La pérdida de peso en la infancia

Carlos Lara · 12 noviembre, 2017
Descubre cómo saber si la pérdida de peso en la infancia tiene que ver con algún problema de salud y cuál puede ser el origen de este.

La pérdida de peso en la infancia es un síntoma que no siempre pasa desapercibido. Por lo general, la pérdida de peso suele derivarse de problemas en la salud de diversa índole, razón por la cual es importante aprender a identificar la causa a tiempo y combatirla prontamente.

Por lo general, se tiende a sobredimensionar algunos detalles relacionados al peso de los hijos. Cuando hay una disminución del mismo, se suele pensar en desnutrición, lo cual, se trata de una exageración la mayoría de las veces. Para poder evaluar con claridad el peso de un niño, es necesario discernir entre los casos extremos y variaciones normales.

Preocupación por la pérdida de peso en la infancia: ¿Peligro real o exageración?

Comúnmente, la pérdida de peso en la infancia suele indicar la presencia de algún problema de salud o bloqueos en el aparato digestivo, que aunque pueden no limitar el apetito, sí pueden generar una mala absorción de nutrientes y por consiguiente, ocasionar una pérdida de peso.

Una forma de contrastar si nuestras sospechas son ciertas es realizar una comparación del peso actual con el mostrado en la última revisión médica que se le realizó al niño. Una disminución repentina de más del 10% del peso, o bien, por debajo del índice de masa corporal (en función de la edad y altura) pueden ser indicadores de problemas.

En cualquier caso, el peso de una persona, desde la infancia hasta la adultez y salvo casos de obesidad infantil, siempre debería denotarse en un peso cada vez mayor acorde con el proceso de crecimiento. Por ende, tanto como si se trata de una disminución importante del peso de un niño (ya sea brusca o progresiva) es un síntoma que requiere de la atención de un profesional médico.

Causas comunes de la pérdida de peso en la infancia

Las causas de pérdida de peso en la infancia pueden ser tan variadas como en adultos, pudiendo ser también de naturaleza patológica o conductual. Algunas de las causas más comunes por las que nuestro hijo puede parecer estar perdiendo peso son:

Patológicas

  • Cáncer.
  • Hipertiroidismo.
  • Anemia: Por la falta o mal absorción de los nutrientes de los alimentos.
  • Diabetes: Principalmente cuando aún no se detecta.
  • Celiaquía o intolerancia al gluten, la cual puede incentivar una discriminación en el consumo de alimentos que causan malestar.
  • Afecciones gastrointestinales: infecciones bacterianas, parásitos estomacales, etcétera.

Causas mentales

  • Anorexia y bulimia.
  • Episodios intensos de estrés.
  • Depresión aguda (principalmente al morir un miembro de la familia).

Otros

  • Contaminación alimenticia.
  • Procedimientos quirúrgicos recientes.
  • Como abordar situaciones delicadas que derivan en la pérdida de peso.
  • Consumo o mal uso, tanto deliberado como no intencional de fármacos.

La forma de descubrir las causas, así como el correspondiente tratamiento o indicaciones para corregir estos cambios de peso bruscos, será siempre acudir al médico. Sin embargo, sí podemos establecer algunas pautas para hacer más fácil el inicio de un posible tratamiento para la afección.

Episodios de depresión, ansiedad o estrés

Los episodios de estrés, ansiedad o depresión pueden derivarse de la pérdida de un ser querido, así como de múltiples sucesos traumáticos pasados o en curso.

Si la fuente de la depresión o estrés es desconocida por los padres, puede ser una manifestación de abuso escolar o de otros adultos, con lo que dependiendo de la edad y actividades cotidianas del menor, se hace necesario ser sutil para formular las preguntas correctas o determinar las áreas que están teniendo influencia en el episodio de depresión y estrés.

Si se conoce el desencadenante, dependiendo de la intensidad del mismo, puede hacerse recomendable acudir con un terapeuta. Esto tiene como objetivo evitar que la depresión evolucione en una forma crónica, o que episodios intensos de estrés dejen tras de sí trastornos como el de ansiedad generalizada.

Trastornos alimenticios

En estos casos hace falta ser mucho más sutil para detectarlos, pero a pesar de una muy corta edad, varios años aún por debajo del umbral de la adolescencia, puede presentarse con los mismos síntomas, siendo igualmente su incidencia de más del 90% en el sexo femenino quienes padecen este tipo de trastornos.

A diferencia de un trastorno postraumático donde es posible formular preguntas que nos permitan abordar una solución psicoterapéutica al problema, en el caso de los trastornos alimenticios, el paciente mantendrá en mayor grado conductas negacionistas o en última instancia desafiantes.

Acudir con un especialista clínico en este tipo de casos puede ser necesario para determinar según las circunstancias, como abordar el problema. Esta, en la gran mayoría de los casos, será algo mucho más recomendable que intentar extinguir la conducta alimenticia solo por cuenta de los padres, y dentro del núcleo familiar.