Tengo el más bonito despertador natural: ¡Mi hijo!

Mis mañanas no son corrientes, pues tengo el más bonito despertador natural. Quizás mi despertador se salga de lo usual e incluso escape a todo avance tecnológico, pero es más que pintoresco. Se caracteriza por levantar siempre de buen humor, ya que irradia alegría.

Este bonito despertador natural, aunque parezca raro, comunmente suele vestir un pijama. Si bien no fue un personaje de “La Bella y La Bestia”, mi despertador tiene unas manitas tan pequeñas como suaves, así como una hermosa sonrisa capaz de enamorarme día a día.

Por supuesto, todas las que son madres saben de qué tipo de despertar hablamos. Aunque todas las mamás tienen uno, la realidad es que no todo bonito despertador natural es igual ni se parece. Ya no caben dudas: el bonito despertador natural del que hablamos no es más ni menos que mi hijo.

Ese bonito despertador natural que me mata de amor

El amanecer y cada despertar se tiñe de color mientras toma el más dulce sabor. Fiel a la ternura y felicidad que enarbola cada pequeño, mi bonito despertador natural cambia el olor de todas mis mañanas. Escuchar su suave voz puede ser letal.

Entonando una linda canción o pronunciando palabras que parecen tan simples pero que en el fondo son la clave de nuestra vida. “Te amo mami”, una caricia con sus delicadas manos y una sonrisa y ya perdimos el partido por goleada.

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Este despertador no precisa apelar a esos molestos ruidos estridentes, ni llamar la atención por detalles tecnológicos. Pues con su sola mirada es capaz de llenar cualquier vacío y con un beso puede derretir glaciares. Mi hijo es luz y calor para paliar esas frías mañanas de invierno.

Sin embargo, también puede tener la frescura necesaria para hacer frente a los días más calurosos. Esa frescura que lo convierte en un ser único y especial, aquella signada por la inocencia. Como ven mi despertador tiene vida y puede matar de amor.

Mi despertador, el secreto de mis mañanas

Ciertamente, no hay chance de arrancar el día sin una sonrisa dibujada en mi rostro, sin sentirme el universo de ese pequeño ser. Claramente, ese bonito despertador natural marcó a fuego mi vida y se encarga de hacérmelo saber cada mañana.

Sin dudas, con esta manera de arrancar el día, el resto de la jornada marchará sobre ruedas. Así, estos instantes iniciales serán el combustible natural para transitar todo aquello que pueda acontecer hasta que llegue la noche.

Entonces, ya sea que se avecinen sucesos buenos o malos, e incluso teniendo el peor humor del mundo, estaré debidamente armada para enfrentarlo. No es para menos si recuerdo los mimos, caricias y pegajosos besos que me reconfortaron haciéndome sentir que tocaba el cielo.

Lo mejor de todo es que no importa nada de lo que pase afuera. Pues nada se interpondrá en el amor incondicional y puro que ese bonito despertador natural tiene para brindarte a cada instante. Un amor sin límites, que no conoce de condiciones ni intereses, sino de los propios e intensos latidos del corazón.

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Un bonito despertador natural que ilumina mi vida

Mi hijo es ese bonito despertador que ilumina mi vida, poniendo luz y brillo hasta en los más oscuros y apagados días. Es aquel artista que traza una mueca en mi rostro frente a las más complejas adversidades. El que sazona mis mañanas con tan solo aparecer dentro de mi campo visual.

De ese modo, mi paso por este mundo se convierte, descubre matices, toma otra tónica. Vivo, doy vida y, con ella, aprendo a vivir cada minuto como si fuera el último. Intensamente, como cualquier niño. Disfrutando cada instante, cada oportunidad de ser feliz.

Así continúa mi vida, gozando de la inmensa curiosidad de ese despertador natural que delinea con su palpitar el camino a seguir. Aprendiendo de su entusiasmo, pasión, ganas de aprender y esa inmaculada capacidad de asombro.

Descubro en él, nada menos que el secreto de la felicidad. Y qué más da si el plan consistía en lograr dormir unas horas más. Ya no importa si debo compartir espacios o tomar frío con el movimiento alocado del edredón. Por verlo crecer feliz, mato y muero.

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