La toma de decisiones en los niños

Cuando un niño decide, está siendo libre y autónomo. Así que hay que tener presentes algunas cuestiones.
La toma de decisiones en los niños

Última actualización: 01 diciembre, 2022

El proceso de toma de decisiones en los niños es elemental para su desarrollo y en la vida cotidiana. Todo ser humano está constantemente haciendo elecciones: ¿qué comer?, ¿por dónde ir, izquierda o derecha?, ¿me gusta o me disgusta?, ¿qué hacer ahora y después?, entre otras miles de preguntas que se plantean de forma tan instantánea que casi no nos damos cuenta de que las realizamos.

¿Qué es la toma de decisiones?

Las decisiones se comienzan a desarrollar en la infancia, poco a poco. Por esta razón, es muy importante que sepamos guiar a nuestros hijos, ya que así, lograremos que el proceso de toma de decisiones se convierta en una herramienta valiosa en sus vidas, y no en un motivo de agobio.

La toma de decisiones es el proceso mediante el cual seleccionamos la mejor opción dentro del conjunto disponible para resolver una situación en particular. De esta forma, tal y como sugiere la Dra. Montse Esquerda, el proceso de toma de decisiones puede estar presente en cualquier ámbito: social, familiar, laboral, etcétera. Entonces, la opción seleccionada será considerada como la más:

  • Beneficiosa.
  • Viable.
  • Correcta.
  • Adecuada.
El ser humano se encuentra constantemente tomando decisiones.



En otras palabras, en el proceso de toma de decisiones se analizan los datos existentes y en función de las distintas alternativas que ofrece la situación, se elige una para obtener mayor provecho.

Durante la infancia, a los niños se les ayuda a elegir muchas cosas, desde la ropa hasta el alimento, de tal forma que se les permita visualizar qué opciones tienen y por qué unas son mejores que otras.

Si vamos con ellos a una tienda de golosinas, a pesar de que tenemos en cuenta lo que les llama la atención, les ayudamos a decidirse por la mejor opción.

¿Por qué es importante aprender a tomar decisiones desde la infancia?

A lo largo de la vida, se presentan constantemente situaciones que te obligan a elegir entre una cosa y otra, lo que implica tener que rechazar alguna de las opciones. Si no adquieres práctica, esto puede dar mucho vértigo.

Para decidir, te basas en las vivencias previas que has tenido acerca de un hecho parecido o de lo que le ha pasado a alguien que conoces. Así pues, en el caso de los niños, se vuelve algo complicado si tomamos en cuenta que ellos no tienen con qué comparar, puesto que aún no han adquirido demasiada experiencia. De ahí la importancia de enseñarles.

Esta es una de las tareas más delicadas que, como padres, adquirimos. Requiere de un gran esfuerzo y perseverancia, además de grandes dosis de paciencia, puesto que, a medida que los niños crecen, también lo hacen sus responsabilidades y, con ello, la necesidad de tomar decisiones.

Ganan independencia y autonomía

Es importante que un niño aprenda a decidir para que, lo primero, pueda tener autonomía. ¿Y de qué se trata la autonomía? Se trata de la capacidad de tomar decisiones sin influencia ni intervención externa, así como de seguir las propias pautas. Por ende, este viene ser un concepto opuesto al de ‘heteronomía‘ de Jean Piaget.

En términos más simples, es importante enseñar a decidir a los niños porque esto les permite gestionarse y solucionar problemas de una forma eficiente sin necesidad de asistencia. Esto no quiere decir que se les abandone a su suerte, sino de brindarle las herramientas necesarias para que consigan hacerlo por sí mismos. De tal manera que consigan sentirse satisfechos, tanto con la decisión como con el resultado. En este sentido, no existe mejor legado que la independencia. 

Cuando los niños son autónomos, tienen una buena autoestima, confianza en sí mismos, tienen menos miedo a equivocarse a la hora de solucionar un problema y, en general, están más dispuestos a reflexionar acerca de qué es lo mejor y por qué.

Consiguen ejercer su libertad

La idea con la toma de decisiones no es que tu hijo crea que puede hacer lo que quiera. Esto solo ocasionaría que deje de ver a sus padres como figuras de autoridad. En este sentido, debes enseñarle que él puede tomar decisiones enmarcadas en las pautas de conducta que establezcan papá y mamá. No es extraño que un niño a partir de los siete años intente desafiar las reglas, por lo que debemos aclararles desde pequeños que sus actos tienen consecuencias.

