Hijos que ningunean a sus padres

Fernando Clementin · 7 julio, 2018
Cuando un niño desmerece constantemente la atención que sus progenitores les proporcionan, hay algo que se debe corregir. La educación desde edades tempranas es clave para prevenir que surjan estas problemáticas.

Así como hay padres cuyo método de crianza incluye desatención, falta de afecto y maltrato, también hay niños que se dirigen de mala manera a los mayores. Es el caso de los hijos que ningunean a sus padres, un problema que afecta a muchas familias y que amerita una solución pronta.

Actitudes de los hijos que ningunean a sus padres

Un pequeño con esta conducta desafiante frente a los mayores se caracteriza por presentar a menudo y en diferentes circunstancias algunas de las siguientes acciones:

  • No quiere hacer caso ni obedecer las órdenes.
  • Las advertencias, amenazas o castigos no logran modificar en nada su comportamiento.
  • Desmerecen las acciones de los padres, incluso los buenos gestos y los presentes.
  • Buscan la independencia —incluso para cosas en las que no están preparados— y rechazan la ayuda de los mayores.
  • Rebeldía, maltrato verbal y negación a demostrar afecto a sus padres.

¿Por qué algunos hijos que ningunean a sus padres?

Como todo en la conducta de los pequeños, esto puede tener diversos orígenes y dependerá en gran medida de su carácter, educación y entorno. Sin embargo, si esta actitud se da exclusivamente con uno de los dos progenitores, puede que el pequeño tenga sentimientos negativos hacia uno de ellos.

Esto puede darse porque prefiere al otro, con el que puede compartir más tiempo, o porque está molesto u ofendido por alguna cuestión pasada. En todos los casos, lo mejor será indagar y conversar para arribar al fondo del asunto.

Muchos adultos se preguntan cómo actura ante los hijos que ningunean a sus padres.

Por otro lado, también se debe considerar que hay niños ‘difíciles’, cuyo temperamento los hace irascibles, contestadores y algo malcriados. Con mayor frecuencia, esto tiene raíces sociales en lugar de biológicas; ningún niño ‘nace malo’.

Estos infantes ejercen una forma de violencia psicológica; causan sufrimiento y dolor en los padres para colocarse en una situación de poder y dominio sobre ellos. Cuando se da de manera prolonga, este trastorno suele denominarse el síndrome del emperador.

Los padres deben mantener su autoridad y hacerla valer en estas situaciones; de lo contrario, el niño podría llegar a la adolescencia creyendo que tiene el poder sobre ellos, lo que sería un gran problema.

Cómo solucionar este conflicto

La forma de reaccionar de los padres también va a depender de la etapa de la niñez en la que se encuentre su hijo. Las dividiremos de la siguiente manera:

Bebés

Los niños menores de dos años de edad no comprenden muchas situaciones cotidianas. Por lo tanto, lo mejor es que sus padres no los obliguen a hacer nada que no quieran. Esto hasta podría reforzar aún más su conducta negativa.

Intenta justamente todo lo contrario: el buen trato, el afecto, las palabras cariñosas y las recompensas positivas servirán para que se vaya formando una relación de cercanía y respeto.

“Los hijos que ningunean a sus padres ejercen una forma de violencia psicológica; causan sufrimiento y dolor en los padres para colocarse en una situación de poder y dominio sobre ellos”

Niños de 2 y 3 años

Un error que muchos padres cometen es el de discutir con sus hijos como si fueran adultos. En su lugar, lo más aconsejable es mantenerse firme en la postura, pero con amabilidad, y siempre explicando las razones.

Así, con el tiempo, el pequeño comprenderá que todas las órdenes de sus padres tienen un por qué y las acatará, sobre todo cuando vea que le significan un beneficio.

Hay hijos que ningunean a sus padres y rechazan todas sus órdenes.

Niños de más de 4 años

En estos casos, cuando el niño ya ha comenzado su escolaridad, puede ser útil evaluar su comportamiento en el colegio. Además, desde este ámbito, puede promoverse un modelo de conducta que luego se traslade a la casa.

Además, el niño a esta altura ya se ha vuelto más consciente de que sus actos tienen consecuencias. Por lo tanto, el método de crianza implementado debe contemplar el respeto por las normas y la jerarquía de los padres.

Asimismo, es un buen momento para profundizar en la educación emocional de los infantes. Un valor clave aquí es la empatía; ellos deben aprender a reconocer que sus palabras y acciones pueden causar daño a quienes los quieren, incluyendo a sus padres.

En definitiva, cuando los hijos ningunean a sus padres, se hace necesario reforzar la idea de autoridad de los mayores. Pero esto no debe hacerse desde la imposición, el castigo o —mucho menos— la violencia, sino desde la educación diaria y afectuosa que todo pequeño merece.