Mis hijos y los de mi pareja no se llevan bien: ¿qué hacer?

Formar una familia reconstituida puede ser complicado para los niños. Si tus hijos y los de tu pareja no se llevan bien, aprende a entender sus emociones y ritmos y a facilitarles el proceso.
Mis hijos y los de mi pareja no se llevan bien: ¿qué hacer?
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín.

Última actualización: 05 noviembre, 2022

Nuestra sociedad cambia y, con ella, lo hacen también los modelos de familia. Hoy en día, en España y en otros países con legislaciones similares, cerca del 60 % de los matrimonios terminan en divorcio. Y muchos de ellos se disuelven tras haber tenido hijos en común. Cuando estos progenitores rehacen su vida con otras personas, el cambio puede ser complicado para los niños y es posible que surjan dificultades. Por ejemplo, si los propios hijos y los de la pareja no se llevan bien.

La custodia compartida es una realidad cada vez más frecuente. De hecho, se estima que esta es otorgada en más del 43 % de los casos de divorcio. No obstante, que el pequeño pueda asumir la disolución de su familia tal como la conoció y aceptar una nueva estructura en la que entran nuevas personas, puede ser todo un reto a nivel emocional. Por eso, si tus hijos y los de tu pareja no se llevan bien, no te alarmes, es posible que únicamente se requiera tiempo. No obstante, es importante tomar cartas en el asunto para garantizar el bienestar emocional de los menores y facilitar la situación.

¿Por qué mis hijos y los de mi pareja no se llevan bien?

Hay varios motivos que pueden estar detrás de esta situación. Antes de precipitarse a juzgar conviene analizar, conversar y mantener la calma para ver qué ocurre. Aun así, a continuación te contamos algunos de los motivos más frecuentes.

Están en momentos vitales diferentes

Es natural que dos niños que se llevan muchos años entre sí tengan dificultades para congeniar. Si un pequeño apenas comienza el preescolar y el otro está cerca de la adolescencia, se encuentran en etapas vitales muy diferentes. En consecuencia, difícilmente compartirán intereses o inquietudes.

La diferencia de edad de los menores o sus personalidades diferentes pueden ser factores que dificulten la relación de tu hijo y el de tu pareja.

Sus personalidades no son compatibles

Incluso si los niños son de edades similares, es posible que sus formas de ser sean muy diferentes. De la misma manera que a ti no te agradan todas las personas que conoces, a tu pequeño tampoco. Y puede que los hijos de tu pareja no sean las personas que naturalmente escogería como amigos. Ellos pueden tener intereses diferentes, valores opuestos o mostrar rasgos de personalidad de algún modo incompatibles que hacen que choquen entre sí o que no logren conectar a nivel personal.

Existe un problema de celos o inseguridad

No podemos obviar que tal vez el problema no sean los niños en sí mismos, sino la situación que atraviesan. Tal vez en otro contexto sí se hubiesen agradado mutuamente, pero al conocerse en un proceso de familia reconstituida todo se complica. Puede que tu pequeño sienta celos porque ahora también pasas tiempo con los hijos de tu pareja. Incluso, puede sentir miedo de perder tu amor o tu atención o a tener que dividirlos. Así, ve a los hijos de tu pareja como enemigos o competidores.

Hay lealtad hacia el otro progenitor

También es posible que un niño se niegue a relacionarse con la nueva pareja y sus hijos debido a una lealtad hacia el otro progenitor. Puede sentir que aceptar a esa nueva familia es una traición a su mamá o a su papá, y esto le hace sentir culpable. El rechazo puede sugerir entonces una intención de proteger los sentimientos del otro padre.

Aún no se ha gestionado el cambio familiar

Por último, es posible que tus hijos y los de tu pareja no se lleven bien porque aún están en proceso de gestionar la separación de sus padres y su cambio de vida. Por ejemplo, pueden tener aún deseos o esperanzas de recuperar su situación anterior. Igualmente, pueden sentir ira, tristeza o miedo.

¿Qué hacer si mis hijos y los de mi pareja no se llevan bien?

Si te encuentras en esta situación con tus hijos, hay algunas pautas que puedes seguir para facilitarles la transición. Te lo contamos.

La paciencia y la comprensión son muy importantes en esta etapa tan difícil para el niño. Lo mejor es hablar con él, acompañarlo y darle tiempo para que se adapte a la nueva familia.

Validar sus emociones

En primer lugar, sé paciente y comprensivo. Por supuesto que desearías que se adaptasen rápido a la nueva dinámica familiar, pero no los fuerces a hacerlo. En cambio, habla con ellos, pregúntales cómo se sienten, por qué no les agradan los otros niños y qué necesitan. Hazles saber que sus emociones son válidas, que las entiendes y que estás a su lado para acompañarlos.

Recordar que el amor no cambia

En segundo lugar, asegúrales que hay cosas que no cambiarán. Que son una familia (aunque te hayas separado de su otro progenitor) y que no perderán el amor, el afecto ni la posición que tienen en vuestras vidas. Recuérdales que aún les dedicarás tiempo a solas y que los hijos de tu pareja no son sus competidores.

Fomentar acercamientos

También, es una buena opción favorecer situaciones que resulten agradables y positivas para todos. Por ejemplo, compartir momentos en familia o realizar actividades del interés y del gusto de los menores. Al pasar tiempo con los otros niños dentro de un clima amable y relajado se puede propiciar un acercamiento que les permita conocerse mejor. Eso sí, es importante no forzar estas salidas y solo proponerlas como una alternativa.

Dar tiempo a los niños

Es necesario dar tiempo a los niños a que procesen sus pérdidas y duelos para que asuman su nueva realidad. Es posible incluso que necesiten acompañamiento psicológico para lograrlo.

En la relación debe primar el respeto

Te hemos compartido algunas sugerencias para lograr que tus hijos y los de tu pareja logren llevarse de la mejor manera. No obstante, si pese a los esfuerzos no logran congeniar, recuerda que no debe ser una obligación que así sea. En realidad, lo importante es que puedan tratarse mutuamente con respeto y consideración para poder convivir en paz. En definitiva, no podemos obligar a dos personas a gustarse y a llevarse bien.

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