Desintegración familiar: modalidades y efectos sobre los niños

Sara González · 5 diciembre, 2017
Los graves efectos que puede causar la desintegración de una familia en los más indefensos del núcleo familiar, esto es, los niños, son muchas veces poco conocidos y subestimados. Te mostramos sus principales modalidades y consecuencias.

En la actualidad, un problema que está realmente patente y al que no se le presta la atención necesaria es la desintegración familiar. Algo que lleva ocurriendo desde el comienzo de nuestra historia pero que se acrecienta a pasos agigantados de año en año. Aunque, en realidad, pocos conocen los graves efectos que puede causar la desintegración familiar en los más indefensos del núcleo: los niños.

Sin embargo, el concepto todavía no es conocido al detalle en la sociedad porque, aunque se tenga una idea generalizada, es necesario profundizar en ella. La desintegración familiar es donde queda recogido, no únicamente que los padres estén divorciados, sino que, viviendo bajo el mismo techo, el conflicto está presente constantemente, no se tienen los mismos objetivos y no se cumplen las funciones básicas de toda familia (alimentación, cariño, afecto y educación).

Modalidades de la desintegración familiar

En la sociedad actual, el concepto de desintegración puede tener diversas particularidades y, con ello, dar lugar a diferentes versiones. A continuación, pasaremos a mostrar ciertas situaciones que pueden darse en el entorno familiar.

Los efectos del divorcio sobre los niños no siempre son los que esperamos.

Este, normalmente, es un sentimiento pasajero que puede verse solucionado con muestras de amor y dedicación por parte de los progenitores. De este modo, el niño podrá seguir con su vida normal sin que su salud mental se vea demasiado afectada.

Es lógico que, sea cual sea el motivo o la situación, el niño vaya a sufrir en un primer momento, ya que tiene miedo y se siente inseguro de que sus padres puedan separarse definitivamente y su familia nunca vuelva a permanecer unida.

  • Una separación amistosa con custodia compartida. Este es un caso que no supone demasiada gravedad en la mayoría de los casos, porque el negocio se lleva a cabo como aceptación de ambas partes. Provocado por un desgaste de la relación o porque ya no era como antes. Aparece aquí también el contexto de custodia compartida, por lo que los traumas del niño se minimizan e incluso puede que no se vea afectado porque la atención de sus padres hacia su hijo es la misma.
  • Ruptura poco agradable y problemas con la custodia. En el momento en el que uno de los miembros le ha hecho daño al otro en cuestiones de mentiras o infidelidades y hay un juicio para decidir la custodia, dará comienzo una situación indeseable y perjudicial para el niño.
  • Divorcio con violencia familiar. Esta, sin duda, es la situación más grave. El niño ha tenido que sufrir una situación muy dramática con violencia familiar de por medio, hacia la madre o el padre e incluso hacia los hijos. Vivir este horror durante una temporada, acompañado de gritos, insultos o vejaciones, afecta gravemente al niño, tanto que necesitará ayuda psicológica para lograr superarlo y poder continuar su vida.

Cuando se da este caso, es esencial evitar los insultos, la alineación parental y la manipulación de los hijos para intentar que se posicionen. Por mucho daño que nos haya causado nuestra pareja, no debemos poner a los niños en su contra y mucho menor utilizarlos en el proceso de divorcio.

Ayudar al niño durante el divorcio es necesario para él.

Efectos de la desintegración familiar sobre los niños

Lo ideal sería optar por la protección de los niños ante todo e intentar que esa situación les afecte lo menos posible. Hay que procurar que la relación con ambos sea normal y la rutina no se altere, algo que resulta vital.

De otro modo, es ciertamente probable que el problema de desintegración familiar les afecte de tal modo que les cause daños casi irreversibles y les haga adoptar conductas como regresiones infantiles, problemas con el sueño, pérdida del apetito, estrés o ansiedad, fracaso escolar o repetición de acciones violentas.

“En cualquier proceso de separación lo primordial es que los niños estén bien”

Estas, si no son tratadas a tiempo, pueden prolongarse hasta la adolescencia. En la que, lo más común, es la aparición del sentimiento del odio hacia los padres, especialmente al que consideren como más culpable si es que lo hay.

La desintegración es un verdadero problema, tanto si hablamos de familia como si lo trasladamos al ámbito infantil. No siempre las cosas pueden salir bien en lo que respecta a cuestiones de pareja, pero lo que hay que intentar por encima de todas las cosas es que no afecte o que lo haga en la menor medida posible al desarrollo de los niños, ya que les pueden quedar secuelas de por vida.