La regulación emocional en el niño superdotado - Eres Mamá

La regulación emocional en el niño superdotado

Los niños superdotados a menudo experimentan un desarrollo asincrónico de su madurez emocional porque está fuera de sincronía con su capacidad intelectual. Esto crea emociones difíciles de controlar para ellos y también experimentan una mayor sensibilidad. En resumen, los niños superdotados tienden a tener grandes emociones que pueden hacerles sentir abrumados en muchas ocasiones.

Los niños superdotados también suelen tener una fuerte memoria afectiva, por lo que son propensos a revivir los sentimientos que acompañan a algunas circunstancias durante mucho tiempo después de que ocurran. No se limitan a recordar el evento, recuerda todos los detalles cómo los sintió la primera vez que ocurrió. Estos niños a menudo se esfuerzan en el perfeccionismo y se frustran con facilidad cuando no alcanzan sus propios objetivos.

Las rabietas por frustración pueden ser algo habitual cuando las cosas no les sale según cómo lo tenían planeado. Es imprescindible ayudar a los niños dotados para que aprendan a regular sus emociones y sean capaces de trabajar las diferente situaciones frustrantes y así, aprender a resolver los problemas. No te pierdas algunos consejos que te vendrán fenomenal para poder ayudar a tu hijo superdotado a regular sus emociones.

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Mantén la calma y valida sus sentimientos

Es cierto que es muy complicado en muchas ocasiones mantener la calma cuando tu hijo está en mitad de una gran rabieta. Es un momento muy estresante ero tu reacción es crucial para su entendimiento y desarrollo. En un momento de gran tensión, tu hijo lo que necesita es ver la calma en ti y saber que todo, estará bien.

En estos momentos será muy importante que con calma, ayudes a tu hijo a poner nombre a sus sentimientos, a describir qué ha pasado y a empatizar en cómo se siente. Las personas suelen ver estos colapsos o rabietas ante la frustración como reacciones exageradas, por eso los niños superdotados se pueden sentir aislados en estos momentos de crisis. Es muy importante validar sus sentimientos y hacerle ver que entiendes lo enfadado que está o lo triste.

Técnicas de relajación

Las técnicas más adecuadas para los niños y para que empiecen a controlar sus emociones es a través de la respiración y la concentración. Enseña a tu hijo a reconocer las señales físicas de estrés y a responder con la respiración a la relajación, así tu hijo podrá calmarse primero y después trabajar los sentimientos difíciles que ha experimentado.

La hora de dormir es un buen momento para practicar la respiración de relajación. Haz que tu hijo se tumbe o se siente en su cama y que tome una respiración lenta por la nariz -puede contar hasta cuatro mientras inhala-. Después haz que mantenga esta respiración durante un segundo y que después vuelva a exhalar lentamente por la nariz mientras cuenta hasta cuatro. Repetir esto durante tres o cinco minutos.

La práctica de estos momentos diariamente le ayudará a realizar estos ejercicios de calma cuando sea necesario y ayudará a los niños a interiorizar las estrategias para que puedan usarlas siempre que lo necesiten en sus momentos de frustración.

Comunicación abierta

Es muy importante enseñar a los niños a hablar sobre sus pensamientos negativos o intrusivos para poder hacerles frente. Esta estrategia es necesaria también practicarla en momentos de calma para que pueda utilizarla en momentos de tensión.

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Puedes ayudar a tu hijo a que escriba una lista de pensamientos negativos o que no le gustan y que suele tener en su mente. Después anímale a hablar sobre estos pensamientos y a convertirlos en positivos (por ejemplo: ‘no soy capaz de hacerlo bien’ por ‘puedo construir esa torre’).

Otra idea es que tu hijo escriba al lado de la lista de pensamientos negativos otra lista de reemplazo para intercambiar esos pensamientos negativos por otros positivos. Cuando tu hijo sienta frustración por algo, recuérdale la lista de cosas positivas y ayúdale a entrenar a su enfadado cerebro para que se convierta en uno más positivo.