Las travesuras de los niños nos hacen reír

Las travesuras de los niños colman la vida de los adultos, y decimos colman, en el más grandioso de los sentidos; porque aun cuando muchas de ellas nos ponen los pelos de punta, o nos hacen enojar como nada más lo consigue, siempre queda un pedacito de corazón en donde colocarlas. Todas las picardías de nuestros hijos son alimento para nuestras almas.

A los niños les encantan las trastadas. Tal parece que nacieron predispuestos a ellas, o que llegaron al mundo compartiendo un mismo gen que las hace parecerse aunque vengan de familias y países distintos.

Por todo lo que significan, en el presente post nos gustaría hablar sobre el maravilloso mundo de las travesuras infantiles.

Travesuras de los niños que nos hacen reír

Mamá, debes saber que todas las diabluras de los niños, las hagan o no de manera consciente, son el resultado de una necesidad o un deseo.

Ellos hacen fechorías con las cosas que apreciamos solo porque saben que con esto van a captar nuestra atención. Las comidas que no les gustan son también motivo de picardías y terminan lo mismo en la boca del perro como debajo del colchón.

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Nuestros hijos hacen chiquilladas para darnos a conocer su enojo, por ello, nos esconden el llavero dentro de una maceta y trituran el papel sanitario debajo de nuestra cama. Sin embargo, su interés por un determinado objeto y cuando quieren conseguir que cedamos a su voluntad, son los principales impulsores de las travesuras durante la infancia.

Sin lugar a dudas, son ellos quienes avivan la llama de la imaginación y ponen a funcionar las neuronas a plena capacidad. Por eso es que aquel lápiz de labios que el niño tanto nos pidió y le negamos un día, de pronto, dejó de existir y solo supimos de su presencia cuando le vimos la bici pintada de ese color.

¿Por qué los niños hacen travesuras?

Los niños hacen diabluras, gran parte de las veces, de forma inconsciente. Su travieso accionar no siempre es preconcebido así como creemos, en no pocas ocasiones, está motivado por respuestas espontáneas a las diversas disyuntivas que les presentan.

Esto ocurre sobre todo cuando son pequeñitos, alrededor del primer año de vida, precisamente cuando comienzan a explorar su entorno, gateando y dando los primeros pasos. En esta etapa los niños se encuentran en pleno aprendizaje del mundo que les rodea ¿cómo huele esto?, ¿cómo funciona aquello?, ¿para qué me sirve lo otro?, ¿qué pasa si…? y en este empeño por conocer el entorno surgen sus primeras travesuras.

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Pongamos un ejemplo.

Supongamos que un niño gatea y en muy contadas ocasiones se levanta con la ayuda de su mamá. Jamás lo ha hecho solo. En su gracioso andar un día se topa con un objeto que le llama la atención e inmediatamente intenta cogerlo, pero el objeto, se encuentra en una mesita elevada y no puede alcanzarlo.

Ante el dilema el pequeño comienza a buscar soluciones que le posibiliten alcanzar el objeto. Para sorpresa de su madre, la primera de todas es la de aguantarse de la mesita, pararse, tomarlo y sentarse en el piso a jugar con él. El bebé de mamá acaba de hacer su primera travesura.

Otra buena parte de las travesuras que hacen los niños la hacen de forma consciente, es decir, saben que las están haciendo, pero surgen de manera espontánea inmediatamente después que se les plantea el “problema”. Así como el ejemplo anterior la mayoría de estas trastadas tienen un motivo preciso: obtener algo con ellas o demostrar que pueden hacerla.

Una tercera parte de las picardías durante la infancia llega a ser minuciosamente planificada. Han cometido la trastada en ocasiones anteriores y saben el resultado que obtienen con ella: alcanzar su meta, irle a la contraria a sus padres, hacerlos reír, o sentirse bien sabiendo que lograron algo.

Mamá, quizás tu hijo no deba recibir un premio por las travesuras que hace, pero sí debes darles el valor que tienen, porque pueden significar el principio de la audacia, la valentía y el arrojo que mucho le servirá en el futuro. Las travesuras son lindas solo porque salen de las mentecitas de nuestros hijos y como tal, debemos amarlas.

Para finalizar te invitamos que compartas las diabluras más fascinantes de tus hijos y nos des la oportunidad de apreciarlas, así como tú lo haces.

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