El miedo al rechazo en los niños

Agetna 21 mayo, 2016

El miedo al rechazo es uno de los temores propios de la infancia. Tal como otros suele ser un sentimiento normal, común y pasajero si, sobre todo los padres, sabemos cómo frenarlo.

En el presente artículo pretendemos explicarte de dónde viene el miedo al rechazo en los niños y la forma de afrontarlo.

Orígenes del miedo al rechazo en los niños y la manera de darle solución

Miedo a perder el cariño

El miedo al rechazo en los niños parte de la necesidad que ellos tienen de ser aceptados, queridos y protegidos. Toda vez que notan o al menos sospechan que cualquiera de estas cuestiones será alterada comienzan a sentir este tipo de temor.

Es importante aclarar que no todos los niños tienen este comportamiento. Unos necesitan más afecto que otros y así mismo desarrollan su miedo.

Cuando los menores de edad sienten temor de perder la protección y el cariño de sus progenitores no existe remedio más sencillo y directo que darles más amor. Los niños deben recibir besos, abrazos, mimos, atenciones de todo tipo; tienen la necesidad de escuchar que se les quiere y que es adorable estar junto a ellos.

Cuando los niños se convencen de que nunca van a perder el amor y el amparo de sus progenitores comienzan a hacerse fuertes emocionalmente y a perder este temor que los mantiene tan alernina-enfadada-triste-p

Ansiedad de separación

Los infantes que tienen la necesidad de estar constantemente junto a mamá y lloran y se estresan cuando son separados de ella también pueden experimentar miedo al rechazo. Es por eso que se dice que la ansiedad de separación de sus figuras de apego es otro de los factores que estimula la aparición del miedo al rechazo en los niños.

¿Qué hacer en este caso? Pues acostumbrarlos a estar solos o en la compañía de otros adultos y niños de su edad; pero poco a poco y según el tiempo que ellos precisen. La idea de que hay que quitarles de golpe su ansiedad de separación y dejarlos llorando es, a nuestro entender, inhumano.

A estos niños hay que acostumbrarlos a las nuevas experiencias que viven, irlos estimulando con actividades y juguetes a separarse de su figura de apego para irse a jugar con otros niños. Las guarderías son sitios ideales para llevar a cabo esta empresa. Si se sigue una rutina previamente concebida y mamá se va haciendo cada vez menos imprescindible llega el momento en el que los niños, por sí solos, se alejan de su figura de apego y tanto su ansiedad de separación como su miedo al rechazo van quedando en el olvido.

La realidad tergiversada

Es importante que conozcas que el miedo al rechazo muchas veces es infundado; es decir, en realidad el objeto del miedo (el rechazo hacia su persona) no está ocurriendo tal y como los menores piensan.

Algunos niños desarrollan miedo al rechazo porque tergiversan la realidad y no entienden el actuar de los adultos para con ellos.

Digamos por ejemplo que los regaños y los castigos no son tomados como reprimendas por su mal comportamiento; ellos los ven como rechazo hacia su persona, hacia su forma de ser.

Por eso es imprescindible que los padres entiendan que cuando regañan a sus hijos les deben explicar el motivo de sus correctivos. A los niños hay que hacerles saber por qué lo que hicieron está mal y por qué va en contra de la buena educación que deben tener. Así mismo hay que decirles que el castigo solo es para sancionar su mal comportamiento y una vez que lo cumplan todo volverá a la normalidad, porque el amor y la adoración que se les tiene no hay castigo que los debilite.

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Las relaciones sociales

Por último y no menos importante hemos dejado el miedo al rechazo que surge a partir de las relaciones sociales, sobre todo, cuando el niño alcanza la adolescencia o se acerca a ella.

A diferencia de los anteriores, este miedo al rechazo no pocas veces se basa en sucesos reales; es decir, los niños desarrollan miedo al rechazo porque antes han sido rechazados.

La naturaleza del rechazo social que se sufre en esta etapa suele ser diversa: religión, posición económica, características físicas, raza, aptitudes o la ausencia de ellas, ideas, formas de vestir y peinar, gustos, valores, comportamientos…, en fin.

Los padres deben saber y así inculcarles a sus hijos que nadie está exento de experimentar miedo al rechazo social porque hasta a los mismos adultos les ocurre muchas veces. El ser rechazados es tan común como el ser aceptados.

Entonces, la manera de afrontar esta situación es estimularlos a que se amen por encima de todo y se den el valor que tienen: Se respeten como personas y se hagan respetar por los otros.

Los padres deben influir para que sus hijos se construyan una autoestima fuerte y sean lo suficientemente inteligentes como para potenciar su resiliencia y poner freno al miedo al rechazo que, muchas veces, los querrá abrumar a lo largo de sus vidas.

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