Tu mano tan pequeña, hijo mío, me guía por el mundo

Valeria · 28 mayo, 2017

Tu mano, tan pequeña hijo mío, es mi guía y mi tesoro, tú me aferras a la vida, tú eres mi otra mitad en este viaje en el que avanzamos despacito y donde tarde o temprano, habré de dejarte libre. Esa es mi misión como madre, esa mi labor como padre, ser tu acompañante y tu guía en todos esos años que tanto necesitamos el uno del otro.

La crianza es un viaje. Un viaje en el que hay días que nos parecen muy largos, donde las dificultades son muchas y donde el cansancio infinito y los miedos muy complejos. Sin embargo, ese trayecto se nos va a hacer muy corto y habrá muchas cosas que lamentemos en algún momento, en caso de que no las atendamos o no les demos la relevancia que merecen.

Llegará un día en que tu niño ya quiera avanzar solo, en que corra más rápido que tú y en que el horizonte lo reclame para sí. Será entonces cuando cobre mayor importancia que nunca todo aquello que le hayas enseñado en ese viaje anterior, todo aquello que le hayas trasmitido, susurrado, explicado, hecho descubrir, entender y visto a través de tu ejemplo.

Tú lo llevarás de la mano a lo largo de una etapa fundamental y él, a su vez también te guiará a ti. Porque los niños nos guían para que seamos capaces de conocerlos, de intuir sus mundos internos, sus necesidades. Por tanto estamos ante el viaje más importante de tu vida y la de la suya, ya que la infancia, lo queramos o no marca el futuro de un adulto y es ese sustrato que garantizará su felicidad.

Cuando naciste, tu mano se aferraba con fuerza a mis dedos…

Nada nos parecía tan perfecto: una mano diminuta, delicada y sin embargo tan fuerte, apretando nuestros dedos, aferrándose a nosotros con una necesidad innata, mágica y sorprendente. La mano de nuestro bebé es sin duda una de las primeras cosas que solemos mirar cuando llegan hasta nosotros cuando nacen, nos encanta ver sus pequeños dedos, sus uñas y esa vida que trasmiten, tan increíble y a la vez tan nuestra.

  • Los hacemos nuestros. Cuando llegan al mundo nos decimos a nosotros mismos que esos niños son nuestra pertenencia más preciada, que son nuestro tesoro... Se nos olvida a veces que los niños son hijos de la vida y que solo se pertenecen a sí mismos. Nosotros somo sus raíces y sus guías, unos padres y unas madres dedicadas que intentarán hacerlos siempre lo mejor posible.
  • No buscas ser la mamá o el papá perfecto, quieres ser un padre presente, una madre valiente que levantará a su niño cada vez que se caiga, que lo animará a usar sus manos para descubrir el mundo, para hacer castillos de arena, tocar la naturaleza, sumergirse en los libros, acariciar a los animales…

Porque la vida se reconoce a través de las manos y si hay algo que adoran los niños es manipular, trasformar, jugar… Dejemos entonces que de vez en cuando se separen de nuestras manos para interaccionar con aquello que hay en su entorno.

Tú también me guías por el mundo, hijo mío

Puede que te digas a ti mismo que eres tú quien lleva el timón, tú quien marcas el rumbo y el destino en ese viaje junto a tus hijos. Sin embargo, y esto es muy importante tenerlo en cuenta, son ellos quienes nos guían, ellos quienes paso a paso y día a día nos marcan el rumbo.

El padre o la madre que se limita a llevar a la fuerza a sus hijos de la mano y con prisas, se perderá lo más importante: el placer de ir a su ritmo para ver lo que ellos ven, de entender la perspectiva de su mirada, la forma en que van descubriendo la vida, en que la sienten y van despertando a ella. ¿Cómo perdernos tal acontecimiento?

La crianza es un paseo que dura varios años y que termina de un día para otro sin que nos demos cuenta. Primero crecen en tu regazo, luego dan el salto y andan a tu lado pero buscando siempre tu cercanía y esa mano donde aferrarse, donde sentirse seguros, donde no despegarse por que les encanta tenerte al lado en cada avance que logran.

Esa pequeña mano irá creciendo y tú, a su lado. Será un paseo donde no faltarán las risas, las discusiones, los desacuerdos, las promesas y ese afecto que va hilando ese sendero donde avanzar día a día. Agarra bien fuerte esa manita de tu hijo ahora que te es posible, ahora que lo puedes disfrutar, porque llegará el día en que él quiera ir delante y donde ya no podremos alcanzarlos.

Ese día, nuestra labor habrá terminado y sentirás algo increíble y profundo: te sentirás orgulloso/a de ti por lo que has logrado.