Soy la mamá de una niña que no necesitará ser salvada por un príncipe

Valeria 7 agosto, 2017

En los últimos años vivimos una etapa dorada en lo que se refiere a la reivindicación sobre la igualdad de género y los derechos de la mujer. De hecho hay algo que tiene muy claro la mamá de ahora: la necesidad de educar a su niña en el valor de la libertad y la valentía, y no de dar al mundo una pequeña princesa que necesite ser salvada por un príncipe azul.

Según nos explican desde la UNESCO, uno de los principales objetivos que tienen todas las sociedades es fomentar la igualdad de género y la no discriminación de las niñas. A grandes rasgos estamos todos de acuerdo en ello, que es un fin lógico en el que bien merece invertir recursos, esfuerzos y una adecuada concienciación.

“Pies para qué los quiero si tengo alas para volar”
-Frida Kahlo-

Sin embargo, hay un dato que se nos escapa, hay un pequeño “gran” matiz que muchas veces no percibimos y que casi sin que nos demos cuenta, cincela la personalidad y pensamiento de nuestras niñas. Si hay algo que reforzamos en el día a día es el valor del físico, alabamos sus vestidos, su cabello y les recordamos cada día la necesidad de que sean buenas hijas, buenas hermanas, buenas parejas, buenas mujeres…

No obstante, bajo estas clásicas etiquetas lo que conseguimos en realidad es guiar sus prioridades hasta reforzar casi sin quererlo, el clásico esquema patriarcal. Potenciemos en el día a día otras áreas, otros aspectos que les permita ser ellas mismas, lo que deseen, lo que les dicte el corazón.

Eduquemos dándoles alas y el coraje suficiente para que si en algún momento se da la ocasión, puedan salvarse a sí mismas.

Mi niña no tendrá miedo de los dragones

niña con alas

Para dar al mundo personas maduras, libres y valientes que sepan construir sus propios caminos, nada mejor que ofrecer adecuadas estrategias para que puedan gestionar sus miedos e inseguridades.

  • Toda niña -al igual que todo niño varón- debe ser capaz de afrontar sus propios temores con nuestra ayuda, racionalizando ideas y controlando día a día un poco mejor sus emociones.
  • A la hora de apagar miedos es necesario “no alimentarlos”. Así, lo último que debemos hacer con nuestras hijas es fomentar su dependencia hacia los demás. Papá no debe mirar debajo de la cama si tiene miedo, mamá no hablará por ella cuando quiera pedir algo en voz alta con la excusa de que es tímida.
  • Desde bien temprano las animaremos a hacer frente a aquello que les inquieta, a esas pequeñas cosas que asustan a todo niño sea cual sea su género y que en ocasiones, alguna familias toleran más en caso de que sean niñas.

No hace falta que seas una buena niña, basta con que seas tú misma, lo que tú quieras

niña que va en un barco de papel

Sé buena, quédate quieta, no digas, no hables, viste bien, no seas descarada, no llames la atención, haz lo mismo que los demás, no te salgas de la raya, de la fila, del vestido... Estas y otras muchas más frases, ideas y mandatos son los que han acompañado siempre a toda niña a lo largo de varias generaciones.

“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños”
-Eleanor Roosevelt-

Queda claro que deseamos que nuestras hijas nos obedezcan pero más que educar en el clásico esquema de la obediencia pura y dura, cambiemos el enfoque para fomentar sus capacidades, sus fortalezas y virtudes.

  • Educa en sensibilidad conociendo sus necesidades, sus gustos, sus pasiones.
  • Educa en igualdad, no tengas preferencias con ellas que no tienes con tus hijos varones y a la inversa.
  • No las determines, no encamines su comportamiento hacia lo que a ti te gustaría que fuera.
  • Escúchala, ofrécele seguridad y ofrécele responsabilidades desde bien temprano. Hazle ver que es capaz de realizar muchas cosas, de no necesitar de segundas personas para muchas cosas. Demúestrale que confiando en ella misma y sus capacidades, puede llegar muy lejos.

La autoestima de una niña no se refuerza solo diciéndole que es bonita

mamá abrazando a su niña

Puedes decírselo, no hay problema en ello. Puedes decirle a diario que es la niña más bonita del mundo porque queda claro que lo es. Sin embargo, no lo hagas, no priorices en exclusiva este enfoque.

Cuando nos presentan por ejemplo a la hija de unos amigos es muy común decir aquello de “pero qué guapa eres Laura, y qué vestido tan bonito llevas…”. Poco a poco la pequeña Laura se acostumbrará de tal modo al refuerzo positivo asociado a su físico que basará su autoestima únicamente en ese aspecto. No es lo adecuado.

  • Pregúntale qué quiere ser el día de mañana y escúchala con interés.
  • Pregúntale qué libros lee o le gustaría leer
  • Alaba su modo de expresarse, dale confianza para que día a día sea más asertiva
  • Recúerdale que te sientes orgulloso por cómo es, por lo que hace, por cada cosa que hace bien y por cómo aprende cada día a ser mejor.

Para concluir, tu niña es y será siempre hermosa, pero para ti como madre y como padre no es lo más importante. Lo que deseas es que se convierta en una mujer con voz propia, con pensamientos propios y objetivos definidos que sabe defender y llevar a cabo.

Alguien libre para amar y ser amada, para conquistar cualquier escenario que esté a su alcance. Puede ser lo que ella desee el día de mañana, y no, ya no necesitará que un príncipe la salve de nada…

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