El miedo a hacer daño a mis hijos o fobia de impulsión

Tú nunca le harías un mal a tu bebé, pero te asaltan pensamientos sobre dañarlo que te causan gran ansiedad. Esto se conoce como fobia de impulsión y les ocurre a muchas madres. Mira por qué.
El miedo a hacer daño a mis hijos o fobia de impulsión
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín.

Última actualización: 07 septiembre, 2022

Sabemos que, desde que eres madre, tu niño se ha convertido en lo más importante para ti. Lo adoras y procuras su bienestar a toda costa. Sin embargo, es posible que en ocasiones te asalten pensamientos aterradores que no sabes de dónde provienen. Y en ellos cabe la posibilidad de hacer daño a tu hijo. Si te ha ocurrido, probablemente te hayas sentido espantada y sumamente culpable, pero quédate tranquila, ya que esto le sucede a muchas madres y se conoce como fobia de impulsión.

De hecho, se estima que cerca del 40% de las madres con depresión posparto tienen este tipo de pensamientos. Y, aunque tú no la padezcas, puede que también los hayas experimentado. La realidad es que no debes temer, puesto que en la fobia de impulsión no hay riesgo real de dañar a tu pequeño. Todo se trata de una gestión inadecuada de tu contenido mental. A continuación, te explicamos por qué.

¿Qué es la fobia de impulsión?

La fobia de impulsión surge a raíz de un pensamiento acerca de hacernos daño a nosotros mismos o a otra persona. En el caso de la maternidad, ese suele girar en torno a lastimar a los propios hijos. Sin embargo, es necesario explicar que estos pensamientos realmente no tienen nada de particular, sino que es el impacto que causa a la mujer lo verdaderamente relevante.

La fobia de impulsión puede aparecer como consecuencia de la depresión posparto, la ansiedad u otros trastornos. En ocasiones, es necesario contar con ayuda profesional.

Pensamientos intrusivos

Tengamos en cuenta que una persona suele tener unos 60.000 pensamientos al día. Nuestra mente es un incesante ir y venir de ideas, las cuales en su mayoría no controlamos. Estas ideas automáticas no son deliberadas y pueden versar sobre todo tipo de cosas. Algunas pueden ser reales y otras no, así como algunas pueden estar alineadas con quienes somos y otras ser totalmente contrarias.

Por hacer un símil, podemos decir que la mente es como una radio en la que constantemente se emite música y nosotros somos los radioyentes. Es decir, que nosotros no decidimos lo que se emite y tampoco tienen por qué gustarnos todas las canciones.

Así, normalmente, cuando las personas tienen pensamientos intrusivos y desagradables (por ejemplo, acerca de dañar a alguien), simplemente no les dan importancia y pasan a otra cosa. Entienden que esa idea automática no les pertenece.

El problema surge cuando ese pensamiento causa tanto impacto y provoca tal malestar que no podemos quitar la atención de él y empieza a condicionar nuestra vida.

El miedo a hacer daño a mis hijos

En la maternidad, y sobre todo durante el posparto, los pensamientos intrusivos son muy comunes y suelen estar relacionados con dañar a los hijos. Por ejemplo, mientras una madre corta el pan para el bocadillo de su hijo, puede pensar lo siguiente: “¿y si ahora le clavase el cuchillo?”. O mientras la mujer sostiene a su pequeño en brazos en el salón de su casa, puede pensar “¿y si lo tiro por la ventana?”, o “¿si lo asfixio con una almohada?”.

No conviene utilizar mecanismos de evitación

Por supuesto, cuando surgen este tipo de ideas nos resulta aterrador. Sin embargo, en absoluto tienen que ver con los deseos o con las intenciones reales de la mujer. El problema es que, en ocasiones, le espantan tanto que termina otorgándoles veracidad. Es decir, que se plantea si de algún modo sería realmente capaz de hacerle ese daño a su niño.

Así, la madre no solo sufre una tremenda angustia, miedo y culpabilidad, sino que suelen ponerse en marcha ciertos mecanismos de evitación. Por ejemplo, intenta pasar el menor tiempo posible con el niño o procura nunca quedarse a solas con él porque se percibe a sí misma como un peligro. Esto limita enormemente su vida y el ejercicio de su maternidad, pero el temor es más grande.

Muchas veces la madre evita estar a solas con el niño por temor a hacerle daño. Sin embargo, lo más recomendable es afrontar el miedo y no condicionar la maternidad.

¿Qué hacer en esta situación?

Si has tenido este tipo de ideas, lo principal que tienes que comprender es que es muy normal. Todos tenemos ideas aberrantes que nada tienen que ver con quienes somos ni con nuestra voluntad. Lo que sucede en la fobia de impulsión es que ese pensamiento se ha convertido en algo obsesivo, le hemos dado una credibilidad que no tiene y se acrecienta a medida que le damos atención.

El verdadero problema es la interpretación que la mujer hace de ese pensamiento. “¿Será que realmente quiero hacerlo?”, “será que voy a hacerlo?”. Y la realidad es que no.

El simple hecho de que esa idea te parezca atroz, te cause tanto dolor y tanto miedo habla de cuán contrario es a tu verdadera voluntad. Tú sabes que nunca lo harías, pero quizá tienes miedo de perder el control de tu conducta. A este respecto, recuerda que ninguna idea es una realidad y que el hecho de que lo pienses no implica que lo vayas a hacer. En este sentido, puedes tomar en cuenta los siguientes consejos:

  • No dar credibilidad a esa idea. Debes entender que ese pensamiento no te pertenece realmente. Entonces, hay que soltarlo, dejar de alimentarlo y no darle credibilidad.
  • Abandonar la evitación. Esta medida solo incrementa el problema. Cuando te rehúsas a coger a tu bebé o a cuidarlo a solas, entras en un bucle que solo le da poder a ese pensamiento que en un inicio era irrelevante.
  • Afrontar el miedo. De ese modo, podrás comprobar que realmente tienes el control sobre tu conducta.

Busca ayuda profesional para tratar la fobia de impulsión

La fobia de impulsión puede aparecer de forma aislada, pero también como parte de alguna patología como la depresión posparto, el trastorno obsesivo-compulsivo o la ansiedad generalizada. Por ello, es posible que necesites buscar ayuda profesional para gestionar esta situación.

Hay diferentes grados de gravedad. En algunos casos, el solo hecho de comprender que ese pensamiento no es tuyo y dejar de evitar al niño pueda revertir la fobia de impulsión. Pero también es posible, y es lícito, que necesites apoyo y acompañamiento durante este proceso. Por eso, deja de culparte o de sentirte mala madre, trata de entender lo que sucede y pide ayuda si la necesitas.

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