Como padres, no podemos pretender que los hijos hagan absolutamente todo lo que les digamos. Como sus principales guías y cuidadores no tenemos derecho de coartar el desarrollo de su personalidad. Si no le gusta llevar el cabello largo, por ejemplo, sencillamente no podemos obligarlo.

Algunas recomendaciones para la toma de decisiones en los niños

Seguramente queremos que nuestros hijos sean personas independientes, capaces y, sobre todo, responsables de sus propios actos. Pero esto no se obtiene por inercia, sino que debe trabajarse desde el hogar a través de diversas formas. Y si bien las medidas puedan parecer muy simples, son muy poderosas. 

Decidir es un acto de voluntad. Se necesita valor, confianza, discernimiento y criterio. Cuando los niños deciden y lo hacen con firmeza, están demostrando su libertad.

Por eso, a continuación, presentamos unas recomendaciones para los padres, que tienen la difícil tarea de enseñar a volar a sus hijos. Estas, como bien avala un estudio desarrollado en 2015 por la Universidad del Norte (Colombia), sirven de puerta de entrada al camino de la independencia responsable infantil.

1. Evitar la sobreprotección

Para los padres resulta muy difícil evitar el sentimiento de sobreprotección. Esto es porque conocen las dificultades que ofrece la realidad y quieren evitarles dolores a sus hijos. Pero los errores son los que educan; equivocarse y enmendar, templa el espíritu.

Los padres lo han hecho así y no pueden privar a sus hijos de esa experiencia. En todo caso, no podrán evitar que en algún momento les suceda, cuando no estén para evitarlo. Lo mejor entonces y más recomendable, es que tanto los padres como los hijos se enfrenten a la aventura de ensayar y errar.

Existe un límite entre la sobreprotección y la independencia. Por más que insistamos, no podemos siempre evitar a nuestros hijos experimentar desilusión o tristeza. De hecho, tal y como demuestra una investigación de la Universidad de Guayaquil, la situación de los padres que protegen a los pequeños de 2 a 3 años tiene consecuncias preocupantes para los niños.

Si nos dedicamos a decidir todo y no les dejamos espacio para desenvolverse por su cuenta, criaremos niños dependientes a los que les costará asumir responsabilidades porque creerán que sus padres pueden hacerlo todo por ellos.

2. Valorar el esfuerzo y el aprendizaje a partir de los yerros

Como consecuencia de lo anterior, no tendría sentido abrir las puertas para que experimenten si luego evaluamos de manera negativa el error. No es solo ver el lado positivo, sino reconocer en toda su dimensión el problema; porque eso precisamente es lo que permite el error.

El error ayuda a ver la realidad completa, desde la dificultad y el esfuerzo; permite ver lo que el brillo cegador del triunfo no deja ver.

3. Cumplir tareas en el hogar

Los niños en casa deben tener obligaciones, tareas acordes a su edad, compromisos que necesitan cumplir con tiempos fijados de entrega. Las nociones de tiempo social fundamentan sus acciones y los preparan para asumir tareas y cumplirlas.

De hecho, según los resultados obtenidos por un estudio desarrollado en 2016 por varios investigadores de la Universidad Católica de Manizales, se encontró que la independencia ganada en los pequeños de 9 y 12 años fue generada por las tareas del hogar.

4. Sopesar y elegir es pensar

Existe una curiosa relación entra la palabra pesar y pensar. Pensar viene del latín pensare, que quiere decir ‘pesar o calcular’. De modo que entre las dos podemos ubicar un puente, la palabra sopesar, que es justo lo que hacemos al momento de elegir.

Así pues, dejemos que nuestros niños sopesen, es decir, razonen y piensen; tengan opciones y en defintiva, elijan. Estas simples acciones son harto complejas, y responden como vemos a las más altas funciones del pensamiento.

5. Determinar qué se negocia y qué no

Que el niño pueda tomar decisiones no quiere decir que no deba acatar ciertas normas. Por ejemplo, aunque sí pueda elegir qué ropa ponerse (siempre y cuando esta sea acorde al lugar y al clima), no siempre podrá elegir qué comer, ya que sus padres son los encargados de procurarle una alimentación apropiada para su desarrollo.

