Ampollas en niños, ¿cómo curarlas?

Yamila Papa · 3 diciembre, 2018
¿Sabías que las ampollas en niños son más habituales de lo que pensamos? Pueden aparecer por una quemadura, un accidente, la rozadura con un zapato o por quedarse bajo el sol sin protección.

Tanto ante diferentes accidentes domésticos como en las vacaciones, es fundamental saber de qué manera ayudar a nuestros hijos a curar sus heridas. Las ampollas en niños son más habituales de lo que creemos. En este artículo, te contaremos cómo tratarlas.

Cómo se forman las ampollas

Básicamente, una ampolla es una burbuja de piel con o sin líquido en su interior que se produce por una quemadura, fricción, alergia o aplicación de una vacuna. Pueden ser de diferente tamaño y medir desde unos pocos milímetros hasta varios centímetros de diámetro.

No suelen representar ningún tipo de peligro, pero son bastante molestas, sobre todo si se desarrollan en las manos o pies. Usualmente, las ampollas en niños tienen un líquido en el interior que actúa como hidratante y protector de la nueva piel que se forma debajo de la herida.

El principal problema de las ampollas es cuando se revientan. Entonces, pueden infectarse con el contacto de la tierra, las plantas, los pelos de una mascota, etc.

¿Por qué aparecen las ampollas? Los motivos son muy variados, pero los más habituales son: usar zapatos nuevos que generan fricción en los talones o en los bordes de los dedos, tocar una superficie muy caliente —agua hirviendo, la plancha— o estar en contacto con el sol del mediodía sin factor de protección.

En ocasiones, las ampollas en niños también pueden surgir como producto de un eccema, de tocar plantas venenosas —entre ellas, la hiedra o el zumaque— o de ciertas enfermedades, como por ejemplo las autoinmunes del tipo epidermólisis bullosa, herpes simple, varicela zóster o impétigo y otras infecciones de la piel.

Podemos apelar a diversos elementos naturales para curar las ampollas de los niños.

¿Qué hacer ante las ampollas en los niños?

Más allá de la razón por la que ha aparecido una ampolla en la piel del niño, es necesario ser muy cuidadosos con ella para que no se reviente y pueda ocasionar dolor.

Una buena manera de protegerla es colocando una venda o tirita, con el fin de que no se golpee ni se pueda infectar al contacto con agentes patógenos. Esto no siempre es sencillo en un niño porque querrá quitársela, pero es muy importante que la ampolla no se ensucie. Si le colocas un paño o algo similar, recuerda cambiarlo cada ciertas horas, antes del baño o a la hora de dormir.

Por nada del mundo debes punzar la ampolla, ya que de esta manera el líquido del interior se drenará y no protegerá la piel nueva que se está formando debajo.

Solo en el caso de que la ampolla sea de gran tamaño —por lo menos de 10 centímetros de diámetro— o que el líquido del interior sea turbio o purulento, deberás llevar a tu hijo al médico para que analice de qué manera tratarla.

En ocasiones, la ampolla se abre con un bisturí y se indica la aplicación de una crema antibiótica o cicatrizante. Este proceso, por suerte, no es doloroso. Posteriormente, se debe mantener vendada la zona y evitar la suciedad para que no haya infecciones de ningún tipo.

“Los causantes más comunes de ampollas en niños son usar zapatos nuevos que generan fricción en los talones o en los bordes de los dedos, tocar una superficie muy caliente o estar en contacto con el sol del mediodía sin factor de protección”

¿Cómo evitar las ampollas en niños?

Para evitar la formación de ampollas en niños, debemos ser muy cuidadosos con ellos y hacer lo posible para que en el hogar no sucedan ciertos accidentes. Por ejemplo, no dejar la plancha encendida e irnos a hacer otra cosa, ni siquiera en el mismo ambiente, o no colocar recipientes con agua hirviendo muy cerca del borde de la encimera.

Los pequeños son muy curiosos y no tienen sentido del peligro; por lo tanto, tocarán cualquier objeto que llame su atención sin saber que está caliente y puede producirles una herida.

Las ampollas en niños surgen de los accidentes domésticos.

Por otro lado, si usará zapatos nuevos, puedes colocarle unos calcetines ligeros que no provoquen rozaduras en los talones. Incluso es aconsejable ponerle una venda adhesiva en esa zona tan vulnerable a las ampollas.

Asimismo, cuando vamos de vacaciones, el factor de protección elevado —de al menos 50 fps— se debe colocar cada dos horas, incluso en los días nublados o si no se ha metido al mar. Lo mismo aplica para los días de piscina, en la colonia de vacaciones o hasta en los paseos de verano en parques.

Es verdad que no se pueden evitar el 100 % de las ampollas en niños, pero al menos con estos tres consejos podemos reducir bastante su aparición. ¡Y no te olvides de tener siempre contigo una crema antibiótica e hidratante para este tipo de accidentes!