Leer sobre el manejo de las pataletas es fácil pero gestionarlas no tanto

Valeria 14 abril, 2017

Los padres de ahora tienen todo un universo de información a su alcance. No dudan en comprar libros, en dejarse aconsejar e incluso en pedir asesoramiento. Sin embargo, hemos de admitirlo, leer sobre el manejo de las pataletas y rabietas es muy fácil, pero gestionar las de nuestro hijo es otra cosa.

No, no eres mal padre. No, tampoco es culpa tuya, mamá. Es muy posible que hayáis escuchado y leído más de una vez aquello de que el niño que responde con rabietas es el claro resultado de una mala crianza y de unos padres poco hábiles o inmaduros. No os dejéis engañar ni llevar por el desconsuelo, porque si bien es cierto que hay casos que confirman esta regla, la realidad es otra más sencilla.

Casi el 90% por cien de los niños experimenta rabietas entre los 2 y los 4 años. Es parte de su desarrollo emocional, y al igual que enseñamos a nuestros niños a caminar, a dormir, a crear hábitos, a hablar, a comportarse, a comer y a vestirse, debemos concienciarnos de que estas pataletas son reflejo de su desarrollo emocional y que es necesario gestionar, atender y ante todo entender.

Te explicamos cómo.

No, tu hijo no es más “difícil” que otros niños

Algo que suelen expresar muchos padres y muchas madres es aquello de que su hijo “es el más difícil de todos”. Hemos de entender que esta frase ya sirve como refuerzo para que ese niño intensifique aún más su comportamiento. Debemos cuidar las palabras y ante todo, no ver hechos patológicos donde solo hay comportamientos normales.

 

A partir de los 2 años tu hijo ya exige autonomía e individualidad

Pongamos un ejemplo. Son las 7 de la mañana y tú entras a trabajar a las 8. Tienes el tiempo justo para vestir a tu hijo de tres años, darle el desayuno, y llevarlo a casa de los abuelos o a la guardería.

Sin embargo, ese día en que llevas tanta prisa tu niño decide tener una rabieta. No quiere vestirse, no quiere desayunar: exige jugar con la tablet o tu teléfono. El mundo se te cae encima y te desesperas.

En ese momento no importa todo lo que hayas leído sobre las pataletas (que seguramente es mucho). Tampoco importa que sepas que lo que más necesitas en ese instante es PACIENCIA, lo sabes pero sin embargo, nada de eso te funciona.

  • Por ello, antes de pensar en qué debemos hacer y qué no, lo más importante es comprender qué le ocurre.
  • A partir de los dos años tu hijo deja de ser un bebé y despierta ya a su individualidad. Quiere cosas, exige cosas y lo hace del modo menos adecuado.
  • Han llegado a una edad en que tienen sus opiniones y donde interpretan que sus deseos y necesidades deben ser satisfechas al instante.

Entiende que no hay maldad en ello, comprende que tu niño no es más rebelde que otros. Tu hijo es único y necesita que lo entiendas: está creciendo y sus emociones son un torbellino de altibajos, un ovillo caótico que necesita ser hilvanado.

No lo veas como un niño caprichoso y manipulador o reforzarás en él esta imagen

Sabemos que las pataletas acontecen en los instantes menos oportunos. Sin embargo, ningún momento es el propicio para que nuestro hijo estalle en una rabieta, siempre nos supera y nos sume en un estado de gran indefensión.

  • Entiende en primer lugar que no quiere manipularte, aunque lo parezca. Su malestar es real, quiere algo y lo quiere ya, y eso le genera un tremendo desasosiego. Su dolor es auténtico.

Por complicado que te parezca, hay algo que nunca debemos perder de vista: cuánto más intensa sea esa pataleta, más serena debe ser nuestra actitud. Si respondiéramos de otro modo, la intensificaríamos.

Claves que pueden serte de gran ayuda ante las pataletas

Anticipa situaciones conflictivas

Queda claro que no somos magos, que no podemos adivinar siempre cómo van a reaccionar nuestros hijos ante determinadas situaciones. Sin embargo, para ir a lo seguro nunca está de más explicarles qué esperamos de ellos en cada momento.

Vamos a ir a comprar. Me gustaría que te portaras bien, entiende que mamá y papá no pueden comprarte todo lo que pidas, que debes ir tranquilo. 

  • Entiende también que un niño no pasa de o a 100 en un segundo, que la pataleta no “salta” en un abrir y cerrar de ojos. Hay indicadores, gestos, sonidos, palabras y reacciones que nos dan pistas para reaccionar a tiempo.

Actitud serena, comunicación y confianza en uno mismo

Lo último que debe sentir un padre o una madre es temor a que su niño estalle en una rabieta en un momento dado. Pensar esto nos sume en un estado de ansiedad que el propio pequeño puede intuir.

  • Así, pues, ten en cuenta un aspecto: no importa todo lo que hayas leído sobre las rabietas, entiende que tu niño es único y que solo tú entiendes qué necesita en cada instante. Debes entender e intuir siempre qué necesita tu hijo, qué quiere, qué le angustia y cómo reacciona ante cada situación.
  • Favorece el que sea capaz de expresar en palabras lo que le ocurre, a medida que crezca adquirirá más solvencia, pero es esencial que favorezcamos el desahogo y la comunicación emocional desde edades tempranas.

Por último, y no menos importante, además de confiar en nosotros mismos como buenos padres y eficaces gestores en las emociones del niño, entiende también que poner límites, normas y dar un “NO” firme y rotundo cuando es necesario, forma parte de una educación sana donde un niño se sentirá seguro desde bien temprano.

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