La interacción entre alumnos en el ámbito académico

27 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Ana Couñago
Los niños pasan gran parte del tiempo en el colegio, por lo que este es un lugar ideal para enseñar a los más pequeños a interaccionar entre ellos de forma sana y respetuosa.

Establecer relaciones sociales con los iguales durante la infancia y la adolescencia es fundamental para conseguir un desarrollo óptimo y equilibrado. Por ello, desde el colegio, hay que fomentar la interacción entre alumnos, potenciando sus habilidades sociales, cognitivas y lingüísticas.

Es decir, los centros educativos deben crear espacios que permitan la colaboración y la cooperación entre los estudiantes. De esta manera, el alumnado se convierte en un recurso activo en el proceso de aprendizaje y crece dentro de un clima de diversidad en el que se promueven diferentes valores como:

  • La aceptación.
  • El respeto.
  • La inclusión.
  • La igualdad.

«La cooperación de los niños entre sí presenta una importancia tan grande como la acción de los adultos».

-Jean Piaget-

La interacción entre alumnos en el ámbito académico

Según Lewin Johnson, se pueden definir tres tipos de estructuras, en función de la relación que se establece entre las metas académicas y la influencia de los compañeros para alcanzarlas:Alumnas haciendo un trabajo en colegio para observar su interacción en el ámbito académico.

  • Estructura individualista. Los objetivos son individuales, por lo que el trabajo de los demás no influye en el logro de las propias metas. En estos casos, cada alumno es recompensado personalmente según sus resultados, al margen de los obtenidos por los demás compañeros.
  • Estructura competitiva. Todos los estudiantes persiguen las mismas metas, pero estas solo se pueden conseguir si el resto de los compañeros no logra alcanzarlas. Es decir, se basa en un proceso excluyente en el que un alumno recibe la recompensa máxima y los demás reciben recompensas menores.
  • Estructura cooperativa. Se plantean objetivos conjuntos que solo se pueden conseguir si todos los estudiantes los alcanzan, de modo que todo el grupo se ve beneficiado y recompensado por los resultados obtenidos.

Teniendo esto en cuenta, se puede decir que lo ideal para favorecer una buena interacción entre alumnos en el ámbito académico es aplicar una estructuración cooperativa del aprendizaje, distanciada de la estructura individualista y competitiva de la escuela tradicional. Por tanto, hay que organizar la clase de forma que la función de enseñanza recaiga tanto en el docente como en el alumnado.

«La cooperación es la convicción plena de que nadie puede llegar a la meta si no llegan todos».

-Virginia Burden-

Formar grupos heterogéneos de interacción

La interacción entre los alumnos de un modo colaborativo implica la mejora de los siguientes aspectos:

Pero, para que esto tenga lugar, es importante que los agrupamientos creados para el trabajo cooperativo sean:

  • Reducidos: de tres a cinco estudiantes por grupo.
  • Heterogéneos: compuestos por alumnos con diferentes capacidades, motivaciones, necesidades, etc.Alumnos componentes de un grupo de trabajo.

En este sentido, cabe señalar que, para formar dichos equipos de composición diversa, hay que intentar mezclar a los niños y a las niñas en distintos grupos. Asimismo se deben valorar las posibles compatibilidades e incompatibilidades entre los compañeros de clase. Una vez se han tenido estas consideraciones en cuenta, el docente debe distribuir a los estudiantes en tres subgrupos:

  • Los que tienen más capacidades para ayudar. 
  • Los que necesitan más ayuda para realizar las tareas escolares. 
  • El resto de los estudiantes.

De esta manera, hay que incluir en todos los grupos, al menos, a uno de los alumnos pertenecientes a cada subgrupo. Por ejemplo, si se forma un equipo de cuatro personas, lo idóneo sería que estuviese compuesto por un miembro de los más capaces, un estudiante con ciertas necesidades educativas y dos niños que se encuentran en un término medio a nivel escolar.

Así, el alumnado, además de aprender conocimientos académicos, también adquiere habilidades para socializar y tratar con todo tipo de personas. 

“Si enseñamos a los niños a aceptar la diversidad como algo normal, no será necesario hablar de inclusión, sino de convivencia».

-Daniel Comín-

  • De la Corte, C. M. (2017). Relación entre iguales, personalidad y problemas de ajuste en escolares de primaria de Huelva (Tesis doctoral). Huelva: Universidad de Huelva.
  • García-Fernández, J. A. (1993). Interacción entre iguales en entornos de integración escolar: un ensayo de desarrollo profesional con profesores de educación infantil y de EGB (Tesis doctoral). Madrid: Universidad Complutense de Madrid.