Consecuencias de la hipersexualización de las niñas

Amanda Sánchez Peralta · 24 mayo, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Elena Sanz Martín el 24 mayo, 2020
Sexualizar la imagen y las actitudes de las niñas es antinatural y realmente perjudicial para su desarrollo. Por ello es imprescindible que cuidemos su infancia como un tesoro.

La hipersexualización de las niñas es un proceso que se ha dado en los últimos tiempos con mayor contundencia y aprobación general. Pero se trata de una situación riesgosa en la cual se exalta de sexualidad de las pequeñas sin necesidad de esto. Los medios se han encargado de presentar a niñas en actividades de adultos, maquilladas, usando tacones y preocupándose por elementos estéticos fuera de su edad.

Tanto el vestuario como la actitud de las niñas tienden a ser sexualizados de manera ilógica, pues el propósito es que no luzcan como niñas sino como adultas. En tal sentido, al parecer se crea una especie de objeto para atraer a un mercado fashionista que deja casi sin efecto la verdadera esencia infantil.

La moda de las niñas hipersexualizadas crece a medida que las madres comienzan a dar argumento a la explotación comercial que los medios hacen de este patrón. Esto se evidencia en la creación de concursos y programas basados en la competencia de belleza, modelaje, publicidad, baile y cualquier contenido para nada inofensivo.

Con la aprobación de mamá

Es imposible que una niña comience a ser víctima de la hipersexualización sin la aprobación de sus padres o sin que la madre esté de acuerdo y sea cómplice. Por lo general es la madre quien siente interés en que su hija se presente como princesa. Tal vez por el orgullo de verla lucir más hermosa, quizá por hacer realidad su propio sueño frustrado.

Lo cierto es que desde cualquier ángulo se puede establecer la responsabilidad principal de los progenitores. Algo mucho más grave si median intereses económicos. Sin embargo, queda claro que cada padre tiene la última palabra sobre las decisiones que tome con su hijo.

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Las madres somos el primer modelo de feminidad que tienen las niñas, por eso es importante que decidamos qué ejemplo queremos darles. Si evitamos la hipersexualización en nosotras mismas podemos ayudar mucho a nuestras niñas. Por su lado, el padre como figura masculina principal debe manifestar que valora a la mujer como lo que es y no como un objeto.

La hipersexualización de las niñas no es inocua

Según los expertos las consecuencias de la hipersexualización pueden ser terribles en cuanto a su desarrollo, sobre todo porque se les podría estar vendiendo como un “objeto sexual”. Las niñas van concibiendo patrones de origen sexual de una manera natural, lo cual las hace vulnerables ante los posibles ataques. Es decir, comienzan a ser tratadas como objetos de exhibición, donde lo más importante es lucir bien y ser observadas con “admiración”.

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Por consiguiente, las pequeñas se vuelven más dependientes, sensibles y vulnerables ante las críticas y la presión. Una niña hipersexualizada podría enfrentar consecuencias graves en su autoestima, su salud y sus relaciónes sociales.

Efectos de la hipersexualización en el desarrollo:

  • Trastornos relacionados a la conducta alimentaria, como la anorexia; puesto que por lo general tratan de ser modelos con delgadez extrema.
  • Inversión de su esfuerzo total en cultivar su imagen y apariencia física, infravalorando su desarrollo personal, profesional y espiritual.
  • Descontextualización del mundo real. Viven inmersas en un “mundo virtual” en el cual son princesas, modelos exitosas o celebridades.
  • Tienen un riesgo mayor de embarazo precoz, pues son vistas como adultas desde muy jóvenes.
  • Se adelantan a etapas que no le corresponden, impulsada por la presión social que existe en la actividad en la cual se destaca.
  • Crea su autoestima en base a su imagen corporal y atractivo físico. Así, el valor principal es la belleza exterior y el deseo que puede inspirar en el género masculino.
  • Forma su identidad personal en patrones de belleza que de adulta podría no alcanzar o que se pierden con el tiempo. Esto la hace propensa a sufrir frustración y hasta depresión. 
  • Se educan en torno a elementos superficiales, donde la apariencia, el rosa, la talla, el maquillaje y los principales cánones de belleza son el tema de conversación básico.
  • Podría enfrentarse a la pobreza y dependencia, por la falta de educación y búsqueda del desarrollo profesional.
  • Son más propensas a ser estafadas con falsas promesas de éxito.

Permítele ser niña

Es imprescindible que cuidemos la infancia de las niñas como un preciado tesoro. Evitemos contaminar esta etapa crucial con presiones adultas, y ayudémosles a crecer sintiéndose fuertes, inteligentes y válidas.

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