Enseña a tu hija a que no tiene por qué ser una princesa

¿Alguna vez te has preguntado cuál es tu concepto de lo que es una princesa? Si no lo tienes muy claro, a continuación te comentamos más acerca de este fascinante tema.

Una princesa puede ser de muchas formas. Ahora bien, lo que toda madre desea cuando expresa que quiere que su hija sea ”toda una princesa” es que sea una joven hermosa, por dentro y por fuera, capaz y llena de dones maravillosos que irradien un halo de positividad a su alrededor.

El patrón propio no siempre debe imponerse

Para que una hija pueda ser una verdadera princesa, lo primero que debemos hacer es liberarla de nuestro propio patrón de crianza.

Muchas veces tenemos un patrón poco sano que mantenemos sin darnos cuenta. Dicho patrón puede afectar la educación de nuestras hijas e incluso, nuestra relación afectiva.

¿Cómo? A través del efecto Pigmalión negativo, prejuicios, experiencias propias y otros elementos que pueden llevarnos a desestimar alternativas, modelos y muchas más cuestiones que pueden resultar muy beneficiosas. Solo que, por miedo, por desconfianza o por una mala experiencia, no queremos que estén presentes en la vida de nuestras hijas.

Por otra parte, si tenemos un patrón de crianza positivo, lo primero que debemos aprovechar es el factor de la flexibilidad. De esta manera, podremos adaptarnos mejor a las diversas situaciones que surjan y, sobre todo, favorecer la infancia de nuestras hijas.

Otro aspecto importante que, aunque es evidente debemos recordar, es que lo importante es el afecto y no las apariencias. Es decir, para criar a una princesa no hace falta vestirla con abalorios, coronas y demás.

Sí, son accesorios adorables que sirven para pasar un rato divertido o para tomar una linda fotografía pero no deben, jamás, imponerse al cultivo de ese jardín de interior que la niña llevará consigo toda su vida. Tanto el afecto que le brindemos como esa educación rica en amor propio, serán lo que realmente trascienda en el tiempo y espacio.

También debemos brindarle a nuestra pequeña princesa, todas las herramientas necesarias para que pueda superar las dificultades con gracia y soltura. La clave está en mantener un equilibrio, como todo en esta vida.

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Una princesa de verdad es un ser integral

Una princesa puede tener diversos aspectos y gustos muy variados. No todo se reduce a la imagen de las princesas Disney. En la realidad, cualquier niña puede ser una princesa.

Ahora bien, el día de mañana, las niñas que serán unas princesas de verdad serán aquellas que logren convertirse (con ayuda de algunas figuras, como la de mamá) en seres humanos íntegros. En otras palabras, deben tener una belleza interior que reúna los siguientes aspectos:

  • Empatía.
  • Firmeza.
  • Bondad.
  • Resiliencia
  • Diligencia.
  • Inteligencia.
  • Paz interior.
  • Espontaneidad.
  • Responsabilidad.
  • Entereza moral.
  • Capacidad resolutiva en la toma de decisiones.

Una princesa debe ser capaz de pensar y actuar coherentemente, conocerse bien a sí misma, resolver las inquietudes y dificultades, y tener equilibrio emocional para poder tener bienestar. Para ello, debemos enseñarles, desde temprana edad, que lo importante es que sean felices y únicas.

Para tener una princesa no es necesario pagar una escuela costosa, rodear a la niña de lujos innecesarios y de ofrecerle más allá de tus posibilidades. Se trata de una cuestión de actitud.

¡Ojo! No se trata de estigmatizar la imagen de las princesas Disney. Al contrario, se trata de ir más allá de los aspectos que ofrecen estas. Se puede decir que su imagen sirve como una base.

“Una mujer original no es aquella que no imita a nadie, sino aquella a la que nadie puede imitar”.

– María Félix-

girl-878264_640Toda princesa debe disfrutar de su libertad

La psicóloga Mireia Trias Folch afirma que: debemos dejar jugar a nuestras hijas a las princesas porque el juego ayuda a madurar.

“Cuando una niña juega a las princesas, inventa una especie de cuento, habla de ella, de sus deseos y temores, organizándolos en un relato, dándole sentido a su existencia”– Folch.

A la antropóloga Apen Ruiz, restringir el juego le parece contraproducente. “Algunos estudios muestran que si las madres son contrarias al deseo de las niñas a ser princesas, estas pueden interpretar este rechazo como ‘mi mamá no quiere que sea una niña’, porque para ellas ser niña está asociado al papel de princesa”.

Añade que otros estudios detectan que las niñas reinventan papeles al jugar a ser princesas, con lo cual consumen el producto pero no de forma pasiva.

La periodista Marta Selva también opina que “hay que frenar la capacidad invasiva de las princesas, pero no de manera coercitiva”. El problema no sería que las niñas jueguen a princesas, sino en limitar el concepto de lo que es una princesa.

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