A la escuela de mi hijo van niños con necesidades especiales

Nadyra Muhammad · 24 febrero, 2016

Hace algunos años, cuando fui a la escuela, recuerdo a un par de niñas que no pudieron seguir estudiando con nosotras. La maestra nos explicó que “ellas eran diferentes, que eran unas niñas con problemas, con necesidades especiales y necesitaban una escuela especial”.

Así un día no volvieron más, eran mis compañeras, jugábamos en el recreo, compartíamos los creyones para pintar y tal vez algo de la merienda. Realmente las extrañé por algún tiempo, todavía hoy recuerdo aquella explicación.

La historia de Fanny

Recuerdo también que Fanny lloraba mucho, creo que la mayoría de las veces porque le tenía miedo a la maestra que la regañaba a cada minuto porque su letra era fea, escribía muy oscuro, sus dibujos no se entendían, casi nunca lograba colocar un número por cuadrito en el cuaderno de matemáticas, borraban la pizarra antes que lograra terminar de copiar. La señorita Maristela siempre decía que debía esforzarse más. Fanny lloraba. 

El día que más lloró fue cuando la maestra le tiró el cuaderno en la basura. Ese día varias aguantamos las lágrimas, también queríamos llorar. Pero supongo que el desconocimiento de esa época amparó siempre a aquella maestra y le disculpó su enorme falta de ética y sensibilidad humana, también su ignorancia.

Hoy en día sé que no hay que estudiar psicología en la universidad para entender que Fanny se esforzaba horrores, todo cuanto podía, ella deseaba igual que todas ser felicitada, que su cuaderno estuviera limpio y perfecto, ¡claro que lo deseaba con todas sus fuerzas, pero no le salía, sus manos no ayudaban! Seguramente Fanny tenía dispraxia. Insisto, no era necesario saber qué tenía, yo no lo sabía, mis compañeras tampoco, solo sabía que Fanny evidentemente se esforzaba mucho más que yo.

Nunca más supe de ella, supongo que en la escuela especial a donde la llevaron con niños como ella la habrán tratado mejor, al menos eso espero de corazón. Como yo sí era “apta” a la vista de la sociedad de aquel tiempo, tuve la fortuna de culminar mis estudios y obtener el título de un honorable colegio, de los mejores. Fanny no era de las mejores, a ella le correspondía un colegio especial. ¡Qué injusticia!

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A la escuela de mi hijo van niños con necesidades especiales

Hoy en día, unos 35 años después, la situación ha cambiado bastante, ahora a la escuela de mi hijo van niños con necesidades especiales. ¿Saben qué? Soy feliz por eso, creo que mi hijo ha tenido la fortuna de conocer al ser humano de la manera más amplia posible, tiene amigos diversos como diverso es el mundo, como diversas son las capacidades de las personas, porque ¡vaya que todos no somos buenos en todo!

Van niños muy distintos, mi hijo es un niño más, ve a los otros como sus amigos y compañeros, de hecho se siente orgulloso de los logros de aquellos, que como Fanny, deben esforzarse un poco más. En otro salón está Ana que nació con parálisis cerebral, tiene evidentes dificultades para caminar, necesita de una andadera y de una tutora que ayude a la maestra con los arreglos que hay que hacer en los trabajos y cuadernos de Ana.

Hace dos semanas fuimos a ver a los niños bailar en un hermoso acto escolar donde sin duda alguna Ana, con sus dificultades de movilidad, nos dió a todos una gran lección de perseverancia y entusiasmo. Desde ese día agradezco a ese gran colegio que mi hijo no aprenda solo a leer y a sumar, aprende también las mejores lecciones de superación, esfuerzo y perseverancia, habilidades indispensables para ser un profesional exitoso el día de mañana y también un mejor ser humano.

Hay otros niños más, no sé los nombres de todos, ni a qué clase van, ni por qué son especiales, pero eso no importa, solo sé que sus madres al igual que yo quieren para ellos la mejor educación, por eso han buscado el mejor colegio, no tienen que conformarse con menos. Me he enterado incluso, que asisten varios niños cuya inteligencia es superior a la de los demás, ellos también son especiales.

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El mejor colegio y las mejores maestras

A la escuela de mi hijo van niños con necesidades especiales porque están las mejores maestras, su don de magisterio les permite hacer que cada niño, independientemente de sus condiciones, de lo mejor que tenga para dar, creo que es obvio que no esperan el mismo resultado de cada uno de ellos, esperan su mejor esfuerzo, que sean capaces de superarse a sí mismos. ¡Qué nivel de maestras, qué nivel de enseñanza!

Es una suerte que mi hijo esté en una escuela donde asisten niños con necesidades especiales porque allí se recibe la mejor educación, están las mejores maestras, las que son capaces de lograr grandes cosas.

La escuela donde asiste mi hijo es de las mejores también,  la directora no es como la monjita viejita que dirigía el colegio honorable donde estudiamos Fanny y yo; esta es genial, inspira confianza, es obvio que es una gerente de avanzada edad, se ve que no piensa que Ana o sus otros estudiantes son personas de segunda categoría, ella y su equipo creen en sus fortalezas y los hacen llegar lejos, tan lejos como harán llegar a mi hijo.

En la reunión inicial nos han explicado cómo manejan las diferencias individuales en clase, nos han contado sobre los materiales que emplean para facilitar el aprendizaje de todos, de todos, incluyendo a mi hijo (no se limitan a copiar de la pizarra), también nos contaron cómo seleccionan a las mejores maestras y cómo se encargan de que se mantengan al día en las innovaciones educativas.

Definitivamente es un colegio de vanguardia, deberían llamarle “colegio especial” porque vaya que lo es. Que bien que aquí no cabe gente como la señorita Maristela.