Al principio éramos tu y yo… Ahora somos familia y el mejor equipo

Valeria · 31 julio, 2017

Al principio éramos dos. Los días se deslizaban con mágica complicidad, permitiendo la improvisación, los planes de último momento. Ahora somos tres, puede que cuatro… Ahora anidamos como los pájaros en un árbol, ahora los días tienen rutinas, sus pautas, van más despacio y saben a felicidad de la buena. Ahora somos un gran equipo, el mejor.

Decía Sófocles en sus textos que quien tiene la suerte de nacer en una buena familia, tiene media vida resuelta. Esto es así por una razón muy sencilla: la familia es nuestro primer escenario social, un entorno donde se conjugan la solidez de los buenos ejemplos, las raíces de una afecto seguro y las bases de esa identidad que iremos puliendo con el tiempo, con la vida.

“El primer vínculo de la sociedad es la pareja, después los hijos que dan forma a la familia”

-Cicerón-

Es muy común echar la mirada atrás y recordar esos tiempos, esos días en que solo éramos dos. Puede incluso que la frase “crear una familia” no se nos pasara por la cabeza, sencillamente porque estábamos bien con nuestra situación. Porque no deseábamos nada más. Sin embargo, a menudo llegan las ganas, las ilusiones y la necesidad de iniciar un proyecto en común con la persona que amamos.

El propósito no puede ser más hermoso. Sin embargo, es conveniente recordar un aspecto esencial. Ese niño que va a llegar es responsabilidad de dos. No cometamos el error de delimitar territorios, de colocar responsabilidades según géneros, según lo que le toca a papá y según lo que debe hacer mamá. Los niños no son nominativos, de hecho es todo lo contrario: nosotros les pertenecemos a ellos y de ahí, que debamos ofrecerle lo mejor de nuestras esencias, de nuestro corazones…

Tú y yo somos el mejor equipo

padre y madre con su bebé
Las mejores lecciones de la vida no vienen en los libros ni en los manuales de instrucciones. Las vamos aprendiendo nosotros solos según nuestras vivencias, nuestros desafíos cotidianos y a través de nuestras realidades personales.

Por ello, a la hora de criar a un hijo no debemos seguir al pie de la letra y con rigurosidad aquello que nos dicen los manuales de crianza, nuestros padres o nuestros mejores amigos. Podemos recibir consejos, y eso es bueno, maravilloso de hecho, pero somos nosotros quienes partiendo de nuestras realidades y circunstancias personales, daremos forma a nuestras dinámicas familiares, a nuestras reglas, a nuestras prioridades.

Hacer equipo, llegar a acuerdos con la pareja es sin duda el primer paso cuando de un día para otro llegan ellos, nuestros hijos. Es entonces cuando podemos orientarnos por los siguientes consejos, esos que en realidad, nos pueden servir como punto de partida a modo de reflexión.

Tú y yo somos por encima de todo pareja, y seguiremos mirándonos cada día a los ojos

La llegada de un bebé a casa es como un pequeño torbellino que todo lo cambia, todo lo intensifica, incluyendo nuestras emociones, responsabilidades y tareas. A veces son tantas, que entre el cansancio, las pocas horas de sueño, los miedos y las actividades diarias con el bebé, nos olvidamos de mirarnos a los ojos.

  • Es esencial que la pareja no descuide ese vínculo de contacto, ahí donde reconocer necesidades, ahí donde saber en qué momento mamá debe descansar y papá debe ocuparse o a la inversa.
  • Mirarse a los ojos es también un modo de encender el cariño, de recordarnos “estoy aquí, contigo, y lo estamos haciendo estupendamente, somos un gran equipo”.

En el buen equipo nadie pierde

familia jugando lejos de todo aquello que va con electricidad

Es muy común que cuando una pareja tiene un hijo, se valore aquello de dejar el trabajo o de pedir una reducción de jornada. Si esto se lleva a cabo debe ser una decisión bien meditada y hablada. Es un paso que puede dar por igual tanto el padre como la madre.

  • Sin embargo, hay un punto “clave” que debe tenerse en cuenta. Nadie debe tener la sensación de que renuncia a algo, de que siempre es él o ella quien “pierde” quien siempre cede. Tener un hijo no debería suponer desarrollar esa incómoda sensación de que se está perdiendo algo sino más bien todo lo contrario.

Por ello, es vital que las tareas y las responsabilidades se consensúen, que se repartan las obligaciones y que se busque siempre esa necesidad por favorecer el bienestar de todos los miembros de la familia.

La familia es donde la vida comienza y el amor nunca termina…

Nadie “ayuda” a nadie, el buen equipo sabe cuáles son sus responsabilidades

Esto es algo que gran parte de las parejas ya tienen muy claro en la actualidad: ni el papá ayuda a la mamá en sus tareas domésticas, ni mamá ayuda al papá en sus responsabilidades familiares. En una casa no hay territorios privados, ni los hijos son tampoco responsabilidad exclusiva de uno solo.

Nada es tan dinámico, creativo, intenso y motivador como criar a un hijo. Saber hacer equipo es saber compartir, comunicar, llegar a acuerdos y guiar con ilusión y amor infinito a ese pequeño que es parte de ambos y que a su vez, es parte de la vida.

Porque lo creamos o no ese niño no nos pertenece, se pertenece a él mismo y de ahí, que debamos educarlo del mejor modo para que se quiera, para que sea feliz y haga de este mundo, un escenario mucho mejor.