Psicólogo explica por qué no le debes dar todo a tu hijo si en verdad lo amas

Los niños necesitan límites para aprender a vivir en sociedad, para ser más felices y responsables. Descubre por qué no debes darle todo a tu hijo.
Psicólogo explica por qué no le debes dar todo a tu hijo si en verdad lo amas
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín el 15 septiembre, 2021.

Última actualización: 15 septiembre, 2021

Criar a un niño es una tarea compleja que requiere encontrar un equilibrio entre firmeza y flexibilidad, pero en todos los casos los límites son imprescindibles. Algunos padres y madres se sienten tentados a complacer cada deseo de sus hijos, a ceder ante todas sus peticiones y pecar de un exceso de permisividad; sin embargo, esto puede tener serias consecuencias a largo plazo. Por ello, queremos explicarte por qué no le debes dar todo a tu hijo.

Durante las últimas décadas, las tendencias educativas han cambiado y el modo de ver la disciplina y las relaciones entre padres e hijos se han transformado drásticamente. Los estilos democráticos, respetuosos y basados en el apego han sido promovidos por numerosos profesionales. Sin embargo, en ocasiones estas recomendaciones son malinterpretadas y los niños crecen sin unas normas que rijan su comportamiento. Es aquí cuando pueden surgir múltiples problemas.

Padres y madres permisivos

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Existen diversos motivos que llevan a los progenitores a darles a sus hijos todo lo que quieren. Muchos de ellos piensan que este es un modo de facilitarles la vida, de contribuir a su felicidad y de evitarles malos tragos. Además, si estos mismos padres crecieron en entornos muy restrictivos, es posible que no deseen lo mismo para sus hijos.

Por otro lado, en algunos casos se cede por miedo a enfrentarse a los menores. Hay padres y madres que desean ser amigos de sus hijos y no soportan la idea de entrar en un conflicto con ellos. Así, para evitar que los niños lloren, se enfaden o les recriminen su modo de proceder, optan por decir “sí” a todo lo que les piden.

Por último, también es frecuente que incluso los progenitores que pretendían mantenerse firmes a la larga cedan por agotamiento. Los niños pueden ser muy insistentes y no todos los días contamos con la misma entereza para resistir. Al final de un duro día de trabajo, permitir a los hijos ver la televisión un rato más no parece tan grave, aunque esto vaya en contra de nuestros principios educativos.

¿Por qué no le debes dar todo a tu hijo?

El psicólogo Fredric Neuman explicó en una publicación de Psychology Today por qué, como madre, no le debes dar a tu hijo todo lo que pide. Pues esto puede desembocar en dos importantes consecuencias: baja tolerancia a la frustración y falta de disciplina.

A lo largo de su crecimiento, los niños necesitan límites y normas que guíen sus conductas y les enseñen a vivir en sociedad. Esto implica aceptar que no siempre lograrán lo que desean y que en ocasiones es necesario aceptar una negativa o perseverar para lograr una meta por méritos propios.

Si este aprendizaje no se produce, progresivamente los menores pueden desarrollar el denominado síndrome del emperador y experimentar problemas a nivel personal, social y familiar.

Estos niños esperan que el mundo gire a su alrededor y que todo suceda según sus deseos y expectativas. Cuando esto no ocurre pueden reaccionar con ira y agresividad, padecer un gran malestar y genera grandes rabietas.

Además, son menores que no desarrollan suficientemente la autoestima, la autonomía y la responsabilidad; no aprenden a perseverar para conseguir sus objetivos y, en cambio, se convierten en personas victimistas y con tendencia a lamentarse.

En definitiva, darle todo a un niño significa condenarle a ser un individuo infeliz, insatisfecho e incapaz de desenvolverse en el mundo. Probablemente fracase en el ámbito escolar o laboral y tenga grandes dificultades en sus relaciones sociales, pues su carácter egocéntrico, rígido y poco empático puede causar rechazo en los demás.

Evita que tu hijo crezca sin límites

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Tal vez en este momento no tengas claro si las pautas educativas que has aplicado hasta el momento son apropiadas. Y el mejor modo de determinarlo consiste en analizar las conductas de tu hijo: ¿sientes que se identifica con los siguientes comportamientos y actitudes?

  • Es irrespetuoso y desconsiderado con los demás, solo piensa en sus propios deseos.
  • Se muestra irresponsable con sus tareas escolares y domésticas, es poco perseverante e incapaz de trabajar para alcanzar sus metas. Siente que lo merece todo sin tener que esforzarse por ello.
  • Tiene grandes dificultades para asumir una negativa. Cuando se le ponen límites muestra intensas reacciones emocionales y reacciona con agresividad.
  • No acepta las normas ni los castigos, desafía a la autoridad y transgrede los límites que se le intentan marcar.

Si ves a tu hijo reflejado en las anteriores afirmaciones, es importante que comiences a modificar tu estilo educativo. Poner normas no consiste en negarle todo a tu hijo sistemáticamente o limitarle solo porque sí.

Las directrices han de ser coherentes y consistentes y deben basarse en el objetivo de lograr que el niño se convierta en alguien responsable y autónomo. Por ello, establece de antemano los valores que deseas transmitirle y los límites que consideras necesarios. De este modo, te será más sencillo ceñirte a ellos en el día a día.

Recuerda que con la permisividad no solo estás criando a un niño caprichoso y con poca gestión emocional, sino que también estás formando a un adulto infeliz y frustrado, con grandes dificultades en su vida. Por lo mismo, ten presente que un “no” puede ser el mejor regalo que le hagas a tu hijo.

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  • Neuman, F. (2017, 24 agosto). Spoiling a child and not spoiling a child. The difference will have a considerable effect. Recuperado 13 de septiembre de 2021, de https://www.psychologytoday.com/us/blog/fighting-fear/201708/spoiling-child
  • Garrido, V. (2005). Los hijos tiranos. El síndrome del emperador. Barcelona: Ariel.
  • Gualpa Almeida, M. I. (2015). Prácticas de crianza y su relación con los problemas conductuales en niños de 8 a 12 años (Bachelor's thesis, Quito: UCE).