Niñofobia: ¿Discriminación, intolerancia o marketing?

Macarena · 26 diciembre, 2016

La niñofobia es una tendencia que en la actualidad se encuentra en boga a nivel mundial. Esta suerte de movimiento social surgió en respuesta a las quejas de diversos clientes que evidentemente no entienden en qué consiste la infancia.

Peor aún, tales consumidores o usuarios parecen haber olvidado que en algún momento fueron chicos. Sea como fuere, lo cierto es que esta iniciativa comenzó a implementarse en bares, restaurantes y cines en los que se impuso la prohibición de ingreso a menores de edad.

Posteriormente, esta medida tuvo réplicas en hoteles, transportes y otro tipo de establecimientos dedicados al ocio de manera exclusiva. De este modo, se han ampliado considerablemente los espacios libres de niños.

Ahora bien, cabe preguntarse: ¿La niñofobia es un problema de discriminación, intolerancia o simplemente una estrategia de marketing? En este artículo de Eres Mamá te contamos lo que alegan defensores y detractores de esta moda.

Niñofobia, otro tipo de discriminación e intolerancia

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Los niños son niños: corren, gritan, lloran, ensucian. Para disgusto de muchos adultos poco tolerantes, ello es normal e incluso beneficioso durante la infancia. Pues niño que juega e interactúa, es un niño feliz y pleno.

¿De dónde surgió esa errada idea o absurda preferencia por bebés silenciosos y niños pasivos que atienden, callan y sonríen? Es hora de que el mundo lo sepa y entienda: esos modelos no existen más que en sus mentes.

Por ello, desde este rincón todos aquellos que entienden que la mayor verdad de este mundo son los niños, perciben cierta marginación en la niñofobia. Apartar a los chicos por eso: por ser pequeños. Tan simple y loco como ello.

Desde esta perspectiva, la medida es recibida negativamente por cuanto ha de juzgarse como un trato discriminatorio. Irónicamente, en un paradigma en el cual celebramos cada avance en materia de inclusión, varios tienden a excluir.

Paradójicamente, en un mundo donde se están comenzando a conquistar derechos hasta entonces negados, decidimos desoír y violar los derechos de los niños. Allí mismo donde todos enarbolan la bandera de la tolerancia, muestran a las claras todo lo contrario.

Así, apuntando a cuestiones eminentemente de índole social, arribamos sin escala a cierta deshumanización de la sociedad. Civilización no tolerante con el germen mismo de la sociedad: la infancia. En suma, desde esta visión, comienzan a trastocarse los valores familiares.

Niñofobia, solo un nicho de mercado

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Claramente, la niñofobia es una tendencia de marketing. Esto se debe a que esta disciplina ha encontrado allí un nuevo nicho del mercado. El público en algún momento lo demandó. Y como bien sabemos, el mercado se rige por la ley de la oferta y la demanda.

De esta manera, los establecimientos prohíben la entrada a familias con bebés y niños pequeños. Lo hacen argumentando que estos segmentos del mercado se constituyen en la vía ideal para poder elevar la calidad de los servicios prestados.

El fin último consiste sin más en respetar el derecho a un ambiente pacífico y armónico de los consumidores. Pues claro, el cliente siempre tiene la razón, ¿o no?  De esta manera, se apunta a los niños por su comportamiento y modales. Incluso, de algún modo, se señala a los padres por la crianza.

Sin embargo, un detalle no se puede escapar de nuestros ojos. Hablamos de lugares abiertos al público pero que son empresas privadas. De modo tal que estas sociedades comerciales se reservan el derecho de admisión y permanencia.

Así es como estos comercios apuestan -no ingenuamente- por un usuario más exclusivo, para lo cual le ofrecen la tranquilidad que tanto busca. Consecuentemente, queda claro que desde un punto de vista meramente comercial, para ellos no se trata de una cuestión social, sino de negocios.

Por suerte, hay alternativas. De seguro, ¡mejores!

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Así como algunos sitios prohíben lamentablemente la entrada de pequeños, hay muchos otros establecimientos específicamente pensados y diseñados para ellos. Lugares para disfrutar en familia donde no se ponen muros a nuestro propio futuro.

Sin embargo, lo interesante de este nuevo planteamiento que surge de una sociedad moderna no son las opiniones divididas. Esto quizás sirva para reflexionar como padres frente a este problema que bien puede ser de tolerancia, pero también de modales.

Es cierto que algunos padres son permisivos con sus hijos. Los mismos tienden a no poner límites y, en ocasiones, no se les inculca valores. De allí se desprende la falta de una noción de convivencia, basada en la importancia de los buenos modales.

Ahora bien, debemos ser realistas y ponernos una mano en el corazón. Así como se les marca a algunos nenes que no aprendieron normas de convivencia y respeto, muchos adultos carecen de esto mismo. Prueba de ello es, ni más ni menos, la niñofobia.

Esta medida deja a las claras cierta debilidad en la tolerancia. ¿La solución es extirpar a los más chicos de nuestras vidas? La respuesta está entonces en olvidar aquello que alguna vez fuimos, y juzgar. Porque, claro, primero uno y su ombligo, y después el resto del mundo que se arregle como pueda.