Las fases del vínculo de apego

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Ana Couñago
· 8 abril, 2019
El apego hace referencia a la estrecha relación afectiva que los hijos establecen con sus padres. A continuación te explicamos las distintas fases del vínculo de apego.

El apego es un vínculo emocional y afectivo que se establece entre el bebé y sus cuidadores, quienes suelen ser, además, sus padres. Pero esta fuerte unión no se crea de un día para otro. El niño necesita desarrollar poco a poco el cariño y la confianza hacia sus figuras de apego. Por ello, en este artículo vamos a hablar sobre las fases del vínculo de apego.

El desarrollo evolutivo implica una serie de cambios en el bebé. A medida que crece, aprende a interactuar con el medio y con las personas, por lo que también evoluciona su forma de expresar el apego.

“Los niños necesitan una relación de calidad como base de seguridad para explorar su entorno y a los extraños.”

– Charo Blanco –

Las 4 fases del vínculo de apego

El psicoanalista John Bowlby afirma que existen diferentes tipos de apego en función de la confianza y el cariño establecido entre el niño y sus padres. Así, se puede hablar de cuatro tipos de apego:

  • El evitativo.
  • El seguro.
  • El ambivalente o de resistencia.
  • El desorganizado o desorientado.

La formación de este vínculo afectivo va cambiando a medida que el niño desarrolla sus capacidades sociales y emocionales. Es por eso por lo que también se pueden definir cuatro fases del vínculo de apego.

De los 0 a los 3 meses

Desde el momento del nacimiento de un hijo, el padre, y sobre todo la madre, ya establecen un fuerte lazo emocional con el niño. Por el contrario, el bebé simplemente busca atraer la atención de los adultos, sin importarle si son sus progenitores o no. Es una respuesta innata, ya que así logra satisfacer sus necesidades y sobrevivir.apego-con-la-madre

De los 0 a los 3 meses, los bebés muestran una sensibilidad social indiferenciada. Esto quiere decir que se interesan por las personas en general, pero sin exponer una clara preferencia por sus cuidadores. Aunque sí empiezan a percibir que, en mayor medida, el amor y la atención que reciben es por parte de sus padres.

De los 3 a los 6 meses

De los 3 a los 6 meses manifiestan preferencias por las personas conocidas. Ante alguien desconocido responden de forma diferente, pero sin llegar a expresar rechazo. Es la etapa de la sensibilidad social diferenciada.

El bebé empieza a sentirse seguro y confiado con sus seres queridos. Durante esta fase, el pequeño comienza a identificar a sus figuras de apego y se da cuenta de que estas son las que están permanentemente disponibles para atender sus demandas y satisfacer sus necesidades.

De los 6 a los 12 meses

De los 6 a los 12 meses es cuando se forma el sistema de apego. El bebé reacciona de manera favorable a las personas familiares que lo cuidan y muestra rechazo y angustia ante los extraños.

Además, cuando la madre o el padre se alejan y separan de él, siente miedo y ansiedad, y protesta con gritos o mediante el llanto. Estos hecho demuestran que el bebé, al finalizar esta fase, ha creado y consolidado el vínculo de apego.

A partir del primer año

Cuando el niño ya ha cumplido su primer año de vida comienza a ser cada vez más autónomo. Pero, aún así, va a tener la necesidad de permanecer con su figura de apego cerca para explorar el mundo y jugar con tranquilidad.

A medida que pase el tiempo, el pequeño va a ir experimentando menos dependencia, salvo en situaciones que perciba como amenazantes. Asimismo, podrá estar con otras personas desconocidas sin sentir tanta aprensión.

En definitiva: en esta etapa, el vínculo de apego se vuelve más fuerte y estable. Las fases del vínculo de apego.

La importancia de desarrollar el vínculo de apego

Cuando el niño haya superado estas cuatro fases, habrá desarrollado un vínculo de apego sólido y una personalidad propia.

Desde entonces, el pequeño aprende a interaccionar con los demás de una manera sana, por tanto, se puede decir que el apego está muy relacionado con el aprendizaje de habilidades sociales puesto que, si no se experimenta el cariño y el afecto desde los primeros momentos de la vida, será más difícil desarrollar otras capacidades y valores como la empatía, el respeto, la comprensión…

En definitiva, las madres y padres tienen una gran responsabilidad a la hora de criar a su hijo. Son un claro modelo a seguir y deben intentar estar a la altura de las funciones que implica ser una figura de apego.

“Otorga a tu hijo cariño y protección. Pero también independencia, para que pueda crecer sano y feliz.”

  • Cantón, J. y Cortés, M. R. (2005). El apego del niño a sus cuidadores. Madrid: Alianza.
  • González, T. V. (2011). Conociendo un poco más del apego. Pedagogía Magna, (11), 215-223.
  • Programa de Salud Infantil y Adolescente. (2014). Guía sobre cómo establecer un buen apego. Andalucía: Junta de Andalucía. Consejería de Salud y Familias.