El desarrollo del autoconcepto en los niños

Fernando Clementin · 24 enero, 2018
El autoconcepto es una creencia medianamente objetiva que podemos poner en palabras para describirnos frente a otros. Lo construimos desde pequeños, con cada una de las experiencias e interacciones que tienen lugar en nuestro día a día.

El autoconcepto es, básicamente, la imagen o percepción que uno tiene de sí mismo. A diferencia de la autoestima, este se puede exteriorizar mediante palabras.

Como casi todos los rasgos de la personalidad humana, se forma desde una edad temprana. Por eso, el autoconcepto en los niños es algo que merece nuestra atención.

Cuando le dices a otra persona frases como “soy perezoso”, “soy hábil para las matemáticas” o “me considero una persona tolerante a las diferencias”, no estás haciendo más que expresar tu visión sobre ti. Es decir, tu autoconcepto.

Este se forma a través de los diferentes juicios sobre las características y capacidades que vas adquiriendo a lo largo de tu vida. Estas valoraciones se descubren a través de la relación con el entorno.

A medida que surgen nuevos desafíos y cuando nos relacionamos con las demás personas nos damos cuenta de nuestros puntos fuertes y débiles.

“Demasiadas personas sobrevaloran lo que no son e infravaloran lo que son”
–Malcolm S. Forbes–

Diferencia entre autoconcepto y autoestima

Vale la pena distinguir entre estos términos, frecuentemente confundidos. El autoconcepto es una creencia medianamente objetiva que podemos poner en palabras para describirnos frente a otros.

La autoestima, en cambio, es una valoración personal que no se expresa en palabras. Para ponerlo en un ejemplo concreto, podemos decir “soy un buen atleta”, pero no podemos explicar la carga emocional que eso genera en nuestra personalidad.

El autoncepto en los niños colabora con sus posibilidades de tener éxito en sus vidas.

¿Cómo se forma el autoconcepto en los niños?

Como señalamos previamente, el autoconcepto es una construcción paulatina que comienza en la niñez. El primer “espejo” en el que el niño se observa para evaluarse es la familia. Por eso es tan importante que los padres sean cuidadosos con las críticas y medidos con los elogios.

Estas son algunas recomendaciones que se pueden seguir para una correcta formación del autoconcepto:

  • Señala virtudes en público y corrige en privado. Remarca los logros, las actitudes positivas y las habilidades sobresalientes para que su confianza aumente y se crean personas capaces y seguras de sí mismas. Si hay algo malo que apuntar, procura hacerlo en casa.
  • Destaca eso que lo hace particular. Cada persona es única y tiene sus particularidades. Enséñale que todos tenemos algo que nos hace ser quien somos y lo debemos saber valorar.
  • Estimula su capacidad crítica. En lugar de darle soluciones a todo, fomenta la capacidad de encontrarlas por su cuenta. Enséñale a cuestionar, a formar su opinión y a tomar una postura sobre un tema. Se sentirá mucho más independiente al lograrlo.
  • Escucha su opinión. Es importante para el autoconcepto en los niños saber que su palabra cuenta y es considerada. De lo contrario, se formará en él la creencia de que su voz no merece ser respetada.

La escuela, segundo escenario de construcción del autoconcepto

Así como la familia es el primer eslabón de la extensa cadena que es la vida social de una persona, el colegio es el segundo.

Allí, el niño establece sus primeras conexiones independientes con el mundo exterior. Es donde se relaciona por su cuenta con los demás pequeños.

Por eso la escuela también es un ámbito donde el autoconcepto en los niños adquiere su forma. Esto se da a través de la realización de las siguientes actividades:

  • Comparación con las capacides de los demás alumnos y las suyas.
  • Interacción y retroalimentación con sus compañeros.
  • Valoración que la maestra hace de él.
  • Realización de las actividades demandadas de la manera esperada.
El autoconcepto se forma desde que somos niños.

¿Por qué es importante la formación del autoconcepto?

La imagen que una persona tiene de sí misma determinará su actitud frente a muchos aspectos de la vida. Desde lo laboral a lo social, incluyendo hasta facetas como la sexualidad, se verán influenciadas por lo que nos sintamos capaces de hacer o lograr.

Quienes tienen un autoconcepto malo presentan problemas en las relaciones sociales, en la manifestación de sus sentimientos y también en el rendimiento educativo o laboral. Incluso en casos graves pueden generarse cuadros de depresión.

El autoconcepto es un factor clave de la personalidad de la persona. Si la percepción de uno mismo es positiva, en el futuro será una persona optimista y confiada de sus posibilidades. Además, tendrá asertividad e incluso podría erigirse como líder de un grupo.

Si, en cambio, las experiencias y las valoraciones exteriores forman un autoconcepto deficiente, el niño crecerá desconfiando de sus aptitudes. Esto, además, podría generar una autoestima baja, que produciría diversos efectos negativos en el transcurso de su vida.

“Eres muy poderoso, siempre y cuando sepas lo poderoso que eres”
–Yogi Bhajan–

Como conclusión, podemos establecer que uno de los mejores favores que los padres pueden hacer es colaborar con la gestación del autoconcepto en los niños. Un simple gesto o una palabra de apoyo, aunque sea una vez al día, pueden formar en el niño una sensación de determinación para lograr los objetivos planteados.