Diarrea amarilla en niños: causas y tratamiento

La coloración de las heces muchas veces nos orienta hacia el diagnóstico de algunas enfermedades. Hoy te vamos a contar qué nos dicen las diarreas amarillas sobre la salud de nuestro niño.
Diarrea amarilla en niños: causas y tratamiento
Sandra Golfetto Miskiewicz

Escrito y verificado por la médico Sandra Golfetto Miskiewicz.

Última actualización: 14 agosto, 2022

La diarrea amarilla en los niños pueden deberse a múltiples causas. Si bien existen algunas que son fisiológicas (como las heces de los bebés pequeños), en otros casos nos permiten sospechar patologías específicas. Así, tener en cuenta qué indica el color de las heces en la infancia nos ayuda a orientar mejor las acciones a seguir.

En general, la mayor parte de las enfermedades que se manifiestan a través de las diarreas amarillas indican un déficit en la absorción de las grasas a nivel intestinal. De hecho, son estos elementos los que le dan el color característico a estas deposiciones.

¿Quieres conocer qué patologías pueden cursar con diarrea amarilla y qué hacer para tratarlas? Entonces, no dejes de leer.

¿Por qué se produce la diarrea amarilla en los niños?

Antes que nada, hemos de aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de diarrea. Se define como tal a aquellas deposiciones abundantes que superan los 200 gramos al día o a la eliminación de tres o más deposiciones líquidas en menos de 24 horas. También puede considerarse diarrea a aquellas heces blandas o líquidas que superan el patrón habitual del niño, que sería el caso de la diarrea en los lactantes.

Además de las pérdidas fecales, la diarrea puede acompañarse de otros signos y síntomas, como la pérdida del apetito, el dolor abdominal, los vómitos, la fiebre y en ocasiones, la presencia de sangre, moco o pus en las heces.

A continuación, vamos a explicar cuáles son las causas más comunes de diarrea amarilla en niños. ¡No dejes de leer!

Alimentos

Algunos comestibles pueden ablandar y teñir las cacas de los niños y dar así la impresión de una diarrea. Estos son la batata, la cúrcuma, la zanahoria o comidas con alto contenido en grasa. 

Sin embargo, si el pequeño presenta heces acuosas que persisten más de 24 horas, aunque haya ingerido estos alimentos previamente, es preciso descartar una causa infecciosa.

Es importante considerar que muchos alimentos o especias pueden teñir a las heces del niño de distintos colores. No obstante, si se acompañan de signos sugestivos de diarrea, hay que descartar otras causas patológicas.

Infecciones gastrointestinales (gastroenteritis)

Las infecciones del tubo digestivo muchas veces se asocian a la ingesta de alimentos en mal estado o simplemente, contaminados por distintos microorganismos patógenos.

Uno de los ejemplos más conocidos es la giardiasis, una infección gastrointestinal causada por el parásito llamado Giardia lamblia, el cual ingresa al organismo humano a través de la ingesta de agua o de alimentos contaminados. Este cuadro se caracteriza por generar una diarrea prolongada (de más de 2 semanas), distensión abdominal, dolor cólico, muchas flatulencias y la eliminación de heces explosivas y malolientes. Debido a la inflamación intestinal que el parásito produce, las grasas no se procesan adecuadamente y por ende, las heces son amarillas y flotan en el váter.

Trastornos gastrointestinales

Además de las causas infecciosas, existen otras patologías inflamatorias del tubo digestivo que pueden manifestarse con una diarrea amarilla:

  • Enfermedad celíaca: es una enfermedad autoinmunitaria que se exacerba ante la presencia de gluten en el intestino. Los síntomas más llamativos en los niños incluyen dolor abdominal, aftas bucales, artritis, pérdida de peso y esteatorrea (grasa en las heces).
  • Síndrome de Gilbert: es una afección congénita que afecta la eliminación de la bilis desde el hígado hacia el intestino. En este caso, el signo más característico es la coloración amarilla de la piel (ictericia), pero al no haber procesamiento adecuado de las grasas en el intestino, estas se expulsan con las heces y suelen teñirlas de amarillo.
  • Trastornos de la vesícula (cálculos biliares o las obstrucciones del conducto biliar): estos elementos interfieren con la salida de las sales biliares desde el hígado hacia el intestino y, por lo tanto, parte de las grasas no se reabsorben y son expulsadas con las heces.
  • Pancreatitis: es la inflamación del páncreas, la cual puede interferir en la digestión de las grasas en la luz del intestino.
  • Fibrosis quística: es una enfermedad hereditaria que afecta las glándulas exocrinas de múltiples órganos, como las del sudor, de las secreciones respiratorias y las intestinales (como el páncreas).

Es importante acotar que la coloración amarilla de las heces en los casos de afectación de la vía biliar suele ser transitoria, pues si el trastorno persiste en el tiempo, las cacas se tornan de color blanco o grisáceo.

