Madre por segunda vez

Si eres madre primeriza, puedes llegar a creer que ser madre por segunda vez no puede ser tan fantástico, que no hay emoción comparable a tener a tu primogénito en brazos, porque nada es más grande en el mundo que pasar de ser una sola persona a convertirte en dos.

Las emociones de una mamá primeriza

Es normal que mientras disfrutes de tu primer hijo y sientas cerca de ti ese corazoncito que palpita a gran velocidad creas imposible sentir una felicidad semejante a esa. El embarazo, el alumbramiento y la acogida del primer hijo son algunos de los mejores momentos de la vida de cualquier mujer. Desde la propia concepción, comienza una historia de amor platónico que durará la vida entera.

Un madre sabe entregarse, sacrificarse, enamorarse y apasionarse desde el primer momento. Ella lo amamanta, lo consuela, lo limpia, lo mima, lo duerme, lo sostiene en brazos… y todo ello sin pedir nada a cambio. Es sorprenderte y mágico ver cómo la vida premia a los padres con la llegada del primer hijo y cómo ellos viven ese momento.

Alejadme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños

—Gibran Khalil Gibran—

La madre de dos hijos se multiplica

Que la familia crezca es algo positivo

Es cierto que una madre de dos hijos puede acabar agotada, cansada o incluso deprimida en alguno de los peores días; sin embargo, ella sabe que es una mujer afortunada por tener la oportunidad de gozar de dos sonrisas, voces, maneras de jugar y vivir la vida; dos miradas diferentes que la ven como la mejor madre del mundo.

Eso sí, muchas veces nos parece imposible pensar cómo hacen las madres para ocuparse de los niños, de ella misma, el hogar, el trabajo y el resto de las responsabilidades sociales al mismo tiempo… Solo quien vive en carne propia la crianza de dos hijos conoce los malabares e “inventos” que hay que hacer para lograr las muchas empresas que le tocan acometer diariamente.

Las madres que lo son por segunda vez ciertamente se aprende a hacer magia:

  • La comida está lista siempre a la hora indicada, aunque apenas se comience a preparar pocos minutos antes.
  • No importa que mamá tenga que pasar el día entero con el pequeño en brazos, ella sola es capaz de preparar todo para que a ninguno de los niños les falte la ropa limpia, los biberones llenos y las camas preparadas.
  • El día deja de tener 24 horas y se multiplica. En un solo día una madre puede trabajar de manera intensa, pero siempre tiene tiempo para secar una lágrima, mimar, jugar, y echarse al suelo a consolar a su primogénito cuando este sienta celos de su nuevo hermano.

¿Por qué sonreímos cuando vemos un bebé? Quizá sea porque vemos a alguien que aún no tiene todas esas barreras defensivas, alguien que, bien lo sabemos, cuando nos sonríe lo hace de forma totalmente auténtica y sin engaños. Y el alma de bebé que seguimos llevando dentro sonríe con melancólico agradecimiento

—Jack Canfield—

Ser madre por segunda vez es tener una razón más para vivir

Cuando la naturaleza le ofrece a una mujer el don de ser madre por segunda vez, le está regalando la oportunidad de revivir todo lo bueno de su primer embarazo, alumbramiento y crianza. Son inmensas las sensaciones de reafirmación que se experimentan, los recuerdos que llegan a la mente y el gozo de disfrutar una vez más de una felicidad tan grande.

Ser madre por segunda vez te ofrece una segunda oportunidad para ser feliz

Si con tu primer hijo has descubierto una razón importante para vivir, ser feliz, superarte como persona y luchar por tus sueños y los de él, con dos hijos, esa razón se duplica. Si la naturaleza te da la oportunidad de volver a ser madre, siéntete alegre y acoge la ocasión que la vida te brinda para crecer como persona.

Muchas maravillas hay en el universo; pero la obra maestra de la creación es el corazón materno

—Ernest Bersot—

Dales a tus hijos la posibilidad de que, cuando crezcan y te conozcan bien, se sientan dichosos de llamarte MADRE.

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