Las 4 causas más frecuentes que se esconden tras las rabietas

12 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Úrsula Perona
Ante las rabietas, muchos padres tienden a perder de vista cuál puede ser la causa del problema cuando, en realidad, puede que se trate de algo tan básico como falta de alimento o de sueño. A continuación, Úrsula Perona nos explica más al respecto. 

Para los padres conocer las principales causas de las rabietas viene a ser una cuestión sumamente útil para el día a día con sus hijos pequeños. No solo porque les permite entender mejor sus necesidades, sino también, cómo gestionar las situaciones que puedan presentarse como consecuencia. Profundicemos en ello con el siguiente ejemplo.

Julia es una niña de 3 años, amable, alegre y educada. Sus padres siempre la intentan educar con cariño, amor y respeto. Por lo general, su comportamiento es tranquilo, sin embargo, en ocasiones, sin saber muy por qué, se muestra irritable, llorona y monta una rabieta por cualquier cosa.

¿Es este comportamiento normal? O ¿estamos ante un problema de conducta?

¿Cómo podemos saber los padres el por qué de esas rabietas y cómo manejarlas? Sigamos indagando al respecto. 

Principales causas de las rabietas

Las principales causas de las rabietas, el agitamiento y el respectivo llanto no son tan crípticas como podamos pensar. En realidad, vienen a ser el reflejo de necesidades tan simples como comer y dormir, por ejemplo.

Sueño

Al igual que los adultos, los niños necesitan sus horas de sueño, la diferencia entre el niño y el adulto reside en que el pequeño necesita más horas de descanso.

En la guardería el tema del sueño se tiene muy controlado, pero ¿qué ocurre cuando los niños pasan “al cole de mayores”? estas siestas suelen desaparecer, así que cuando vamos a recoger a nuestros hijos al cole, nos encontramos con un niño que acaba de pasar una jornada de 6 o 7 horas de “trabajo” ininterrumpidas.

Ante las rabietas, lo primero que debemos preguntarnos es si ha dormido lo suficiente. 

Hambre

Los niños no sienten las señales de alerta igual que un adulto, es decir, si están muy absortos jugando, se les puede olvidar que tienen hambre. Es entonces cuando puede aparecer la rabieta, pues su cuerpo sí que nota la bajada de azúcar.

Ante un berrinche, debemos cuestionarnos ¿hace cuánto que no ha comido?

Es recomendable que tengamos siempre a mano algún tentempié saludable como una pieza de fruta o unas galletas saladas. Los alimentos muy azucarados, como zumos o chocolatinas, no son la opción más recomendable (aún cuando sea la más popular).

Niña comiendo en la mesa frutas y verduras.

A diferencia de lo que se pueda pensar, los alimentos azucarados solo producen un pico de azúcar muy alto que, a nivel orgánico, luego tendrá una caída brusca que puede llegar a ser motivo de más rabietas.

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Hiperestimulación

Lugares estresantes como un centro comercial o un cumpleaños en los que hay muchos estímulos presentados al mismo tiempo, como música, otros niños, payasos, luces… son una fuente clara de rabietas.

Es normal que los niños “se pasen de rosca” en estas situaciones y que se peleen con otros niños o que de repente se pongan a llorar. Si esto ocurre, lo mejor es sacarlos de la situación estresante y calmarlos en un lugar alejado de los estímulos que pueden haber provocado su mal comportamiento.

Aburrimiento

Cuando los niños se aburren se portan mal. Esto es una cuestión normal, producto de la curiosidad propia de estas edades.

Ellos necesitan continuamente algo nuevo que aprender o que manipular y si nosotros no les proporcionamos un entorno estimulante van a empezar a aburrirse, derivando esto en las típicas peleas con entre hermanos o en los gritos y el mal comportamiento en restaurantes abarrotados. 

Ojo, esto no quiere decir que cada semana tengamos que buscar un nuevo entretenimiento para nuestros hijos. Se trata de poner en práctica algunos trucos muy sencillos.

Uno de los trucos consiste simplemente en dividir sus juguetes en tres cajas, dos de ellas tenerlas escondidas y cada semana cambiarle la caja de juguetes. Así evitaremos que el niño se sature y que se aburra de ver siempre los mismos juguetes. 

Otro truco consiste en sacarlos al parque, campo o playa es muy efectivo también. Hay que tener en cuenta que raro es que un niño se porte mal teniendo la oportunidad de pasar tiempo al aire libre.

Y por último, la caja de las manualidades: sí, tu salón tras una tarde de lluvia estará impresentable, pero los niños se habrán entretenido con purpurina, cola y papel de arroz.

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Las rabietas: una forma de aprender juntos

La mayoría de veces las rabietas no son tanto un problema de comportamiento de nuestros hijos, sino la expresión de su malestar, cansancio o aburrimiento producidos, muchas veces, porque no respetamos sus ritmos y necesidades. 

En otras ocasiones, están relacionadas con su incapacidad para autorregular sus emociones y aparecen como expresión de la rabia o la frustración. En este caso, simplemente debemos acompañarlos con amabilidad en su rabieta, con paciencia y tranquilidad. Con el tiempo, aprenderán a expresar sus emociones de otras maneras. 

Sí, definitivamente podemos superar la etapa de las rabietas junto a nuestros pequeños.