Te quiero desde que te pensé, desde antes de que existieras

Valeria · 31 agosto, 2017

Te quiero desde mucho antes de que existieras, mi niño. Dicen que convertirse en madre lo cambia todo, sin embargo, para mí más que cambio es crecimiento, es expansión y una cita a ciegas con alguien a quien adoraré para siempre.

Estamos seguros de que en algún momento de tu ciclo vital, antes quizá de que decidieras ser mamá o incluso durante el propio embarazo, llegaste a pensar esto mismo: ¿cómo puedo querer tanto a alguien a quien aún no conozco? Es un amor intenso, un cariño que nos nutre y que supone a la vez poco más que un sutil pero fascinante misterio.

Los neurólogos nos dicen que basta con “cartografiar” el cerebro materno para entender todos esos mecanismos emocionales que gestan muchas de nuestras conductas. Las hormonas y nuestros neurotransmisores dan forma a un baile frenético donde conseguir, por ejemplo, que siempre estemos alerta o que incluso nos obsesionemos en comprobar casi compulsivamente que nuestro bebé sigue “respirando”.

Todo esto lo podemos comprender porque el propio parto y nuestros niveles de oxitocina nos predisponen para ello. Sin embargo… ¿qué ocurre en nuestro cerebro antes del nacimiento del bebé? ¿Qué alimenta ese amor intenso, burbujeante y colorido por una personita a la que tan siquiera conocemos?

En “Eres Mamá” queremos hablarte de ello.

Quiero ser madre, es mi momento

Hay quien ni se lo había planteado. Hay quien de un día para otro se encuentra con un retraso y un inesperado “positivo” en la prueba de embarazo. A veces, y todos lo sabemos, las mejores cosas llegan por casualidad y sin que las tengamos previstas en nuestra agenda de objetivos vitales.

  • Sin embargo, otras mujeres deciden en un momento dado de su vida que es la época idónea.
  • A la estabilidad económica se le añade la emocional y el deseo simple, llano y maravilloso de ser madre ya sea en pareja o sin necesidad de ella.

Como ya sabemos se ha escrito mucho sobre eso llamado “instinto maternal” y si hay algo en lo que coinciden tanto psicólogos, médicos y especialistas en maternidad es que no existe tal cosa, no “al menos” como muchos lo conciben.

No es cierto que toda mujer experimente en un momento de su vida el deseo expreso de ser madre. Tal paso responde a un acto personal y no a una necesidad biológica normativa. Porque pocos actos nacen tanto del propio corazón como el deseo expreso de traer un niño al mundo.

 

mujer embarazada

El cerebro de la mamá durante el embarazo

Como ya sabemos se ha hablado y escrito mucho sobre cómo cambia el cerebro de las mamás una vez dan a luz. Estos cambios son muy llamativos a lo largo de los 6 primeros meses coincidiendo sobre todo con ese periodo donde la lactancia es más intensa y las necesidades del recién nacido, constantes.

Sin embargo… ¿y si te dijéramos que tu cerebro experimenta ya ciertas variaciones durante el primer trimestre?

  • Un estudio publicado en la revista “Nature Neurosciencie” reveló que esa tormenta hormonal de la que hablábamos al inicio empieza a gestarse de forma temprana en cuanto la mamá queda embarazada.
  • Lo que sucede es sin duda muy llamativo: empiezan a originarse ciertos cambios en el córtex prefrontal y temporal, así como en la línea media cortical anterior y posterior.
  • Asimismo, se reduce levemente la sustancia gris del cerebro.
  • Ello no significa ni mucho menos que perdamos capacidades cognitivas.

Lo que sucede con el cerebro durante nuestro embarazo es que este se reorganiza para potenciar diferentes ámbitos como son las habilidades sociales y el pensamiento emocional.

bebé en el útero materno antes del parto disfrutando de la Educación Emocional

Sueño contigo, te pienso, te dibujo en mi mente y te quiero para darte lo mejor de mí

Podríamos decir por tanto y sin equivocarnos, que a lo largo del embarazo nuestro cerebro ya nos predispone para la crianza. Lo hace variando levemente esa íntima arquitectura interior donde afinar nuestro sistema límbico, donde orquestar el mundo emocional y reflexivo centrándonos en el bebé, soñándolo y amándolo mucho antes de tenerlo en brazos.

Asimismo, el hecho de que se reduzca levemente la sustancia gris no quiere decir que vayamos a tener problemas para pensar de forma lógica o mediante heurísticos. En absoluto…

Nuestro cerebro se prepara para favorecer un apego seguro

  • Lo que han demostrado los científicos es que esa “pequeña” reducción de la sustancia gris experimentada en el embarazo, favorece después un mejor vínculo de apego ente la madre y el hijo. 
  • Por otro lado, cabe decir además que es común notar también mayor sensibilidad, ser más receptivas al mundo emocional de los demás y en experimentar cierta introspección también, cierto recogimiento con nosotras mismas para proyectar, para pensar, soñar, divagar, imaginar cómo será nuestro pequeño y si estaremos preparadas para esa nueva etapa.

Para concluir, algo tan maravilloso como es querer cada día más a ese niño que aún no hemos sostenido en brazos es algo normal y a su vez, deseable. Es un proceso que nos habrá de preparar para dar a ese pequeño un amor incondicional, una atención y una seguridad excepcional donde todo saldrá bien. Vuestra felicidad está asegurada.