Cómo prevenir problemas de conducta

16 mayo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz Martín
Definir las reglas, escuchar al niño y poner el foco en lo positivo son algunas pautas que te ayudarán a prevenir los problemas de conducta.

Los niños son seres dulces e inocentes que despiertan nuestra ternura. Sin embargo, no debemos olvidar que están en pleno proceso de descubrir el mundo y a sí mismos y, en ocasiones, se desbordan, se despistan o no actúan de la mejor forma posible. Para acompañarlos en este proceso, te mostramos algunas pautas para prevenir problemas de conducta.

¿Qué son los problemas de conducta?

Hasta el niño más noble tiene momentos en los que discute o se muestra agresivo o desafiante. Es perfectamente normal y saludable, ya que está aprendiendo a desenvolverse en el mundo y a lidiar con sus emociones.

Algunos de los problemas de conducta más frecuentes que podemos encontrar en los niños son:

  • Contesta de forma irrespetuosa.
  • Miente.
  • Se muestra enfadado con frecuencia.
  • No obedece y muestra resistencia a la autoridad.
  • Se muestra desafiante, rencoroso o vengativo.
  • Culpa a otras personas de asuntos que son su responsabilidad.Cómo prevenir problemas de conducta.

Todas estas conductas son normales en ciertos momentos de su crecimiento. Solo en el caso de que estas persistan en el tiempo, sean graves o no se correspondan con la etapa evolutiva del niño, podrían considerarse un trastorno de conducta o de externalización. En este caso, lo más prudente sería buscar ayuda profesional para recibir el tratamiento adecuado.

Sin embargo, muchas veces las conductas disruptivas son ocasionales y están motivadas por causas comprensibles y de fácil solución. Es necesario, entonces, detenernos un momento a pensar antes de catalogar el comportamiento como un problema de conducta.

En ocasiones, aspectos tan simples como estar cansado o hambriento pueden ser los causantes. La sobreestimulación o el déficit de la misma también puede conducir al niño a actuar «mal», puesto que no posee aún los recursos para autorregularse. O, quizá, es simplemente que no le hemos explicado claramente al pequeño cuál es la conducta adecuada y esperable en esa situación.

Sea como fuere, nunca debemos dejar de tener en cuenta que los niños son enérgicos, curiosos y activos, y no podemos pedirles que actúen como adultos en miniatura.

Claves para prevenir problemas de conducta

Siguiendo algunas pautas generales desde el principio, es posible prevenir problemas de conducta en nuestros niños.

Define reglas claras

Es muy importante comunicarle al niño cómo van a ser las situación con las que se va a encontrar, y qué conducta se espera de él en dicha situación.

Explícale también las consecuencias que se derivarán de un buen y un mal comportamiento, centrándote, sobre todo, en las consecuencias naturales y no en castigos impuestos. Es decir, si va a un hospital, explícale que, si grita, puede despertar a una persona enferma que necesita descansar, en lugar de amenazarle con un castigo.

Trátale siempre con respeto para prevenir problemas de conducta

Un error que muchos padres cometen es creer que sus hijos son sus posesiones. Nunca olvides que tu pequeño es un ser humano y merece ser tratado con respeto y dignidad. Así que, no le chilles, le insultes o le humilles. Al contrario, háblale con un tono de voz calmado, escucha sus motivos y conversa con él.

Intenta poner siempre el foco en la conducta apropiada

Muchas veces, sin darnos cuenta, prestamos más atención a lo que el niño hace mal que a lo que hace bien. Le repetimos continuamente sus errores y le retiramos nuestra atención cuando está tranquilo y calmado. Trata siempre de resaltar sus virtudes y sus logros, y prémialo con tu atención siempre que actúe correctamente. Cómo prevenir problemas de conducta.

Mantén la calma

Si ante la conducta de tu hijo te desesperas, levantas la voz o pierdes el control, no lograrás ningún beneficio e, incluso, puede salir perjudicado vuestro vínculo. Usa un tono firme pero calmado para dirigirte a él, siendo, de esta manera, tú misma un modelo de conducta.

Más acción, menos palabras

Muchas veces tenemos la tendencia a enredarnos en discursos y explicaciones sobre por qué nos disgusta o nos enfada lo que el pequeño ha hecho. Esto, generalmente, suele desembocar en una discusión poco fructífera. En su lugar, limítate a aplicar las consecuencias previamente acordadas con el niño, sin enfadarte ni recriminarle. En definitiva: actúa con amor.

Aproximaciones sucesivas

Trata de no centrarte solo en la consecución de la conducta final y valora cada pequeño paso que el niño da en la dirección adecuada. Incluso un esfuerzo por su parte, aunque no haya logrado lo esperado, debe ser reforzado y tenido en consideración.