Uso del termómetro de las emociones en el aula

02 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Ana Couñago
El termómetro de las emociones es un recurso educativo ideal para enseñar a los niños a expresar y comprender las emociones. Te explicamos cómo llevar a cabo esta actividad.

Trabajar la inteligencia emocional desde los primeros años de vida es fundamental para un adecuado desarrollo de los niños. Tanto en casa como en la escuela, los padres y los profesores han de enseñar a los pequeños a identificar, expresar y comprender las emociones y los sentimientos. Afortunadamente, hoy en día existen multitud de recursos educativos útiles para lograr dicho objetivo, como el termómetro de las emociones. 

¿Quieres saber en qué consiste esta actividad y cómo ponerla en práctica correctamente en el aula? En las próximas líneas te contamos todo lo que debes saber sobre este tema.

“Al menos un 80 % del éxito en la edad adulta proviene de la inteligencia emocional”.

-Daniel Goleman-

El termómetro de las emociones, un recurso ideal para enseñar inteligencia emocional

El termómetro emocional es un recurso educativo muy simple y visual. Los niños, incluso los más pequeños, entienden el símil entre la temperatura que marca un termómetro y la intensidad de las emociones que ellos mismos sienten.

Niño en clase aprendiendo mediante diferentes método de educación alternativos al habitual.

De modo que, a partir del dibujo de un termómetro dividido en varios sectores de distintos colores, los niños pueden identificar y situar en una sencilla escala el propio estado de ánimo e indicar si se sienten muy contentos, contentos, tranquilos, nerviosos, molestos, tristes o enfadados.

Por tanto, se trata de una herramienta didáctica y lúdica ideal para trabajar las emociones básicas en el aula, especialmente con los siguientes alumnos:

  • De Educación Infantil.
  • De los primeros cursos de Educación Primaria.
  • Que presentan dificultades para comunicarse verbalmente y para expresar y reconocer las propias emociones y las de los demás, como pueden ser los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Pasos para poner en práctica esta actividad en el aula

Lo primero que hay que hacer para llevar a cabo de manera correcta la actividad del termómetro de las emociones es colocar en algún lugar visible del aula el dibujo de un termómetro, ya sea en papel o en cartulina, y, junto a él, una serie de imágenes o fotografías con diversas caras que representen, de forma clara, una serie de estados emocionales.

A continuación, el docente debe explicar a sus alumnos que se trata de un termómetro especial, algo diferente al que se suele usar para medir la temperatura, pues este sirve para medir las emociones que uno siente a lo largo de la jornada escolar. ¿Cómo? Muy sencillo, siguiendo los siguientes pasos:

  1. En cualquier momento de la clase, los niños pueden pedir permiso al profesor para levantarse de su asiento y acudir al rincón del aula en el que se encuentra el termómetro de las emociones para expresar cómo se sienten.
  2. El niño en cuestión debe seleccionar la fotografía de la cara que representa la emoción que está experimentando en ese momento. En este sentido, puede elegir entre muy contento, contento, tranquilo, nervioso, molesto, triste o enfadado.
  3. A continuación, el alumno tiene que colocar dicha cara en el termómetro de las emociones; las temperaturas más altas son las que corresponden a las emociones más negativas.
  4. El docente, siempre y cuando lo considere conveniente, debe animar al alumno a que explique ante el resto de los compañeros por qué se sienten así.

Asimismo, el profesor también puede participar en la actividad, dando ejemplo y compartiendo con sus alumnos los propios sentimientos y estados emocionales.

“No hay separación de mente y emociones; las emociones, pensamientos y aprendizaje están relacionados”.

-Eric Jensen-

Niños contentos en su clase de preescolar.

 

Los beneficios de utilizar el termómetro de las emociones en el contexto escolar

El hecho de colocar un termómetro de las emociones en el aula aporta múltiples beneficios, pues a los niños les permite

  • Identificar y reconocer el propio estado emocional.
  • Reflexionar sobre el origen de dicho estado emocional.
  • Regular y controlar las propias emociones.
  • Comprender las emociones y los sentimientos de los otros.
  • Escuchar activamente las experiencias de los demás.
  • Desarrollar la empatía.
  • Entender que el estado emocional es variable y, por tanto, cambia a lo largo del día.
  • Ampliar el vocabulario emocional.

En definitiva, con este sencillo ejercicio se puede potenciar la inteligencia interpersonal e intrapersonal de los más pequeños, de forma que crezcan siendo conscientes de la importancia de expresar y entender las propias emociones y las de los demás. Lo cual se considera fundamental para lograr el correcto desarrollo integral de los niños.