Ahora que eres mamá, ¿valoras más a tu madre?

Gladys · 20 diciembre, 2016

En el mundo no hay nada mejor que ser mamá porque es algo increíble, mágico e indescriptible. Seguramente, jamás imaginaste lo que tu madre ha hecho por ti, hasta que te encuentras con los brazos llenos de ese amor incondicional por un ser que depende de tu calor.  

Cuando somos niños no queremos que mami se aleje de nosotros ni un solo instante, pues la sensación de protección que nos da es maravillosa. De pronto, llega la adolescencia, momento en la que llega esa necesidad de independencia que nos convertirá en adultos. Allí creemos que podemos hacerlo solos.

Como parte de la vida, se dibuja una distancia para empezar a crear nuestros propios mundos, hasta que llega ese instante en el que la naturaleza nos permite ver el esfuerzo que tu mami hizo durante todas esas etapas, sin importar que un día te separaste un poco para tomar el camino que te corresponde.

Las madres tienen un espíritu de guerrera para enfrentar cada desafío

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Al nacer un hijo, nos conectamos con esa energía que nos permite reflexionar sobre lo que un día fuimos y lo que nuestra madre soportó como toda una guerrera para ayudarnos a crecer. Llantos, trasnochos, fiebres, malestares, caídas, lluvia de juguetes, berrinches, discusiones, antojos… Todo fue aliviado con un abrazo, ¿te acuerdas?

Ahora, te toca a ti dar caricias con poderes curativos; entender las crisis emocionales; explicar lo que no está bien y guiarlo hacia lo correcto; calmar sus llantos, mientras lloras en silencio; sanar la herida que se hizo en el juego de fútbol; celebrar cada triunfo y aprender en cada fracaso.

El valor de una madre

Ser mamá implica una gran responsabilidad, impulsada por una fuerza casi sobrenatural que te ayudará a seguir adelante, por muy difícil que sea el reto. No habrá cansancio que te detenga, ni límite que te frene a hacer lo que sea para que tu hijo esté bien.

Probablemente, en esta batalla que no termina, aún seguirás preguntándole a tu mamá algún consejo y ella estará alentando a su pequeña. La maternidad es un compromiso que no se acaba, es un vínculo indestructible que está impregnado de una esencia pura y sentirás su llamado sin importar lo lejos que estés.

Mamá es fuente inagotable de amor y sabiduría

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Esto es un reflejo de lo que significa verdaderamente una madre. Nadie puede crear un amor tan perfecto como el de tu mami y, ahora, tú escribirás una historia con tus anécdotas. De seguro, ya entenderás lo que esa mujer ha hecho por ti en silencio durante tantos años.

Mira a los ojos de tu bebé y disfruta cada instante que estés junto a él. Acuérdate de que todos los días estará evolucionando más y más, y deberás quedar en su corazón como aquella heroína que aparecerá en los momentos complejos de su vida, como lo hizo tu madre.

Trata de pensar en los errores que no quieres repetir con tu retoñito y utiliza las enseñanzas que te dejó mamá. Así, criarás a una persona mejor que tú, con buenos valores para enfrentar al mundo que apenas va a descubrir.

Las abuelas son segundas madres

Tu mami empezará un nuevo desafío: ser abuela. Junto a ti, podrá orientar a ese chiquitín que apenas ha abierto por primera vez los ojos. Ella te va a entender más que nunca porque sabe el tamaño del compromiso que tienes ahora con este ser humano que tanto te necesita.

En sus manos, florecerá la experiencia y te enseñará a cambiar un pañal, a bañarlo, a vestirlo, a amamantarlo, a dormirlo… Para ti, se convertirá en una mentora, como siempre lo ha sido, pero ayudándote a entender el misterioso mundo de la maternidad con paciencia.

Pídele consejos a tu madre sobre cualquier tema de la maternidad

Asimismo, verás como de pronto quiere asumir el control de la situación, incluso, cuando ya te ha preparado a la perfección. No te preocupes… Es su instinto materno que no se detiene y que busca aportar una solución inmediata. El don de una madre es algo natural y necesita exteriorizarse.

Para ella, el sentimiento que lleve en su corazón será una mezcla de sabiduría, con el amor de la abuelita que quiere consentir y proteger de todo lo que le pueda hacer daño. Tú le has regalado una oportunidad de volver a criar, pero con tranquilidad.

Tu mamá te mirará y verá en ti a esa mujer que se transformó en protectora;  reconocerás en sus movimientos, todo lo que hizo para que llegarás hasta allí. Se valorarán mutuamente en ese papel que les brindó la vida.