¿Qué hacer si mi hijo responde mal en clase a sus profesores?

Francisco María García 1 junio, 2018
Cuando hay problemas en el colegio, derivados de que un hijo responde mal a sus profesores, la solución más práctica vendrá del diálogo y el refuerzo positivo. Una vez más, hay que recordar que la amenaza y el castigo no constituyen un buen camino educativo.

‘Mi hijo responde mal en clase a sus profesores’, es una afirmación que se escucha con frecuencia de parte de muchos padres. ¿Cuál es el modo correcto de actuar para corregir esta situación?

Muchos padres se desesperan, se culpan entre sí y se acusan de ser demasiado permisivos y tolerantes. Otros entienden que el problema es la escuela y los profesores. Y también los hay que castigan al hijo, gritan y amenazan; realmente estos métodos no conducen a nada positivo, ni en este ni en ningún otro conflicto.

La calma, el sentido común y la paciencia son los tres ingredientes fundamentales a la hora de abordar este problema. Los padres deben acompañar al niño y al adolescente en cada etapa de su desarrollo. Reconocer que un hijo responde mal en clase a sus profesores es el primer paso para una educación correspondiente.

¿Por qué mi hijo responde mal en clase a sus profesores?

Hay edades en las que los niños o adolescentes no saben canalizar sus enojos y frustraciones y reaccionan como pueden. Son explosivos, sanguíneos, espontáneos; necesitan sentirse seguros y dueños de la situación, pues están reafirmando su personalidad.

Los jóvenes intentan desprenderse emocionalmente de los adultos y se sienten dueños de la verdad; ya no son complacientes y todo lo discuten.

Con ello, surgen las malas contestaciones que, en cierto sentido, sustituyen a las rabietas de cuando eran más pequeños. Ellos ejecutan esta actitud casi sin pensar, impulsivamente.

Cuando un hijo responde mal en clase a sus profesores, los padres deben conocer los motivos.

¿Qué saber si un hijo responde mal en clase a sus profesores?

Si mi hijo responde mal en clase a sus profesores, como padre debo entender que esa reacción es una manifestación de lo que está sintiendo. No es un comportamiento voluntario, no lo hace para molestar intencionalmente ni al profesor ni a los padres.

Aunque algunos castigos pueden contribuir a la moderación de este tipo de conductas, no son la mejor solución. Lo que los niños y adolescentes necesitan de los adultos es una ayuda inteligente y no una reacción violenta.

Para lograr corregir esta actitud que tanto molesta a profesores y a padres, es necesario tiempo. Se trata de ayudar al niño o adolescente a pensar inteligentemente antes de actuar. Es un camino que requiere paciencia y persistencia, y sobre todo, mucha tolerancia y amor.

“La calma, el sentido común y la paciencia son los tres ingredientes fundamentales a la hora de abordar este problema”

¿Cómo proceder en estas situaciones?

Todos los padres desean que sus hijos sean críticos y que desarrollen comportamientos que serán imprescindibles en la vida adulta. Por tanto, el objetivo no es transformar al niño o adolescente en una persona sumisa que no expresa sus pensamientos o emociones.

La idea es que el joven logre respuestas y reacciones que se adecuen a la situación en la que se encuentra. Toda respuesta a un profesor en la escuela  tiene que ajustarse a normas, sea cual sea el motivo que la ocasionó.

Cuando los profesores hablan con los padres porque se ha vuelto frecuente que su hijo les responda mal, es conveniente evitar las acciones ‘en caliente’. Esto implica dejar que pase la tormenta interior que provocó la respuesta y luego sentarse con él para reflexionar. 

Si el tema se aborda cuando el niño o adolescente todavía está afectado interiormente, no entenderá razones y la charla no servirá para mucho. Seguramente terminará respondiendo también mal a los padres.

El profesor de nuestro hijo puede ser nuestro mejor aliado.

El tono de la conversación y el respeto a las normas

En la conversación, debe emplearse un tono amigable para que el niño sienta que el padre está de su lado, que quiere ayudarlo realmente. El inicio de la conversación será preguntarle qué pasó, qué dijo o hizo el profesor que desencadenó la respuesta inadecuada. 

Es preciso invitar al niño a pensar otras respuestas para la misma situación y reflexionar acerca de ellas. El objetivo es que el niño o adolescente se dé cuenta de que, si quiere responder, debe pensar antes de hacerlo hasta encontrar la respuesta adecuada a la situación.

El niño o adolescente debe entender la importancia de respetar las normas en todos los contextos. Si está en la escuela, se aceptan y respetan las normas escolares. Por tanto, comprenderá que responder mal a un profesor es desatender a una norma; esta actitud, generalmente, se castiga.

En la práctica, el consejo más importante para tratar estas situaciones con jóvenes es el diálogo, la empatía y la capacidad de escucha. Con estas herramientas, la comunicación será más efectiva.

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