La importancia de mirar a tu bebé cuando lo estás alimentando

Pocas cosas son tan mágicas a la vez que esenciales para crear un vínculo fuerte, que mirar los ojos de nuestro bebé cuando lo alimentamos, ya sea con el pecho o con el biberón. Ese instante en que nuestro hijo por fin, nos sostiene la mirada y nos descubre, es algo maravilloso.

Durante la crianza no podemos descuidar los pequeños detalles. Todo gesto, toda palabra o hábito que establezcamos con los bebés consolida un tipo de anclaje psicológico en el cerebro de los niños. No hay que olvidar, por ejemplo, que la privación de este tipo de refuerzos emocionales del día a día merma el buen desarrollo de los más pequeños.

Debemos atender este tipo de vinculaciones que se gestan sobre todo entre la relación madre e hijo. Porque si hay algo que hacemos con frecuencia a lo largo de los 6 primeros meses es alimentar a nuestros hijos. La lactancia es un periodo donde acontece una oportunidad maravillosa e irrepetible de crear ese apego saludable y sólido que actuará como el primer eslabón de muchos más en la madurez de los niños.

Hoy en “Eres Mamá” te hablamos de este tema tan especial.

Mirar a tu bebé es la clave de su desarrollo social y emocional

Cuando un bebé llega al mundo, su campo de visión es muy limitado. Tanto es así, que su alcance no va más allá de los 30 centímetros. No obstante, esta limitación visual tiene una finalidad muy concreta: centrarse en lo que de verdad importa durante esos primeros meses: su alimentación.

Ahora bien, a pesar de que su vista no es muy aguda, el recién nacido dispone de otro sentido increíblemente desarrollado: el olfato. Y si hay un olor que adora, que reconoce por encima de cualquier otro y que le relaja es el tuyo, el de su madre.

Todos estas características biológicas son un punto de partida, una forma de adaptación previa que necesita de una estimulación continua para seguir ganando etapas, para seguir creciendo. Una responsabilidad que está en nuestras manos y… en tu mirada.

bebé lactando

La importancia de crear una relación de unidad

Durante esos primeros 6 meses en que la lactancia va a marcar vuestro ritmo de vida, ocurren muchas cosas. No solo veremos cómo día a día van cogiendo peso, como ganan en fuerza, en viveza, en atención. Lo que se crea también es un sentido de unidad entre la madre y el hijo.

  • La importancia de mirar al bebé a los ojos es vital. Es como echar un ancla en esa cabecita aún inmadura, semejante al capullo de una flor que se va abriendo, para decirle “eh, hijo mío, estoy aquí, mírame”.
  • No solo la mirada de la madre mientras lo alimenta es esencial. La voz materna es ese estímulo que irá creando conexiones neuronales en el bebé y que a su vez, preparará las estructuras neuronales que dan forma al lenguaje, ese que semana a semana irá consolidando. De hecho, llegará un momento en que el bebé entienda muchas más palabras de las que crees a pesar de que no pueda responderte.

Tú eres su primer espejo y el modo en el que entenderá el mundo

Si lo que ve nuestro bebé a diario cuando lo alimentas son tus sonrisas, se alimentará de esas emociones positivas.

  • Tú eres el espejo en el que él se verá reflejado. Ese rostro que lo atiende con cariño le divierte, le hace reír, lo hace sentir bien y ante todo, percibe seguridad y protección.
  • Todo ello le confiere ese equilibrio mental y emocional donde descubrirse también a sí mismo como persona. 
  • Esa interacción emocional tiene un claro componente social donde el niño irá poco a poco, abriéndose paso teniendo la fuerza de ese vínculo de apego formidable.

Cuando el bebé ya no es tan pequeño ¿continuamos con este refuerzo visual?

mirar al bebé

Cuando nuestro hijo ya es algo más mayor, el vínculo de la mirada durante la alimentación ya no es tan importante. Llega un momento en que deben darse paso a otras interacciones donde seguir consolidando esa relación de apego, como son los abrazos, la comunicación, las caricias, los juegos

Desde que nacen y hasta los 6-7 primeros meses lo que un bebé demanda son dos cosas: cariño y alimento. Es ahí donde nuestra misión es aprovechar esos instantes en que están despiertos y activos para mirarlos a los ojos, para hablarles, acariciarles y establecer esa magia entre la madre y el hijo.

Por ello, si eliges a alargar la lactancia no te preocupes si llegado el año, los dos o los tres años nos despistamos mirando la tele o leyendo un libro mientras los alimentamos. El día está lleno de muchos más momentos para interaccionar con ellos, para estar presentes y ayudarlos a crecer con amor y respeto.

 

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