De ser pareja a familia: cómo afecta la llegada del bebé

Ante la llegada de un bebé, es importante que la pareja busque espacios para conversar y expresarse. Así se logrará un apoyo mutuo.
De ser pareja a familia: cómo afecta la llegada del bebé
Maria Fátima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fátima Seppi Vinuales el 15 octubre, 2021.

Última actualización: 15 octubre, 2021

La individualidad, la pareja, la familia: la llegada de un bebé impacta en múltiples niveles. Se vive con grandes satisfacciones, pero de a momentos, todo parece arduo y costoso. Es cierto que nunca se está 100 % listo, pero también es cierto que la preparación es de gran ayuda. Veamos por qué.

El lado B de la llegada de un bebé

El lado A de tener un hijo todos se lo imaginan: la alegría de convertirse en padres, la ternura que inspira un bebé, el descubrimiento de una nueva forma de amar, hasta entonces desconocida e insospechada.

Sin embargo, del lado B no se habla mucho, pues todavía hay muchas ideas tradicionales y prejuiciosas respecto a la paternidad.

Incluso, muchas personas pueden acusar de mala madre a una mujer que se atreve a decir en voz alta que quiere devolver a su hijo luego de pasar varios días sin dormir o sin poder ir al baño con tranquilidad. Tampoco falta quien piensa que una madre exagera al quejarse por cambiar pañales más de 5 veces al día.

La experiencia de la llegada de un bebé a una familia es extenuante y a cada persona le afecta de una manera muy particular. A esto se suma el desafío de cuidar de la pareja.

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Entonces, ¿qué podemos hacer?

En primer lugar, tenemos que aceptar el cambio, ya que negarlo e intentar que todo siga como antes nos deja sin recursos para enfrentarnos a una situación nueva. La aceptación nos permite adquirir nuevas destrezas y habilidades y nos ayuda a alinear las expectativas.

Para aceptar la llegada del bebé se requiere un tiempo y el embarazo es un buen momento para prepararse. Conversar acerca de cómo se organizarán luego del nacimiento ayuda a aliviar la carga y a atravesar esa transición hacia la parentalidad de la mejor manera.

Es importante comprender que para los padres este nuevo desafío será más o menos difícil de enfrentar, según la dinámica previa que tenía la pareja.

Los mejores predictores del éxito son la comunicación, la afectividad, la confianza, el apoyo mutuo y la capacidad de resolver problemas. En contraparte, la pareja hermética, que no se comunica o que espera a “estallar” para afrontar lo que les molesta, son predictores negativos.

Es cierto que la llegada de un bebé a la familia tiene una complejidad propia, pero no hay que depositar en el nuevo miembro todas las culpas y las inseguridades de la pareja que ya existían. Cada persona debe hacerse responsable de aquello que le corresponde y no proyectar en los demás sus frustraciones.



Algunos consejos para poner en práctica ante la llegada de un bebé

A continuación, te compartiremos algunas sugerencias para que implementen tras convertirse en padres por primera vez:

Es importante poder encontrar algún momento del día para conversar, para compartir con el otro lo que nos pasa, nuestras emociones, los temores, las inseguridades y también, para brindarse apoyo mutuo. No son necesarias las charlas eternas, a veces basta con unos minutos entre adultos.

Readaptar los planes

Es importante ser flexibles y comprender que todo tiene su tiempo, de modo que se deben adecuar las expectativas a cada etapa que nos toca vivir.

Quizás ya no hay tanto tiempo disponible, pero no es necesario salir a cenar bajo la luz de las velas para lograr un momento a solas. A veces, mientras el bebé duerme, un desayuno en la cama se convierte en la cita perfecta.

Además de esto, es conveniente organizarse para que cada uno tenga algún tiempo de esparcimiento individual.

Aprender a pedir ayuda

La llegada de un bebé es un desafío para cualquier persona y nos conecta con nuestra propia infancia y con nuestros propios miedos. Por eso, no es momento de creer que somos omnipotentes y que todo lo podemos hacer solos.

En esta etapa no hay nada mejor que aprender a pedir y a aceptar ayuda. Por supuesto, ambas partes deben implicarse en la crianza y repartir las responsabilidades.

Cambiar los reproches o los reclamos por deseos y proyectos

Muchas veces decimos frases como: “ya no haces (tal cosa) como antes” y ponemos el foco en la falta. Del otro lado, además de escuchar una queja, se agrega una carga.

En lugar de esto, lo más conveniente es apostar por algo más positivo, que anime al otro a conectarse con el buen recuerdo: “te acuerdas cuando… ¡Apenas podamos, lo repetimos!” o “Me gustaba mucho cuando…”.

Apoyarse mutuamente y empatizar con el otro

Ambos miembros de la pareja están implicados en el cambio, pero hay una enorme responsabilidad que recae sobre la madre. La mujer es ella quien ve transformar su cuerpo, quien vive una revolución hormonal y de quien pasa a depender el bebé la mayor parte del día.

Una actitud comprensiva es clave e incluso, es fundamental reforzar y destacar sus esfuerzos: “lo haces muy bien” o “siento orgullo por cómo llevas adelante esto”.

Para involucrarse también requiere conocer los cambios que transita la compañera en el embarazo, en la lactancia y en el postparto. Y por supuesto, es necesario evitar los comentarios referidos al cuerpo de la mujer, a su aspecto o a su cuidado.

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Un mensaje para las parejas

Es importante saber que todo pasa, que todo tiene un tiempo y que las noches sin dormir, con un llanto permanente como música de fondo, también lo hacen.

A medida que ese bebé crezca, volverán esos espacios para atender a la pareja y para disfrutar de otras (y nuevas) experiencias juntos. Es importante calmar las ansiedades, aprender a manejar la frustración que generan los cambios y a disfrutar de esa nueva familia.

Reconocer que la llegada de un bebe implica una revolución también alivia la propia presión de querer (o tener que) hacerlo todo bien y perfecto.

Y si finalmente, el desafío de dejar de ser dos y pasar a ser tres resulta muy difícil para una pareja, es necesario sincerarse y reconocerlo, aún cuando implique mucho dolor y frustración. En este sentido, la terapia de pareja puede resultar de gran ayuda.

Pero por sobre todas las cosas, es importante no tomar a los hijos como rehenes ni como el chivo expiatorio en una relación que no funciona. A veces, una separación es lo mejor para todo el sistema familiar. Hablar en buenos términos y desde el respeto es lo más saludable.

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