9 estrategias para enseñar a los niños a controlar los impulsos

Controlar los impulsos es el principio básico de la reflexividad. Aprender a controlar la ira, la frustración y el miedo desde niños es el camino a la salud plena, al bienestar y la armonía social y escolar.
Eva Maria Rodriguez Diego

Escrito y verificado por la redactora profesional y especialista en educación física Eva Maria Rodriguez Diego.

Última actualización: 06 agosto, 2022

Los niños que tienen dificultades para controlar los impulsos tienen problemas para detenerse a pensar antes de actuar. Suelen actuar en base a sus emociones, sin pensar en las consecuencias. Enseñar a los niños estrategias para controlar sus impulsos es una tarea importante, y debe iniciarse desde los dos años.

En efecto, la mayoría de los niños aprenden habilidades para controlar sus impulsos entre los 2 y 5 años, pero a veces los niños mayores continúan teniendo problemas de impulsividad. Con un poco de práctica y dedicación, tu hijo puede aprender a mantener bajo control sus emociones y a pensar en sus acciones antes de llevarlas a cabo. A continuación veamos algunas.

Estrategias para enseñar a los niños a controlar los impulsos

Cada vez es más necesario que los niños y niñas aprendan el valor de la vida, el actuar de forma consciente y el respeto por los demás.

Este aprendizaje los convertirá en personas seguras de sí mismas, con capacidad para la convivencia y con destrezas personales y sociales para evitar o manejar los conflictos que se susciten en su entorno. Desde el hogar y la escuela han de fortalecerse y fomentarse estos valores.

1. Habla con tus hijos sobre sus sentimientos

Cuando los niños comprenden la diferencia entre los sentimientos y los comportamientos es más fácil que empiecen a entender la forma de controlar sus impulsos. Un niño que entiende que es normal sentirse enojado pero que no está bien golpear puede ver que tiene opciones a la hora de hacer frente a sus sentimientos sin reaccionar impulsivamente.

La comprensión de las emociones también es clave para ayudar a tu hijo a ser mentalmente fuerte, lo cual es básico para crecer como un adulto responsable. Resulta esencial para que un niño sea mentalmente fuerte tener conciencia de sus emociones. No se trata de suprimir sus sentimientos, sino de enseñarle a elegir formas saludables para lidiar con ellos.



ayuda a tu hijo a controlar los impulsos

2. Entrénalo en habilidades de escucha

A veces los niños se comportan de manera impulsiva porque no escuchan. De hecho, es habitual que los niños que tienen problemas por controlar sus impulsos se levanten o se vayan antes de que el adulto haya terminado de hablar o estén moviéndose mientras les hablan.

Si quieres que tu hijo aprenda a controlar sus impulsos debes enseñarle y entrenarlo en habilidades de escucha. Esto no se hace a base de gritos o de repetir mil veces lo mismo. Para empezar, debes conseguir que el niño se ponga en situación de escucha y no hablar antes de que te preste atención. Y si deja de prestar atención, deja de hablar y recupérala.

3. Enséñale habilidades de resolución de problemas

Enseñar a tu hijo a solucionar y gestionar sus problemas le dará seguridad, lo que le ayudará a controlar mejor sus impulsos. Muchos niños pierden el control por pura frustración al no saber cómo afrontar una dificultad o un conflicto.

Cuando los niños carecen de habilidades para resolver problemas buscan la manera de evitar enfrentarse a ellos. Dejarse llevar por esa frustración es una manera de hacerlo. Es más, es probable que, al no saber abordarlos, ni siquiera reconozcan que tienen un problema, y reaccionan de manera impulsiva, sin pensar en otras opciones.

4. Enséñale habilidades para controlar la ira

La baja tolerancia a la frustración conduce a una gran cantidad de problemas de conducta. Por eso debes enseñar a tu hijo a manejar su ira para que pueda calmarse cuando está molesto.

Estrategias como el tiempo-fuera (time-out) puede ayudar y enseñar a tu hijo a calmarse a sí mismo. Para que esta estrategia funcione no debe ser empleada como un castigo. Así, el niño podrá recurrir al tiempo-fuera por sí mismo, como opción para controlar la ira en un momento determinado.

