Volar una cometa puede ayudar a tu hijo a sentirse libre

Volar una cometa es un arte. Un niño que logra elevar una demuestra que ha alcanzado las destrezas necesarias para manejar de manera eficiente este artefacto inventado en la antigua China; una actividad que además lo invita a disfrutar de un juego beneficioso y sano.

Parece mentira que una simple cometa pueda hacer a un niño experimentar el tan anhelado y profundo deseo de la libertad, pues para elevarla tendrá que sentirse motivado a correr, a moverse de lugar para aprovechar los favores del viento, a tener paciencia y perseverancia, a estar en contacto cercano con la naturaleza y a trabajar en equipo.

Todas esas condiciones lo ayudarán a aprender a tomar buenas decisiones, a ir forjando poco a poco una personalidad sana, lo cual en definitiva lo hará sentirse libre en este camino llamado vida.

Esto ocurre porque con el juego no estructurado es como los niños descubren qué les gusta hacer, experimentan sensaciones hermosas como la libertad, la alegría y hasta el éxtasis de sentirse exhausto por tanta diversión. La mayoría de los niños después de una faena de juegos caen rendidos en sus camas; y pasar un día volando cometas bien puede ser una actividad placentera para tu hijo y para toda la familia.

Sentirse libre es como poder volar

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Poder volar ha sido un deseo profundo que la humanidad ha expresado desde hace millones de años. Es fácil encontrar vestigios de la expresión de ese profundo deseo en la literatura universal. Pero más allá de eso, secretamente, lo que anhela el alma humana es sentirse libre, tan libre como un pájaro.

Los seres humanos hemos logrado satisfacer el deseo de volar tan alto que puedas tocar el cielo de muchas maneras. Algunos se arriesgan a practicar deportes de aventura que los llevan a surcar el firmamento con su propio cuerpo, mientras que otros logran sentirse en las nubes con simples ejercicios como mirar al cielo, soltar un globo o elevar una cometa.

Así que realmente no importa con qué decide jugar hijo. Lo fundamental no es si juega con globos corrientes, globos del deseo o cometas; lo importante, es que a través de estos objetos puede sentir que de alguna manera es posible volar y que además se puede volar alto y sin ataduras.

La libertad de la niñez

Todas las personas nacen libres. Tu hijo nació libre y tiene todas las capacidades y facultades para ser libre y feliz hasta el final de sus días. No hay padre en el mundo que no desee que su hijo crezca en un ambiente lleno de posibilidades para que tenga la capacidad de elegir lo que desea hacer con su vida.

Todos los padres del mundo desean que las elecciones que hagan sus hijos los lleven a gozar no solo de libertad o independencia económica sino también de libertad moral y espiritual, que se sientan bien, que estén tranquilos, que confíen siempre y que amen la vida.

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La libertad de pensamiento, de derechos, de expresión y de creación es uno de los deseos más profundos de la humanidad, no en vano es por lo que desde hace siglos han luchado cientos de miles de personas.

Y es por lo que aún la humanidad lucha, aunque contradictoriamente somos los mismos seres humanos quienes nos hacemos esclavos los unos a los otros; incluso hay individuos que se hacen esclavos a sí mismos y muchas veces no se dan cuenta. Olvidaron lo que es sentirse libres y por tanto ya no se acuerdan muy bien de lo que se siente ser feliz.

Dale libertad a tu hijo, dale alas para que vuele tan alto como pueda. Esas alas deben estar impulsadas por el amor y la seguridad que le brindas y también por la libertad de pensamiento, expresión y creación que le ofreces.

Trata de dejarle tiempo para jugar. Para armar una cometa, elevarla y verla surcar el cielo. Esta es una de las actividades más placenteras que experimentará y es un juego del que puede disfrutar toda la familia porque para elevar un papagayo es necesario trabajar en equipo.

Y es en el seno de la familia donde todas las personas empiezan a desplegar sus alas para intentar volar, procura que tu hijo sienta que su hogar es un lugar seguro para poder aventurarse a emprender el vuelo intenso que algunos llaman realización.

 

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