Los 5 valores de toda familia feliz

Gladys · 22 agosto, 2016
Que los niños tengan una educación sana no implica solamente que consigan buenas calificaciones. Existen valores que los padres deben transmitir; estos acompañarán a sus hijos de por vida.

Los valores son creencias que nos permiten moderar la conducta para vivir en armonía con los demás. Aquí te presentamos los 5 que no pueden faltar en tu hogar.


La familia es un pequeño grupo de personas que deben convivir juntas aunque los problemas siempre estén a la orden del día. Esto sucede porque cada integrante tiene sus propios intereses, virtudes y defectos. Por lo que ser felices todos es una travesía.

No obstante, lograr una sana convivencia no es imposible. Dependerá de la autoridad, la educación y la negociación. La idea es utilizar estos tres elementos para construir un ambiente grato para todos los que forman parte del conjunto familiar.

Obviamente te preguntarás: ¿Y cómo es que puedo lograr eso? La respuesta es simple: valores.

5 valores para la felicidad familiar

Primero: el amor

Las muestras de cariño son esenciales para la sociabilidad de los pequeños.

Lo primero que nos debe unir a nuestros parientes no es la sangre sino el amor. Los gestos afectuosos son una forma de comunicación que existe entre una pareja de padres y sus hijos.

A través del calor compartido nos identificamos con el grupo al que pertenecemos. Este sentimiento es algo que se siente, pero que también se cultiva. Por eso, los padres debemos acostumbrar a los pequeños a tener una relación cercana, afectuosa y abierta dentro del hogar.

El puro amor no basta. Hacen falta pues otros valores que faciliten las relaciones dentro de este núcleo. Educar en otros aspectos también es garantizar que el afecto y la consideración mutua sean ley en casa.

Segundo: la obediencia

Lejos de lo que algunos piensan, la obediencia no se trata de someter a los pequeños al mandato de los mayores. Hablamos más bien de un respeto a las autoridades del hogar, haciendo entender a los niños el porqué de cada orden o regla.

En este sentido, es la lógica la que deberá regir la relación entre adultos y niños. Para esto es necesario enseñar la razón de ser de cada norma. Por ejemplo, para que un niño tome la ducha con regularidad, es vital explicarle la importancia del aseo.

Y con la orientación también llega la disciplina. Si queremos que nuestros hijos tengan buenas costumbres, debemos dar el ejemplo y exigir. Establecer pautas y horarios es lo mejor para que el niño haga en piloto automático lo que es correcto. Vigilar, premiar o castigar.

Tercero: la tolerancia

Parte importante de vivir en grupo es aceptar lo que somos y también lo que los demás son. Para lograr esto debemos inculcar la toleranciaSer tolerantes es entender la existencia del otro, desde su realidad. ¿Te acuerdas de las virtudes y defectos? A eso nos referimos.

Este valor pasa por inculcar una serie de ideas claves: el hecho de que no somos seres perfectos, la realidad de que somos diferentes y la posibilidad de la compasión. Esto último es dar el brazo a torcer y ayudar aun cuando el otro haya cometido una falta.

El truco es identificar los momentos en los que debemos pedir y aquellos en los que debemos dejar pasar algo o perdonar. Recuerda que a veces actuamos bajo presión y eso siempre tiene que ser evaluado. Si tu pequeño aprende eso, le habrás dado una enorme herramienta para la vida.

Cuarto: el respeto

Responder las preguntas más comunes de los niños debe hacerse con paciencia y claridad.

Pero no todo puede ser dejar pasar. La tolerancia es buena en la medida en que es practicada por igual entre los familiares. Si unos son tolerantes y otros no, se abrirá paso el egoísmo y, por ende, peleamos. Para evitar esto el remedio es el respeto.

Respetar es evitar los daños a terceros

El respeto se basa en la idea de que todos tenemos un límite, el cual jamás debe ser transgredido por los demás. Es correcto eso de que “cada uno es como es”, siempre y cuando la acción de unos no dañe a los otros.

Por lo general, cuando no respetamos nos imponemos a los demás y, por ende, ¡no los dejamos ser! Así que la regla máxima es “no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti”.

Quinto: la responsabilidad

Ser respetuosos es ser responsables también con el resto de los parientes. Cuando hablamos de responsabilidad, nos referimos a todo aquello que tenemos que hacer por nosotros y por nuestros seres queridos.

Ser responsables es pensar en que hay un mundo que nos rodea y al cual debemos no solo pedirle, sino también servir. A los chicos hay que explicarles que así como ellos reciben, también deberán dar.

Estos valores se desarrollan cuando el niño se comunica con facilidad. Este proceso comienza a ocurrir incluso antes de que él inicie su vida escolar.