6. Procurar que elijan sus peticiones con precisión

Para los niños que ya están aprendiendo a hablar, es necesario enseñarles la forma de realizar peticiones. Por ejemplo, si tienen sed, la forma más básica de pedir que se les atienda esta necesidad es enseñarles a decir ‘agua’. De la misma manera ocurre con otras necesidades, como ir al baño.

Exigirles que sean precisos y claros con lo que quieren les ayudará a desarrollar el lenguaje, pero para ello, antes hay que enseñarles y repetirles varias veces la forma correcta de hacer una petición.

Esto, tal y como demuestra una investigación desarrollada en 2017 por la Universidad Católica de Valencia, es beneficioso sobre todo para aquellos niños que tienen una imagen negativa de sí mismos, son más inseguros o autrocríticos. Si aprenden a pegir y sugerir, redurirán la tensión.

Aportes del proceso de toma de decisiones

Las decisiones permiten a los niños desarrollar:

  • La capacidad de discernimiento.
  • La capacidad crítica.
  • La responsabilidad (y a largo plazo, la ética).
  • La empatía, o la capacidad de colocarse en el lugar del otro,
  • La gestión de problemas y/o conflictos.

La influencia emocional dentro de la toma de decisiones

Las habilidades para la vida, como define en su entrevista de 2013 el psicólogo René Diekstra, profesor de Psicología de la Universidad de Utrecht, están relacionadas a la adquisición de destrezas en el ámbito social, emocional y ético, que complementan y optimizan las destrezas cognitivas e intelectuales.

La razón y la emoción no se pueden separar. Por ello,  aprender a gestionar las emociones es clave para enseñar a tus hijos a tomar decisiones más asertivas.  Hay que tener en cuenta que l as emociones influyen de manera determinante en la toma de decisiones. 

“Un niño que sabe gestionar sus emociones brillará no solo en el campo laboral, sino también en otros aspectos de su vida”.

-René Diekstra (2013)-

Se puede aprender a educar las emociones y así encontrar fácilmente un equilibrio. Según propone Diekstra, en una entrevista con Elsa Punset, para lograr que nuestros hijos aprendan tanto a gestionar emociones como a tomar decisiones, se les puede incluir en actividades que les enseñen a practicar el dominio de sí mismos.

Actividades para gestionar emociones

Las actividades que mejor ayudan al niño a aprender a identificar y gestionar las emociones son las siguientes:

  • Artes escénicas
    • Teatro
    • Danza
    • Música
  • Artes plásticas
    • Pintura
    • Dibujo
    • Escultura
    • Manualidades en general
  • Deportes y actividades físicas

No se trata de inscribir a los niños en cuanta actividad existe, ni debemos saturarlos en su día a día. Lo mejor es que sean esporádicas o a modo de hobbie o pasatiempo.

Practicar actividades al aire libre en familia ayuda a afianzar aprendizajes varios.



Otra alternativa es hacer teatro casero, sesiones de bailoterapia, salir al aire libre y practicar algún deporte en equipo. 

Guiar en la toma de decisiones a los niños en su camino para ser independientes

Por otra parte, es importante destacar que mientras más los ayudemos a ser independientes, mejor les irá en la vida. Esto no quiere decir que vamos a dejarlos solos, simplemente debemos saber que estamos aquí para guiarlos, aconsejarlos y enseñarles, no para hacer las cosas por ellos.

Si nos vemos tentados a hacerles todo, y a decidir siempre qué es lo mejor para ellos, el día de mañana, tendremos adolescentes o adultos frustrados y/o cohibidos.

El proceso de toma de decisiones es un aporte que les podemos brindar a nuestros hijos para que puedan gestionar las situaciones que se les puedan presentar en su día a día, ya sean buenas o malas. Además, esto contribuirá a su agilidad mental, creatividad y flexibilidad, lo cual les será de gran ayuda en cualquier ámbito social.

Tanto la agilidad mental como la flexibilidad, constituyen un gran tesoro para la individualidad, ya que de esta forma el niño puede permitirse errar, aprender y seguir adelante con mayor facilidad que si no cuenta con estas herramientas.

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