La importancia de transmitir a los niños el valor de la tolerancia

La tolerancia es una actitud que hace mejores a las personas. Es esencial que los niños la incorporen y la practiquen desde una edad temprana para una mejor relación con los demás y para el propio crecimiento individual.

Las burlas, el bullying, las faltas de respeto y otras manifestaciones negativas son propias de niños que no saben tolerar. Afortunadamente, los padres tienen en sus manos la capacidad de formar mejores personas gracias a la enseñanza de valores. Precisamente, la tolerancia ocupa sin dudas un lugar entre las cualidades más necesarias en el mundo actual.

La transmisión oral y el ejemplo son los recursos principales con los que cuentan las familias para educar moralmente a sus niños. En el colegio se hace bastante, pero esto muchas veces no es suficiente: el trabajo continúa en casa.

Veamos, entonces, la importancia de inculcar la tolerancia y algunas acciones que podemos poner en práctica para incentivarla en los menores.

En primer lugar, ¿qué es la tolerancia exactamente?

La tolerancia es la disposición a entender otros puntos de vista y realidades diferentes a las nuestras. Por ello implica consideración, respeto, compromiso hacia los demás y una postura social equilibrada.

No obstante, no debemos confundirla con una actitud débil. Simplemente se trata de no condenar a los demás y ser condescendientes. La parte difícil de criar hijos tolerantes es lograr que ellos lo sean sin perder la brújula de su propia identidad, deseos e intereses.

Así que durante una tarea conjunta o un juego, los amigos del pequeño no deben decirle todo lo que debe hacer. La mejor forma de equiparar la balanza es incorporar otro concepto: el de justicia.

“La tolerancia es la disposición a entender otros puntos de vista y realidades diferentes a las nuestras”

Seamos padres de educación justa

Es normal que, dado nuestro rol de padres, nuestros pequeños nos vean como una especie de “jueces”. Después de todo, los progenitores van indicando a los niños lo que está bien y lo que está mal. Además, premiamos lo bueno y castigamos la acción desconsiderada.

Los pequeños educados para practicar la tolerancia tienen mejores relaciones sociales.

Por eso, la primera forma de enseñar la tolerancia es desde el juicio propio. En este sentido, debemos poner en práctica un par de acciones fundamentales:

  • Cuestionar las actitudes egoístas y groseras en sus primeros entornos sociales.
  • Reforzar su personalidad y valentía frente a las injusticias.

Esos momentos de reflexión en caliente son idóneos para ir formando un determinado criterio en el niño. Además, podemos responder a sus preguntas de una forma lógica, explicativa y sin imposiciones.

La expresión oral es primordial para cultivar la tolerancia en los más pequeños

No solo las conversaciones y los incidentes son buen momento para hablar de este tipo de temas. Una excelente vía de transmisión de valores son las narrativas infantiles. Canciones, cuentos y hasta cómics pueden ayudar a formar el sustrato moral del pequeño.

“Los momentos de reflexión en caliente son idóneos para ir formando un determinado criterio en el niño”

Otro aspecto al que se debe prestar atención son las preguntas que los pequeños nos hacen. Cosas como “¿Por qué ese hombre tiene el cabello largo?”, o “¿Por qué ese niño tiene otro color de piel?”, son momentos perfectos para educar.  Los padres deben tener cuidado con lo que van a decir en el momento de contestar.

Construir un discurso en apoyo a la diversidad siempre será bueno a la hora de tocar estos temas. A su vez, cuestionar las burlas construirá a futuros hombres y mujeres respetuosos y con calidad humana.

La tolerancia nos hace mejores personas.

Cuidado con los prejuicios

Los niños son un reflejo de sus padres y demás familiares. Por lógica, cuando emitimos opiniones tajantes, absolutas y prejuiciosas estamos enseñando. Aunque no muchos lo crean, los niños absorben como esponjas.

Por eso, lo primero que debemos hacer para educar niños tolerantes es serlo nosotros. Los progenitores deben ser un ejemplo de respeto, empatía y buenos tratos, siempre evitando el conflicto innecesario. Las expresiones odiosas y soeces deben quedar en el dormitorio del matrimonio.

Incluso cuando bromeamos los niños pueden entender un mensaje erróneo. Por eso debemos siempre explicar que existen diferentes puntos de vista y dedicar tiempo a este tipo de aprendizaje. No es poca cosa: estamos enseñando a los niños a vivir en sociedad.

Atención a la forma en la que riñes

Los padres que se muestran iracundos, inconformes y demasiado estrictos son generadores de niños intolerantes. Por eso, el aprendizaje comienza con nuestro autocontrol y la forma en que manejamos cada incidencia cotidiana.

Si nos mostramos descontrolados, los niños se resienten y verán esto como un comportamiento normal. A decir verdad, desterrar la intolerancia es eliminar la violencia de la vida familiar. Lo central de tolerar es comprendernos desde nuestra parte más humana.

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