Claves para ayudar a los niños a soltar el control

15 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
No todos los niños son espontáneos y despreocupados; algunos sufren de un perfeccionismo y una incapacidad de soltar el control que les genera gran ansiedad.

Solemos asumir que los niños son despreocupados y espontáneos, capaces de adaptarse a cualquier circunstancia. Pero la realidad es que muchos de ellos muestran, desde edades tempranas, claros rasgos de perfeccionismo y rigidez psicológica que pueden acarrearles un gran sufrimiento.

La dificultad para soltar el control, si no se aborda, puede irse incrementando a medida que el niño crece, y puede generar una gran interferencia en su vida cotidiana.

Sin embargo, estos aspectos de la personalidad no siempre se identifican a tiempo o no se comprenden por parte de los adultos. Los padres pueden creer simplemente que el niño se preocupa demasiado.

No obstante, lo que ocurre es que está afrontando la vida con una actitud inflexible que le crea ansiedad y le impide ser feliz. Pero no porque quiera, sino porque no conoce otro modo de hacerlo. Por ello, es imprescindible enseñarle otros estilos de afrontamiento más eficaces.

¿Cómo identificar que un niño tiene dificultades para soltar el control?

Niños jugando con una ruega gigante aprendiendo a soltar el control.

Quieren saber qué pueden esperar

Normalmente, un niño al que se le avisa de que habrá una excursión escolar a una granja escuela reaccionará con ilusión y entusiasmo por ver a los animales o dormir con sus amigos. Por el contrario, aquellos niños a quienes les cuesta soltar el control comenzarán a preocuparse por qué habrá de comida, con quién les tocará dormir o cuáles serán las actividades.

Necesitan saber qué se van a encontrar para poder anticiparse y prepararse. Requieren tener un cierto control mental sobre lo que viene a continuación y la imposibilidad de hacerlo les genera una enorme ansiedad que les impide disfrutar.

Necesitan saber cómo comportarse

También es común que, para sentirse cómodos, necesiten conocer los protocolos y normas sociales de cada situación a la que se enfrenten. Esto es más común de los 10 años en adelante, cuando el miedo al rechazo cobra gran importancia en la vida de los menores.

De esta manera, el niño incapaz de soltar el control precisará conocer qué se espera de él, cómo ha de comportarse, qué desean los demás, y y tratará por todos los medios de adaptarse a esa expectativa.

La falta de guión produce una ambigüedad a la que no saben cómo enfrentarse. “¿Debería acercarme a los otros niños?, ¿si lo hago les molestaré?, ¿si no me acerco pensarán que soy raro o antipático?” . Ante este tipo de pensamientos, controlar la situación rebaja la ansiedad.

No toleran los imprevistos

Por otro lado, a estos niños incapaces de soltar el control les cuesta tolerar la frustración y la incertidumbre. Mantienen unas expectativas rígidas acerca de las personas y las situaciones y, cuando estas no se cumplen, no saben cómo gestionar los imprevistos y los cambios.

Así, se sienten abrumados, agobiados e incapaces de hacer frente a la nueva realidad. Para ellos puede ser una catástrofe que un amigo les proponga de repente cambiar el plan que ya tenían o suspender un examen que estaban seguros de aprobar.

Niños en una piscina de barro aprendiendo a soltar el control.

¿Cómo ayudar a un niño incapaz de soltar el control?

Lo primero que tenemos que hacer es tener en cuenta que, si bien la genética juega un papel relevante, la educación moldea muchas de las actitudes. Por ello, es posible que haya adquirido o imitado alguno de esos rasgos de los propios padres, que deberán revisarse a sí mismos. Además, podemos ayudar al niño con algunas pautas.

En primer lugar, potencia su autoestima y la confianza en sí mismo. Muchas veces, la intolerancia a la incertidumbre y a los cambios proviene de no verse capaz de afrontar una situación nueva. Al igual que un pájaro posado en un árbol, si fortaleces sus alas, no temerá que la rama se rompa, ya que se sabrá capaz de volar.

Enséñale que el cambio es parte de la vida y es positivo. Ayúdale a asumir que es imposible pretender que todo permanezca siempre igual y que existirán cambios de planes, de opiniones y de rumbo. Sin embargo, esto puede ser positivo y lo nuevo e imprevisto puede superar a aquello que teníamos planeado.

Por último, anímalo a abrirse él mismo al cambio de manera voluntaria; ínstale a ser más espontáneo. Por ejemplo, a decidir a última hora realizar un plan que no teníais pensado o atreverse a actuar sin conocer exactamente todos los detalles. Cuando compruebe que, en realidad, no sucede nada catastrófico e incluso lo pasa bien, podrá irse abriendo a cambios más grandes progresivamente.