¿Cómo actuar ante los comportamientos regresivos de los niños?

05 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
¿Tu hijo vuelve a mojar la cama, rechaza alimentos que antes comía o actúa de nuevo como un bebé? Descubre lo que esconden estos comportamientos regresivos.

Los comportamientos regresivos son un fenómeno relativamente frecuente en los niños, pero que puede sorprender o incluso alarmar a los padres. Estos consisten en que el infante vuelve a realizar conductas de etapas evolutivas anteriores que ya parecían superadas. Si bien, en principio, no hay de qué preocuparse, es conveniente conocer en qué consisten estas conductas y cómo se puede actuar cuando aparecen.

Si tu hijo vuelve a mojar la cama o comienza a chuparse el dedo de nuevo, mantén la calma. Las regresiones son un modo de afrontamiento que ayuda a los niños a sobrellevar la angustia ante situaciones estresantes. No obstante, es importante reconocer el sentimiento que intentan mostrar y ayudarlos a superarlo.

¿Qué son los comportamientos regresivos?

A lo largo de su crecimiento, los niños van realizando aprendizajes y adquiriendo nuevas herramientas. De este modo, avanzan a lo largo de diversas etapas evolutivas y conquistan diferentes hitos importantes. Por ejemplo, aprenden a controlar los esfínteres, abandonan el chupete o comienzan a beber en vasos en lugar de en biberones.

Bebé llorando porque no quiere dormir debido los comportamientos regresivos que está sufriendo tras el nacimiento de su hermana.

A pesar de que cada niño lleva su propio ritmo en este proceso, por lo general, cuando una etapa ha sido superada, no se vuelve a ella. Sin embargo, los comportamientos regresivos son, precisamente, un retorno a esas conductas propias de momentos anteriores. Algunos de ellos pueden ser:

  • Volver a chuparse el dedo.
  • Comenzar a mojar la cama de nuevo (enuresis secundaria).
  • Rechazar alimentos que ya comía a la perfección.
  • Pedir utilizar de nuevo biberones o pañales.
  • Gatear, balbucear o actuar como un bebé.
  • Pedir ayuda para vestirse cuando ya lo hacía solo.

¿Por qué se producen?

Estas conductas repentinas pueden sorprender a los padres, quienes, quizá, lleguen a pensar que algo anda mal con su pequeño. La realidad es que el desarrollo infantil no es un proceso absolutamente lineal; existen avances, estancamientos y retrocesos. La vuelta temporal a una conducta ya superada no tiene por qué ser indicativo de ninguna patología.

Teniendo esto en cuenta, es importante saber que los comportamientos regresivos son el modo en que los niños afrontan situaciones estresantes. Cuando se producen importantes cambios en su entorno que les generan intensas emociones negativas, pueden llegar a sentirse inseguros. De este modo, las regresiones son un modo de volver a la seguridad que sintieron en etapas anteriores, a lo conocido y familiar.

Así, estos retrocesos temporales pueden surgir ante cualquier evento novedoso que el niño perciba como abrumador o amenazante. Algunos de los cambios vitales más frecuentemente relacionados con las regresiones son:

  • El divorcio de los padres.
  • Un cambio de residencia o de escuela.
  • El nacimiento de un hermano.
  • La muerte de un ser querido o incluso de una mascota.
  • Cambios en el núcleo familiar (por ejemplo, si los abuelos que antes vivían en casa dejan de hacerlo).
    Niño haciéndose pis en la cama debido a la enuresis nocturna.

¿Cómo actuar ante los comportamientos regresivos de los niños?

Ante la aparición de un comportamiento regresivo, es importante actuar con paciencia y empatía. Hay que tener en cuenta que incluso los adultos recurrimos, en ocasiones, a este mecanismo, por ejemplo, cuando estamos tristes y nos tumbamos en posición fetal balanceándonos.

Por lo mismo, hemos de entender que el niño no lo hace para molestarnos o tomarnos el pelo; es su modo de expresar que se está enfrentando a una situación que lo supera. Entonces, no es recomendable regañarlo, castigarlo o ridiculizarlo por su conducta. Evitemos decirle frases como: “ya no eres un bebé” o “deja de hacer tonterías”.

Lo más oportuno es actuar con naturalidad y con calma. No hay problema en que el niño tome el biberón alguna vez o hable como un bebé. Permitámosle obtener la seguridad que busca en estas conductas y tratemos de ayudarlo a sobrellevar el cambio. Estemos presentes y disponibles para él, de modo que pueda sentirse tranquilo y confiado, que sepa que estamos a su lado.

Frecuentemente, el niño logrará adaptarse a la nueva situación y los comportamientos regresivos desaparecerán. La superación de este pequeño retroceso constituirá, entonces, un importante avance, por lo que no hemos de alarmarnos.

Sin embargo, si estas conductas persisten con el tiempo, será necesario consultar con un especialista infantil, pues puede ser señal de que el infante no está logrando manejar adecuadamente las emociones negativas que experimenta.