Luego, siguen los cónyuges que no tienen hijos y, por último, las personas solteras.

Los cuidadores son preparados, evaluados y apoyados tanto por los servicios sociales como por atención médica. Su colaboración es clave, ya que al ser una experiencia especial, debe abordarse contando con el apoyo y la asistencia de profesionales.

Acoger a un niño con un historial difícil es maravilloso, pero representa todo un reto. Es probable que pueda sentirse extraño en la familia de acogida o se comporte de una manera cuestionable.

Las familias de acogida contienen a los niños en los diferentes aspectos de sus vidas.

En ese sentido, es importante señalar que el principal miedo del niño es perder a su familia de origen. Desde luego, al no conocer bien a la familia de acogida, no sabe hasta cuándo puede contar con ella. Por esto, es fundamental ser flexible.

La conveniencia de este sistema

Las experiencias vividas hasta la fecha permiten a niños de todas las edades crecer en una familia distinta a la suya, aunque igual de hospitalaria y solidaria, durante ciertos períodos de tiempo, según la necesidad. A partir de estas vivencias, queda demostrado que el acogimiento familiar es un régimen posible y realizable.

Esta elección no solo afecta al presente inmediato, sino a largo plazo. La falta de cuidados adecuados durante la primera infancia puede traer graves consecuencias, a veces de forma permanente, en la formación del carácter del niño. Gracias a la familias de acogida, muchos niños tienen una infancia más feliz y un mejor futuro.