Quiero cambiar mi estilo de crianza: ¿por dónde empiezo?

19 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
El estilo de crianza tiene una enorme repercusión en el desarrollo emocional de los niños. Por ello, si detectas que no estás implementando el más adecuado, te damos las claves para cambiarlo.

Es posible que antes de ser madre creyeras que iba a tratarse de una tarea sencilla y que lo tendrías todo bajo control llegado el momento. No obstante, es probable que la llegada de tu hijo te haya enfrentado a retos, obstáculos y dificultades que te hayan hecho replantearte si realmente tienes todas las respuestas. Así, si has detectado que algo no va bien y estás dispuesta a actuar al respecto, te estarás preguntando: “¿cómo puedo cambiar mi estilo de crianza?”.

La realidad es que sí se pueden cambiar las pautas y el estilo de educación; se trata de una decisión sumamente valiente y digna de admirar. No es fácil darse cuenta de que se están cometiendo errores.

No es sencillo admitir los fallos y estar dispuesto a esforzarse por mejorar. Sin embargo, es uno de los mayores regalos que puedes ofrecerles a tus hijos, ya que su bienestar y su felicidad presente y futura en gran medida dependen de tu forma de educarlos.

Entonces, puede que hayas identificado que estás repitiendo automáticamente el modo en que tú fuiste criada, sin ser el más adecuado. Tal vez sientas que has sido excesivamente exigente y autoritaria hasta ahora o que no has sabido poner límites apropiadamente. Si es el caso, reconócete el valor de tu autoobservación y tu autocrítica y recuerda que nunca es tarde para hacerlo mejor. El error es parte del aprendizaje.

¿Cómo cambiar el estilo de crianza?

Padre regañando a su hija intentando cambiar el estilo de crianza.

¿Por qué deseas cambiar?

Para lograr un cambio profundo y duradero en el estilo de crianza es necesario realizar un trabajo personal y ser perseverante. Así, sería recomendable comenzar analizando los motivos por los que quieres realizar el cambio. Haz una lista de las consecuencias negativas que está generando para tu familia el estilo de educación actual; incluso, puedes plasmarla por escrito.

Tal vez, por el exceso de gritos y conflictos, la relación con tu hijo esté deteriorada emocionalmente. Quizá percibes que tu pequeño es dependiente e inseguro debido a la sobreprotección. O puede que sientas que, por ser demasiado exigente con él, se está sintiendo presionado y ansioso. Tener claros estos puntos te motivará a realizar el cambio, por duro que sea al principio.

Define las conductas a modificar

Por otra parte, es imprescindible tener claros los comportamientos concretos que se quieren abordar, pues, de lo contrario, el cambio se quedará en una mera intención. Así, especifica en qué momentos y situaciones sueles actuar de un modo que te desagrada, qué conductas y reacciones quieres eliminar y por cuáles las quieres sustituir.

Por ejemplo, es posible que quieras permitir que tu hijo haga su cama, que prepare su mochila para la escuela y se vista solo en lugar de hacerlo tú por él. O quizá quieras eliminar los gritos y salidas de tono y aprender a respirar antes de reaccionar desproporcionadamente. Anota estas situaciones para tenerlas claras y saber cuáles son tus objetivos

Monitoriza tu progreso

Para perseverar recuerda que debes ir observando tus progresos, premiarte por tus avances y redirigir tus acciones si algo no va según lo previsto. Así, al final de cada día, rememora qué situaciones conflictivas se te han presentado y si has sido capaz de implementar en ellas el nuevo estilo de crianza que te has propuesto. Analiza también los resultados que esto ha tenido y cómo han reaccionado tus hijos ante ello.

Padres jugando con su hija sentados en el suelo.

¿Qué hay que tener en cuenta si quieres cambiar el estilo de crianza?

Es importante que sepas que los cambios llevan tiempo y es posible que, en un inicio, los niños no reaccionen bien a la novedad, a los límites o a las responsabilidades. Si es así, sé consciente de que lo haces por el bien de toda la familia y que las consecuencias serán muy positivas a medio y largo plazo.

Por otro lado, también es posible que tus pequeños reaccionen bien a la nueva dinámica y el ambiente familiar mejore rápidamente. Si esto sucede, utilízalo como motivación para continuar.

Ante todo, sé comprensiva e indulgente contigo misma y con tus hijos. La perfección no existe y no es posible implementar una modificación tan grande a la primera. Pero con tiempo los resultados se irán haciendo visibles y el esfuerzo habrá merecido la pena.