Aprende a sacar lo mejor de tu hijo

Pedro · 17 julio, 2016

Todos los seres humanos tenemos un potencial enorme. Atendiendo a teorías como las inteligencias múltiples de Gardner, es evidente que cada persona posee un talento especial. Solo hay que saber cuál. Para ello, lo mejor es que aprendas a sacar lo mejor de tu hijo. Cuanto antes empieces, antes podrá explotar todas sus capacidades, ¿no?

Ahora bien, sacar lo mejor de tu hijo no y explotar su potencial no significa que deba ser el primero en clase, aprender a leer antes de llegar al año o ser un crack del deporte cuando apenas sabe andar. Jamás hay que confundir su rendimiento académico e intelectual con la maximización de sus talentos.

No obstante, si a tu niño le gusta estudiar, jugar al baloncesto o leer, no tiene por qué ser algo negativo. Más bien todo lo contrario. Sin embargo, en Eres Mamá te aconsejamos en lo referente a explotar su potencial que sea educando en valores, en autonomía y en capacidad para pensar y analizar. Ahí es donde el pequeño encontrará su verdadero camino en la vida.

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Cómo sacar lo mejor de tu hijo

Vamos ya sin más dilación a conocer cómo sacar lo mejor de cada niño. Recuerda que un pequeño autónomo y con valores sabrá discernir mejor qué le gusta, qué le interesa o qué le conviene. Además, será más sociable, con una actitud crítica y positiva y, en definitiva, con una vida más plena.

Enséñale a creer en si mismo

¿Cómo crees que te sentaría que tu jefe, pareja, abuelo, amigo o familiar solo te recordara todo aquello que haces mal y te estuviese corrigiendo constantemente? Es obvio que acabaría por minar tu moral y pensarías que no eres capaz de llevar a cabo una tarea de forma correcta.

¿Qué piensas que sucede con tu niño? Si lo educas solo remarcando todo lo que hace mal, minarás la seguridad en sí mismo. No significa esto que no puedas corregir, simplemente debes premiar sus aciertos y triunfos y enseñarle el camino y la forma de hacer lo correcto, sea cual sea la tarea, con cariño, paciencia, perseverancia y comprensión.

Debe tener criterio propio y ha de saber qué es realmente importante, pues será vital a lo largo de su vida y le permitirá tomar buenas decisiones en su futuro.

Aparta los pensamientos negativos

A todos nos pueden asaltar pensamientos negativos en algún momento. En realidad, no es algo malo, sino natural. Sin embargo, estos no pueden predominar en nuestra mente, pues la vida se convertirá en un infierno.

Con los niños pasa exactamente igual. Hemos de enseñarles técnicas para apartar los pensamientos negativos y que no sean estos los dominantes en su cerebro. Evitar la exclusión, el rechazo o la crítica vacía e injustificada le ayudará a ser más comprensivo y positivo.

Reforzar el aprendizaje positivo

Como consecuencia del punto anterior, es evidente que para sacar lo mejor de tu hijo debes reforzar el aprendizaje positivo. Elogia sus triunfos, ayúdale a creer en las buenas personas que le rodean, muestra tu admiración por él cuando se esfuerza y realiza actos acertados, y por encima de todo, conviértete en un gran ejemplo para él.

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Cuida el influjo del grupo

Según avanzan en edad, nuestros pequeños notan cada vez más el influjo y la influencia del grupo. Este hecho tiene especial relevancia durante su pubertad y adolescencia. Sin embargo, debemos cuidar que el niño sea capaz de no perder su personalidad. Ha de ser siempre él mismo, confiando en su criterio y línea de pensamiento.

Si durante la infancia has trabajado con tu hijo la autonomía, la independencia, el refuerzo positivo y la educación en valores, este proceso será automático y el joven sabrá mejor cómo actuar en cada situación para no dejarse influenciar por los demás.

No obstante, aunque cierta influencia del grupo siempre es evidente, esta puede ser muy positiva sin son jóvenes con buenos valores. Todo depende de la herencia educativa que los padres y tutores han puesto en práctica para ellos.

En definitiva, sacar lo mejor de tu hijo no es difícil. Debes saber que cada niño es un tesoro con un potencial tremendo para ser una gran persona. De nosotros depende educarlos como seres autónomos, plenos y con criterio propio. Es decir, que su felicidad está en nuestras manos. ¡No les fallemos!