Tratamiento de las causas de diarrea amarilla en niños

En general, la diarrea amarilla de los niños suele estar asociada a infecciones virales o bacterianas y, salvo en casos puntuales, no se tratan con antibióticos. Pero es preciso realizar un seguimiento cercano del niño con diarrea a fin de controlar el estado de hidratación y prevenir o atender oportunamente la deshidratación.

A continuación, te compartimos algunas estrategias de manejo habitual de la diarrea amarilla.

Asegurar una hidratación suficiente

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) los síndromes diarreicos afectan a más de 1.700 millones de niños en el mundo y esta patología es la responsable de muchas muertes en los niños menores de 5 años. Estos pequeños son particularmente vulnerables a la deshidratación debido al mayor porcentaje de agua corporal que tienen y porque, además, dependen del adulto para acceder a los líquidos.

Así, mantener a los niños bien hidratados durante los períodos de diarrea es sumamente importante y esto se puede lograr de la siguiente manera:

  • Si la deshidratación es leve, se puede mantener la misma frecuencia de administración de leche materna, en el caso de que estén en período de lactancia exclusiva. Se debe mantener la libre demanda, pero controlar que no pasen más de 4 horas sin alimentarse en el caso de que las pérdidas sean recurrentes.
  • En los niños mayores, se recomienda mantener la hidratación con agua y con soluciones de rehidratación oral (SRO). La clave está en ofrecer volúmenes pequeños pero con mayor frecuencia de lo habitual y asegurar una cantidad diaria acorde al peso y a las pérdidas. Este dato debe ser brindado por el profesional de salud que evalúe al pequeño.
  • En casos en los que el niño no pueda hidratarse por boca o que manifieste signos de deshidratación avanzada, debe ser revalorado a fin de determinar la necesidad de hidratación endovenosa.

Se desaconseja el uso de bebidas energéticas para reponer agua durante una diarrea, pues la concentración de minerales y electrolitos no es adecuada para los infantes y además, tienen alto contenido de azúcar. Aunque mejoren el sabor de la bebida, los hidratos de carbono en el intestino incrementan aún más la pérdida de agua por las heces.

Ofrecer una dieta astringente

Tan pronto como el pequeño tolere líquidos y muestre intenciones de comer, es necesario reiniciar la dieta. Eso sí, se deben evitar los alimentos con alto contenido en grasas, agua y fibras, porque promueven la pérdida intestinal. Estos son la papaya, los cítricos, el tomate, las ciruelas, las coles, los cereales y los lácteos.

Niño comiendo puré de verduras como parte de un menú para bebés de 18 meses.
Pueden ofrecerse algunas verduras cocidas (papa, batata, zapallo naranja), carnes magras, arroz, fideos, caldos o compota de manzana. A medida que el cuadro cese, se podrá retornar poco a poco a la dieta habitual.

Considerar el uso de fármacos en situaciones especiales

En algunos casos de diarreas prolongadas, el pediatra puede indicar el uso de probióticos para normalizar la flora intestinal dañada. Estos compuestos no son más que cepas de bacterias vivas en pequeñas cantidades, las cuales ayudan al crecimiento de las bacterias “buenas” del intestino.

En el caso de que la diarrea amarilla sea por una infección, se determinará el uso de antibióticos o antiparasitarios según cada caso. La decisión estará basada en las características del niño, del germen causal y de la severidad del cuadro clínico.

No se debe automedicar a un niño con diarrea bajo ningún concepto.

Algunas consideraciones sobre las diarreas del viajero

En la actualidad es común que los niños acompañen a sus padres en viajes y las diarreas del viajero en esta población son muy frecuentes. El difícil acceso a centros de salud en las zonas rurales, los viajes largos o la falta de controles médicos previos a las vacaciones pueden favorecer a la aparición de algunas complicaciones.

Por eso, si estás planeando un viaje con tus hijos, es importante que consultes con el pediatra qué hacer en casos de emergencia ante una diarrea o una deshidratación. También, localizar centros de salud cercanos a la zona que vayan a visitar para poder actuar rápido ante cualquier inconveniente.

No se recomienda el uso de antidiarreicos, como la loperamida, en niños pequeños y lactantes.

¿Cuándo consultar al médico por una diarrea?

Es frecuente que los padres consulten al médico cuando el bebé o el niño presenta diarrea. Pero es común que los adultos no estén familiarizados con los signos y síntomas de alarma que sugieren una emergencia. Estos son los siguientes:

  • Taquicardia, ojos hundidos, palidez y frialdad en la piel.
  • Irritabilidad extrema o letargo.
  • Heces con sangre.
  • Vómitos biliosos (verdes).
  • Petequias en cualquier parte del cuerpo.
  • Dolor abdominal intenso o distensión extrema. 

Ante la presencia de cualquiera de las manifestaciones mencionadas, es preciso concurrir al centro de salud más cercano lo antes posible.

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