La competitividad en el fútbol infantil

La competitividad en el fútbol infantil ha llegado a ser descarnada. Por ello, los psicólogos decidieron alertar a los padres y representantes acerca de los riesgos de alta competitividad en el fútbol infantil y cómo esto afecta el desarrollo social de los niños. 

Muchos padres les exigen a los niños demasiado, lo cual los hace más competitivos. Al ver que el niño demuestra talento para una actividad, le presionan para que dé lo mejor de sí cada vez más y más, sin importar cómo esto puede afectar su percepción de la actividad y de los compañeros con quienes la realiza.

La competitividad se ha vuelto insana, tanto así que los niños se enfrentan en los campos deportivos en lugar de disfrutar y compartir con sus compañeros del momento recreativo. Se toman demasiado en serio el hecho de intentar superarse y en su camino, buscan destruir a los otros y arrebatarles toda posibilidad de superación. En este sentido, actúan como si no hubiese igualdad de condiciones entre ellos.

Desde el punto de vista de los expertos, somos los padres los primeros responsables de que la competitividad insana haya aumentado entre los niños.

En los campos de fútbol infantil, los padres y/o representantes de los pequeños jugadores se enfrentan tanto (o más) que los competidores. Como consecuencia del enfrentamiento de los adultos a los niños se les exige más. A menudo se escuchan discusiones del tipo: “Mi hijo merece mucho más este puesto” o “Mi hijo tiene más talento que el tuyo”. Este tipo de aseveraciones tan comunes como inaceptables.

Injusticia y enfrentamiento en el futbol infantil

Cuando se trata de una competición sana, durante un encuentro deportivo, no hay cabida para los malos comportamientos y actitudes negativas. Cuando la actividad es exclusivamente recreativa, la diversión debería ser la garantía, no el ansia por destruir al compañero.

El deporte es diversión no competencia

Cuentan los árbitros, de diversas categorías infantiles en Madrid, que forma parte de su preparación la capacitación para recibir insultos. Sí, ahora los árbitros deben prepararse para gestionar los insultos de los jugadores… incluso los más pequeños, que pueden resultar igual de fieros que un adulto. 

El árbitro de fútbol infantil Marco González, afirma que no lo creyó al principio cuando se lo indicaron. Comenta que la preparación en esta categoría es muy básica, los niños apenas corren detrás de la pelota. No obstante, los padres de los pequeños ven otra cosa y les inculcan una visión mala del juego.

Los insultos no vienen de parte de los niños (quienes solo se divierten) son los padres quienes provocan el caos. Por alguna razón los progenitores creen que se está jugando el futuro de sus hijos durante estos entrenamientos. No solo insultan a los árbitros, también a otros padres y de vez en cuando a los niños. Amenazas, quejas y descontento están a la orden del día en estos encuentros.

”Lo más normal es que haya insultos, discusiones, amenazas, insultos al árbitro… Yo es algo que no puedo comprender. Creo que hay mucho padre frustrado”. comenta Paco Paz

El presidente del club Unión 2000 de Parla, Paco Paz, no pudo haberlo dicho mejor “Hay mucho padre frustrado”. Toda esa frustración que ponen de manifiesto en los alborotos que arman en los partidos, se la trasmiten a los pequeños. A los niños les perjudica que los adultos, como entradores, árbitros y padres se enfrenten por una competencia que quizá no les interesa.

El fenómeno Hooligan

¿Conoces el término hooligan? Se trata de una expresión anglosajona que define o indica lo siguiente: actitud violenta o destructiva que se realiza por la afición a un determinado equipo deportivo. En otras palabras, se trata de aficionados agresivos. En Argentina, al hooligan, se le denomina como ”hincha”.

Este tipo de conductas hacen que los niños pierdan los valores originales que transmite la actividad a su edad, los cuales son:

  • Empatía.
  • Esfuerzo.
  • Respeto.
  • Cooperación.
    • Responsabilidad (en niños pequeños, a nivel cognitivo, la responsabilidad se comienza a percibir lentamente en función de que ”si quiero que mi equipo gane, debo estar a tiempo en el campo de fútbol”.
  • Compañerismo y/o amistad.
  • Trabajo en equipo.

Cuando los niños observan que sus padres no respetan al árbitro o agreden a otros padres (así sea solo verbalmente), reciben un ejemplo poco adecuado e inevitablemente lo imitarán tarde o temprano. Evitemos trasmitir preocupaciones, tensiones y malas costumbres de adultos a los niños.

El deporte tiene muchos beneficios que no se miden en números, seamos responsables con la crianza y dejémosles disfrutar sanamente.

Es importante que los niños jueguen y disfruten en equipo

Las proyecciones de los adultos

Es totalmente inaceptable que los niños pequeños jueguen en función de sobrepasar al otro e impedir que disfruten del juego en general. A un niño pequeño (menor de 6 años de edad) NO se le deben contar los goles, los minutos jugados y otros datos que puedan dirigir su comportamiento a un enfoque malsano. A esta edad, lo indispensable es que aprendan a trabajar en equipo y disfruten de la actividad.

¿Qué debemos enseñarles? Cómo pasarle la pelota a un pequeño porque este tiene más oportunidad de ser el líder en goles, cómo evitar que lastimen a un compañero, cómo hacer que el equipo lo pase igualmente bien, aplaudir al equipo contrario cuando haga gol… En fin, actitudes que sumen y no que resten. 

Se supone que el deporte en estas edades tiene más beneficios que ser la estrella del equipo. Los pequeños deben divertirse, aprender a jugar en equipo, socializar y optimizar su desarrollo físico. No deberían competir por objetivos individuales (más importantes para los adultos que para ellos mismos). Cuando todos se divierten, todos logran ser estrellas porque todo fluye de mejor manera.

No todos los niños que compiten en estas categorías llegan a ser grandes estrellas, solo juegan para ser más sanos y felices. Ellos quizá no desean tomar el futbol como profesión, pero los padres frustrados pueden presionar demasiado. La competitividad insana ha llevado a los padres a sumar puntos en categorías de niños entre 4 y 5 años, donde se juega sin estadísticas.

Debemos evitar caer en hacer proyecciones en nuestros hijos, lo importante es ayudarlos a dar lo mejor de sí para que se diviertan, no para que vuelvan a casa furiosos, frustrados o deprimidos por haber perdido o por no haber conseguido lo que sus padres esperaban de él.

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