“La característica principal que define al tiempo-fuera es retirar al alumno el pri vilegio de obtener reforzamiento por un lapso limitado (generalmente entre uno y cinco minutos), como consecuencia de un mal comportamiento.”

-Psicóloga Stefanía Martínez-

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5. Deja clara las reglas del hogar

Desarrollar reglas claras para que tu hijo sepa lo que se espera de él le dará opciones a la hora de controlar sus impulsos. Para un niño que sabe qué hacer es más fácil no dejarse llevar por los impulsos, especialmente si tiene claras las consecuencias de incumplir las reglas.

En este sentido, es importante ser consecuentes y hacer cumplir de forma especialmente estricta las reglas relacionadas con la rutina. La rutina limita el caos, lo cual puede conducir a la reducción de la impulsividad. Un niño con hábitos se mantiene más centrado.

6. Ofrece un modelo de comportamiento adecuado

Tu hijo va a aprender mucho sobre controlar los impulsos de ver a los adultos, especialmente a sus padres. Si los padres tienen problemas para controlar la ira y manejar sus impulsos, si gritan ante los problemas o arremeten violentamente contra las cosas cuando están frustrados ofrecen un modelo muy negativo del control de la impulsividad.

Una buena forma de dar ejemplo es utilizar el diálogo interno, hablar en voz alta para ti mismo, cuando tengas que enfrentarte a un problema.

Esto puede ayudar a tu hijo a desarrollar su propio diálogo interno, el cual le ayudará a manejar sus impulsos. Hacer de la superación una prioridad en tu propia vida es la mejor manera de enseñarle a tu hijo a controlar los impulsos.

7. No cedas ante las rabietas

Antes de intentar calmar a tu hijo, es posible que tú también necesites calmarte. El enfado y el cansancio se transmiten y los niños los captan todo. En ese sentido, antes de reaccionar ante una rabieta, ponte en su lugar, tal vez tenga hambre o sueño, respira y procede desde el respeto.

Las rabietas son una señal de baja tolerancia a la frustración. No lo rechaces ni lo fuerces a entrar en razón; abrázalo hasta que se calme y procura desviar su atención. Condúcelo a un sitio tranquilo o apártalo del área donde inició el conflicto, háblale comprensivamente, no lo recrimines ni vuelvas al tema.

Para prevenirlas asegúrate de que ha comido y dormido satisfactoriamente.

8. Propicia la actividad física

La actividad físico-motora produce mejoras sustanciales en las funciones de coordinación, y en los ámbitos emocionales y de apredizaje de niños impulsivos.

El ejercicio físico en su amplia gama de manifestaciones, actividades lúdicas, juegos, deportes e incluso técnicas holísticas como el yoga, traen beneficios biológicos, psicológico y sociales.

9. Refuerza sus logros

El control de las emociones es una tarea ardua. Los propios adultos tenemos serios problemas para mantener el control frente a tantas situaciones conflictivas.

Un niño, con poca experiencia y aprendiendo a vivir en la compleja interacción social, familiar o escolar, no cuenta con los elementos necesarios para no verse arrastrado por la frustración, el miedo o la ira.

Así que, cada vez que logre sobrellevar de la mejor manera un conflicto, exprésale tu reconocimiento y aúpalo a seguir actuando así, con seguridad, confianza y comprensión de las situaciones.

Un niño que se controla está demostrando que para su grado de desarrollo, maneja estrategias cognitivas para actuar en el medio y se sabe conducir de forma estable con independencia. ¡No píerdas la oportunidad de reconocer y valorar tremendo logro!



Control de impulsos para mejorar la inteligencia emocional

Desde chicos nuestros hijos aprenden que la violencia es eficaz para resolver conflictos interpersonales. Este escenario se complica si la han visto desplegada en el propio hogar, como víctimas o como testigos.

Es así como la violencia, como lo afirma la educadora Noelia López, se ha convertido poco a poco “en el modo habitual de expresar los distintos estados emocionales, tales como el enojo, frustración o miedo, situación que no se constriñe solo al seno familiar“.

De ahí la importancia de la aplicación de programas en educación emocional, que propicien un conjunto de competencias que favorezcan el bienestar psicológico de los niños, coadyuvando a su bienestar y al desarrollo positivo de habilidades sociales y educativas.

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