¿Qué pasa si mi hijo no habla, pero entiende todo?

Antes de alarmarte porque tu hijo todavía no habla, es necesario que le prestes atención a algunos indicios del desarrollo de su lenguaje.
¿Qué pasa si mi hijo no habla, pero entiende todo?
Maria Fátima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fátima Seppi Vinuales el 30 agosto, 2021.

Última actualización: 30 agosto, 2021

Cada niño tiene su propio ritmo de maduración y de aprendizaje. Así es como alguno camina o habla más temprano que otro, pero ambos acaban haciéndolo dentro del tiempo esperable. Sin embargo, cuando la aparición de algún hito del desarrollo se demora, la ansiedad y la preocupación de los padres aflora.

Uno de los ejemplos más claros es el desarrollo del lenguaje. Cuando tu hijo no habla a tiempo, todo tu entorno enciende las alarmas. Y como si esto fuera poco, el bombardeo de información que encuentras en internet te aleja cada vez más de la respuesta a tu principal interrogante: ¿debo preocuparme por esto?

Ahora bien, esta pregunta debe abordarse desde la prevención, es decir, la importancia de ocuparse a tiempo y no de preocuparse por demás. Por este motivo, preparamos este artículo para ayudarte a resolver tus dudas.

Tu hijo no habla, pero entiende todo

Como comentamos anteriormente, si bien cada niño madura a su propio ritmo, las distintas pautas o hitos del desarrollo tienen una edad de cumplimiento determinada a través de estudios científicos.

Los niños maduran constantemente y lo más importante es ver que avanzan en sus logros a medida que pasa el tiempo. Tanto en el área del lenguaje y la comunicación, como en otras cuestiones vinculadas a su desarrollo.

Si bien cualquier situación fuera de lo esperable requiere de la confirmación por parte de un profesional competente, estos son algunos aspectos que debes tener en cuenta sobre el desarrollo del habla de tu hijo.

Primer año de vida: del balbuceo a las primeras palabras

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Durante el primer año de vida, la forma de comunicación oral típica es el balbuceo. Estos son sonidos sencillos, que de a poco se complejizan hasta llegar a las sílabas repetidas, como “ma-ma-ma”.

Para los 12 meses de edad, el niño suele verbalizar alguna palabra suelta, aunque puede no pronunciarla a la perfección.

Lo más importante de esta etapa es que el pequeño tienda a imitar los sonidos que hacen sus padres al hablar.

Segundo año de vida: de las palabras a las frases

Entre los 12 y los 15 meses, el bebé debe ser capaz de comprender una instrucción sencilla. Por ejemplo, que nos traiga su juguete favorito. Pero esto no quiere decir que sea capaz de expresar una idea similar.

Algunas de las señales del niño que pueden servirnos de alarma en esta etapa son las siguientes:

  • No se asusta ni se sorprende ante ruidos cercanos, tal como si no los escuchara.
  • No emite vocalizaciones, ni siquiera para repetir lo que dicen los adultos.
  • Nunca responde a su nombre cuando lo llaman.
  • Carece de intención para comunicarse con sus cuidadores, ya sea para pedir algo o para compartirles una emoción.



¿Por qué no habla?

Las causas por las cuales un niño no habla son diversas y a veces, bastante más complejas de lo que se cree. A continuación, destacamos las más relevantes:

  • Alteraciones en la boca o en el paladar.
  • Trastornos auditivos.
  • Retrasos en la adquisición de las pautas madurativas (entre ellas, el lenguaje).
  • Trastorno del desarrollo del lenguaje.
  • Trastorno del espectro autista.
  • Duelos, conflictos familiares u otras situaciones de estrés (separaciones, mudanzas, el nacimiento de un hermano, la muerte de un ser querido).

Ante un niño que no habla cuando debería hacerlo es conveniente realizar la consulta con el pediatra o el médico de cabecera, a fin de resolver las dudas. En el caso en el que las sospechas de los padres sean acertadas, se solicitará la evaluación que el profesional considere necesaria en el momento oportuno.

Recomendaciones para acompañar el desarrollo del habla de tu hijo

Durante los primeros años de la vida, la presencia de los padres y un entorno favorecedor son factores claves para el desarrollo y el aprendizaje. De modo que es importante pasar tiempo con los niños y promover el juego acorde a su edad.

Algunos de los hábitos positivos para estimular el lenguaje de los niños son los siguientes:

  • Hablarles: es importante enseñarles cómo se llaman los distintos objetos para que lo incorporen a su lenguaje. Hacerlo de manera clara y pausada, para que puedan comprender e interiorizar.
  • Compartir experiencias: constituyen una invitación a expresarse y también al diálogo entre dos personas.
  • Emplear la música y la lectura de cuentos: esto ayuda al aprendizaje del lenguaje hablado y escrito. Es conveniente aprovechar los cambios en el tono de voz según la situación, como en el storytelling.
  • Realizar ejercicios físicos de estimulación: por ejemplo, soplar para acompañar la movilidad de la boca o practicar determinadas palabras, para que aprendan a ubicar la lengua en el paladar.
Padres enseñando a leer en voz alta a su hija pequeña.

Otro punto importante es observar el comportamiento paterno, ya que en ocasiones los niños no hablan porque no tienen oportunidad de hacerlo. Muchos padres se acostumbran a interpretar las señales de sus hijos y anticiparse a sus pedidos. Esto inhibe al pequeño, puesto que expresarse le resulta innecesario.

También hay casos en los que cada vez que el niño habla, se le corrige. En consecuencia, muchos pequeños optan por quedarse callados o limitarse a señalar. Cuando esto ocurre, es necesario cambiar la manera de dirigirse a él. Por ejemplo, en lugar de decirle “no se dice papiz, sino lápiz”, es mejor optar por “¿acaso quieres el lápiz?”.

Si tu hijo aún no habla

Frente a un niño que no habla, se avecina una carrera de obstáculos difíciles de superar. Lo más importante es consultar al especialista de manera oportuna y acompañar el proceso de aprendizaje de tu hijo.

Ser respetuosos de los tiempos propios de cada niño, implica también estar atentos o ser sensibles a sus necesidades. En línea con esto, cumplir con los controles médicos de rutina es un factor clave para monitorear el crecimiento y la maduración de tu pequeño.

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