Evitemos las etiquetas: cada niño es único y excepcional

Valeria 19 julio, 2016

Ese niño es “lento”, tu hijo parece “hiperactivo”, “eres una niña mala”…. Es necesario que evitemos las etiquetas en la educación de nuestros hijos, porque cada niño tiene su ritmo, su reloj interno y su maravillosa individualidad. Eduquemos niños felices, no personas iguales.

Podríamos decir sin equivocarnos, que hemos llegado a un punto en nuestros entornos educativo en que se cae en el error de catalogar como “patológico” muchas conductas que por sí mismas, son completamente normales. Las etiquetas actúan como profecías autocumplidas, no podemos olvidarlo, y de ahí, que debamos enfocar nuestro lenguaje y actitud hacia la paciencia, la intuición de necesidades y la atención individual.

De hecho, estamos seguros de que en más de una ocasión te habrá ocurrido lo siguiente: estar en un parque, en la guardería o en la escuela de infantil y que otras mamás se te acerquen para preguntarte ¿tu hijo aún no habla, no pronuncia bien? ¿no lee? ¿no sabe escribir todavía?

No te preocupes. Ese morbo por la adquisición de competencias es algo normal en muchos de nuestros contextos cercanos, no obstante, lo que importa de verdad son nuestros hijos. Te invitamos a reflexionar sobre el tema y descubrir unas ideas que merecen la pena que aclaremos.

Las etiquetas no siempre nos sirven para comprender mejor a un niño

El lenguaje tiene mucho poder y aunque no lo creamos puede hacer mucho daño. Pongamos un ejemplo, no es lo mismo decir “mi hijo es malo en matemáticas” que “mi hijo ha tenido problemas con las matemáticas este trimestre”. Lo más probable, es que si ese niño escucha la primera frase, interiorice de inmediato en su mente “yo soy malo en mates”.

En cambio, con la expresión “mi hijo tiene problemas con las matemáticas” ofrecemos una realidad más ajustada y constructiva: es una situación a solucionar y en la que debemos trabajar. Es un proceso, no un estado, no una etiqueta.

niño jugando

Los diagnósticos no son lo mismo que las etiquetas

Queda claro que en ocasiones, nuestros hijos presentan una serie de comportamientos, síntomas y características particulares ante los que necesitamos no una etiqueta, sino un diagnóstico. Saber por ejemplo que nuestro hijo es autista o que presenta algún problema del desarrollo es vital para poder ofrecerle las mejores estrategias de acuerdo a sus necesidades.

  • No obstante, y a pesar de recibir un diagnóstico determinado, es necesario que vayamos más allá de la simple etiqueta. Hay que tener en cuenta, por ejemplo que ningún niño con autismo es igual a otro, de ahí la necesidad de ver a nuestros hijos como personas excepcionales que van a necesitar de una serie de estímulos, afectos y conductas adaptadas a lo que ellos nos demandan, no a lo que la propia “etiqueta” nos dice.
  • Otro detalle a tener en cuenta es el propio estigma que algunos diagnósticos ocasionan, ahí donde una vez más las etiquetas hacen daño. Un niño con TDAH (trastorno de atención con o sin hiperactividad) no es un niño travieso, torpe, despistado, lento aún menos, “malo”.

Jamás debemos dejar que otras personas caigan en este tipo de términos alrededor de nuestros hijos. Las consecuencias que trae este tipo de verbalizaciones son muy negativas.

Etiquetas: profecías autocumplidas

Si en el cole me dicen que soy “lento”… ¿para qué esforzarme en cambiar si es lo que esperan de mí? En la mayoría de colegios y en muchas familias las etiquetas están al orden del día. Si un niño es introvertido y le gusta disfrutar de sus instantes de soledad, es un “niño raro”, si un niño es curioso, despierto y siempre tiene una pregunta para cada respuesta es un niño “inquieto”.

Niño revoltoso cazando luna

  • Es necesario evitar este tipo de categorizaciones donde existe un componente negativo (lento, malo, disruptiva, listilla, inquieto, torpe, raro, apagada…)
  • Una etiqueta es una palabra que el niño interiorizará para toda su vida, le servirá para compararse con otros y para convencerse a sí mismo de que no puede escapar de ese molde.
  • Las madres y los padres caemos casi sin querer en estas etiquetas cuando los niños hacen algo mal. Cuando rompen algo, cuando se portan mal, cuando suspenden en el cole no faltan esos adjetivos donde siempre hay un componente negativo.
  • Hemos de ser algo más intuitivos y hábiles con el lenguaje: “tienes que ir con más cuidado para que no vuelvas a romper cosas”, “te has portado mal, pero yo espero lo mejor de ti y no quiero que me defraudes, confío en que te portes mejor”, “has suspendido mates, tienes que esforzarte un poco más y verás como consigues superarlo”.

Los niños pasan por muchas etapas, por muchos ciclos donde irán madurando poco a poco y a su ritmo. No debemos caer en el peligro de ver “patologías” donde se necesita tiempo y paciencia, porque de lo contrario, corremos el riesgo de que su desarrollo emocional se vea afectado ante esas presiones externas.

Respeta, cuida, atiende y sé paciente con tus niños. Asimismo, no permitas tampoco que nadie de su alrededor cometa el error de atribuirle ninguna etiqueta. Nadie la merece.

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