No muevas a tu hijo con tus palabras, arrástralo con tu ejemplo

Ser ejemplo de nuestros hijos es la herramienta educativa más efectiva que tenemos los padres. A los niños no hay que decirles cómo, por qué y para qué deben hacer las cosas, ellos, la mayoría de las veces, actúan imitando nuestra manera de ser y hacen caso omiso a lo que pretendemos inculcarles.


Las palabras, en la infancia, son como un lenguaje nulo que el niño no entiende o no quiere entender, porque es más fácil, o la naturaleza lo concibió de esa manera, como mejor aprenden las crías es imitando a sus progenitores.

Con esto te decimos que si quieres criar a niño feliz, íntegro, responsable, educado, amoroso y seguro de sus cualidades y capacidades físicas, cognitivas y mentales edúcalo con tu buen ejemplo.

Para evidenciar esto que te decimos queremos compartir contigo la presente historia.

Madre dándole un beso a su hijo

La historia de una mamá incoherente con el decir y el hacer

Martha es una mujer sumamente sociable. En su edificio, se lleva bien con todos los vecinos. No hay día que no salga a trabajar sin antes dar los buenos días a todo el que se encuentra.

Quien necesite de su ayuda sabe que estará ahí para tender su mano amiga: un poco de azúcar, que cuide al niño durante una hora, que le traiga unos huevos si va al super, que le llame al encargado de la comunidad… ella es un ejemplo de vecina.

Pero Martha es una señora que tiene serias incoherencias entre el hacer y el decir.

Sus saludos efusivos, toda vez que la persona en cuestión le da la espalda, siempre terminan en una mueca o un malintencionado comentario:

—Si supiera lo mal que me cae—
— Qué diría si se enterara de la otra relación que tiene su esposo—
—Ahorita no cabe por esa puerta por lo gorda que está—

Atiende cualquier llamado, pero siempre con dobles intenciones.

—El favor que te estoy haciendo me lo debes devolver con creces. Recuerda que una mano lava la otra y las dos lavan la cara—.

Así piensa Martha.

Y siendo de esa manera siempre le fue bien, o al menos, eso creyó, hasta el día en que comenzó a notar que su hija de 5 años, al jugar, la muñeca Martita con la más se identificaba, y de hecho, la que representaba su propia persona en todos los juegos, adoptaba el rol de ser la mejor de todas, la más bella, la más inteligente.

Por si fuera poco, cuando Martita se sentaba a tomar el té con otra muñeca criticaba a sus amigas, y apenas la compañera de té era sustituida, la crítica recaía en la que se había acabado de marchar.

Cuando otras muñecas eran peinadas y vestidas, Martita alababa su look, pero en voz baja, para sí misma, comentaba lo que realmente creía de la nueva imagen.

Ese día en que Martha se detuvo a ver a su hija jugar no pudo más que asombrarse y pensar que “de la nada” le había nacido una niña hipócrita.

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No muevas a tu hijo con tus palabras, arrástralo con tu ejemplo

Mamá, sabemos que dar un buen ejemplo no resulta tan fácil, porque somos humanos imperfectos que no siempre tomamos las mejores decisiones.

Estamos hechos de una mezcla de optimismo y pesimismo; buenas y malas acciones; sentimientos positivos y negativos a la vez.

Nosotros no siempre estamos preparados para ser un modelo a seguir y, aun así, tenemos la responsabilidad de educar, guiar, aconsejar a las nuevas generaciones.

Lo que podemos hacer entonces es amanecer cada día con la intención y el esfuerzo real de convertirnos en mejores personas, sinceras, honestas, altruistas, empáticas, sociables para que nuestro hijo pueda tomar lo mejor de nosotros.

Hay que enseñarlo, con nuestro actuar cotidiano, a respetar a los demás, perseguir sus sueños y a esforzarse para alcanzar sus metas. Demostrarle cómo debe comportarse, sentir y pensar.

Que repudie las mentiras y las falsedades, que aprenda a hacer verdaderos amigos y a abrir su corazón para todo el que lo necesite.

Siendo su mejor y más cercana educadora tienes la responsabilidad, y el deber, de enseñar lo mejor posible al “enanito” que te observa cuando no lo notas.

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